Bots, manipulación y democracia
Señor director:
El llamado caso Cerimedo reinstaló la sospecha de que cuentas coordinadas y presuntas granjas de bots habrían intervenido en el debate político chileno, no solo en época electoral sino de manera continua. Se trata de denuncias e investigaciones en curso y no de hechos acreditados, y corresponde a la justicia (que no al ruido público) establecer responsabilidades concretas, como instancias de acoso o amenazas, uso ilícito de datos personales, o financiamiento electoral irregular.
Una democracia supone una ciudadanía que delibera a partir de información que puede evaluar y discutir. Cuando el espacio público se llena de voces fabricadas, esa decisión se vuelve ficticia. Y cada nuevo escándalo profundiza la sospecha de que todo está manipulado, favoreciendo un clima donde prospera la indiferencia frente a la democracia y donde se da pie a su negación, y consecuentemente, al autoritarismo.
El peligro mayor, sin embargo, sería responder con el remedio equivocado. Los estándares interamericanos son claros: prohibir o criminalizar en general la “desinformación” resulta incompatible con la libertad de expresión y suele convertirse en herramienta de censura. Se hace necesario utilizar otras herramientas, como transparentar la publicidad electoral y el funcionamiento de las plataformas digitales, proteger de manera efectiva los datos personales frente al perfilamiento político, y fortalecer la alfabetización mediática e informativa, entre otras medidas. De partidos y autoridades también debemos esperar no menos que un directo repudio de agitadores y sus financistas.
Defender la libertad de expresión y enfrentar la manipulación no se oponen. Confundir ambas cosas, o usar el escándalo para restringir el disenso, empobrecería todavía más nuestra democracia.
J. Carlos Lara
Codirector Ejecutivo, Derechos Digitales