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Gradualidad, no experimentos

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Por: Lucas González


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Señor director: 

En 2022, dos tercios de Chile votaron “rechazo” al borrador de la nueva Constitución. Hoy, casi nadie recuerda con precisión qué fue lo que rechazó, pero todos seguimos viviendo sus efectos: las derechas experimentan gran rendimiento electoral desde hace cuatro años, mientras la identificación con la izquierda cae a mínimos históricos. La lección del “4S” es que el país quiere gradualidad, no experimentos. No es solo intuición: la ciencia política lo llama “incrementalismo”: avanzar de a poco en vez de saltar al vacío.

Pero esa lección tiene una trampa: repetir el debate del plebiscito con los mismos argumentos de entonces. Los ánimos políticos caducan rápido —así de efímeros fueron el entusiasmo por el Apruebo en el primer proceso y el rechazo mayoritario en el segundo—, por lo que lo relevante es extraer lecciones para el ciclo actual, sin olvidar que ese gradualismo también lo empuja el voto obligatorio, no solo la convicción ciudadana.

Los procesos constituyentes pecaron de maximalistas, en especial la propuesta plurinacional, de democracia plebiscitaria y justicia paralela, nociones que en su momento parecieron peligrosamente tangibles. El péndulo se movió en 2022, pero que ese desplazamiento se proyecte en el mediano plazo —o que retroceda hacia alguna expresión de las izquierdas o populismos irresponsables— depende del éxito del gobierno actual. 

Ese mismo instinto lo capturó Konrad Adenauer en la Alemania de 1957: “Keine Experimente”, “Nada de experimentos”, el eslogan con que su CDU ganó la única mayoría absoluta de la posguerra, leyendo a una sociedad con hambre de progreso, pero no de saltos al vacío.

Lo anterior no es un llamado a la parálisis, sino a atender con las reformas necesarias las prioridades genuinas: crecimiento, seguridad y un Estado más eficiente. Todo, para sacar al país de una década de estancamiento, sin asumir que hay apetito para cheques en blanco.

En definitiva, la lección del ciclo 2019-2022 no es una invitación a la inacción, sino un mandato: gobernar con la prudencia de quien sabe que el país no quiere saltos al vacío, pero con la ambición de quien entiende que la paciencia ciudadana también tiene un límite. 

 

Lucas González
Investigador Instituto Libertad

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