Opinión
Archivo (AgenciaUno)
Chile abandona el movimiento de países No Alineados
Este portazo a más de la mitad de las naciones de la tierra es un error inexplicable, que transgrede las mejores tradiciones de nuestra política exterior y muy pronto tendremos que lamentar.
El anuncio de la cancillería de que Chile se retira del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) ha sorprendido. Chile no solo integraba la entidad conformada por 120 países desde 1971, sino que asistía a actividades de este desde 1964, en que el gobierno de Jorge Alessandri envió a un representante como observador a la Conferencia Ministerial realizada en El Cairo.
La razón para esta intempestiva salida (la instrucción a las misiones fue “abandonar de manera completa e inmediata el Movimiento de Países No Alineados”) sería que se habría “creado en otro contexto global y no responde a los nuevos desafíos y a la nueva realidad actual”.
Han existido cambios en el orden global, pues la gran mayoría de las instituciones y entidades internacionales se crearon en otro contexto y les cuesta adaptarse, pero esta no es razón para abandonarlas, menos aún para un país como Chile, que depende tanto del entorno internacional para su progreso.
Fundado en 1961 en Belgrado, en plena Guerra Fría, por líderes de la envergadura de Jawaharlal Nehru, Gamal Abdel Nasser, Sukarno, Kwame Nkrumah y Josep Broz Tito, vivió su época de oro hasta 1991, año de la disolución de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Planteó una ambiciosa agenda para lo que entonces se llamaba el Tercer Mundo; es decir, los países de África, Asia y América Latina. Asimismo, llamó a no abanderizarse en el conflicto entre EE.UU. y la Unión Soviétiuca, exigió la creación de un Nuevo Orden Económico Internacional e impulsó la creación de la Unctad y el Grupo de los 77 en la ONU, que cuenta hasta hoy con 134 miembros.
Aunque el NOAL hoy tiene un bajo perfil, precisamente por tener una membresía muy numerosa y diversa, abandonarlo rompe con una larga tradición de política exterior de Chile de vincularse con la mayor cantidad de países posible. Chile no puede costear embajadas en los 193 países miembros de la ONU. Entidades como el NOAL hacen posible vincularse con muchos países de Africa y Asia en que nuestra presencia es mínima. En Africa subsahariana tenemos apenas dos embajadas, en un continente de 54 estados. En Asia Central, ninguna. En 2050, Africa tendrá 2.500 millones de habitantes, uno de cada cuatro habitantes del planeta. Y ese mismo año, siete de las economías top ten serán no occidentales.
Así, la ironía es que los cambios internacionales a que se refiere la Cancillería reflejan precisamente el auge del otrora Tercer Mundo, hoy Sur Global. Como señala un reciente informe de la Cepal, entre 1990 y 2024, la participación del G7 en el PIB mundial cayó de 45% al 30%, mientras que la de los Brics subió del 23% al 42%, y la del Sur Global se elevó del 42% al 61%. Y el G7, el grupo de los países más desarrollados representa solo un 10% de la población mundial, mientras que 80% está en la mayoría global de África, Asia y América Latina.
Si en 1970 el comercio Sur-Sur representaba un 20% del comercio total, hoy constituye más de un 50%. Lo mismo vale para los flujos de IED. Como si fuese poco, el no alineamiento como enfoque de política exterior ha tomado un nuevo ímpetu, impulsado por las guerras en Ucrania y en Gaza y el auge de los BRICS, ahora como no alineamiento activo.
El pretender que los países del sur no cuentan va en contra del propio anuncio de la Cancillería de querer diversificar nuestras relaciones exteriores. Es natural, entonces, ver esta decisión a la luz de otros anuncios recientes, como la posibilidad de que el Gobierno quiera integrar a Chile a iniciativas como el “Escudo de las Américas”, o la “Liga de la Paz”, creyendo erróneamente que con ello se puede obtener tratamiento de “aliado estratégico principal”.
Este portazo a más de la mitad de las naciones de la tierra es un error inexplicable, que transgrede las mejores tradiciones de nuestra política exterior y muy pronto lo tendremos que lamentar.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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