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Rodeo y tradición

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Por: Álvaro Muñoz Ferrer


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Señor Director:

El argumento central de quienes defienden el rodeo es su carácter tradicional. Es decir, dado que se trata de una tradición, entonces merece ser preservada. Esta idea tiene al menos dos problemas. El primero es el más evidente: no toda costumbre es moralmente aceptable. Para entenderlo, basta recordar que, durante siglos, la esclavitud fue justificada como una tradición cultural que nadie aprobaría hoy.

El segundo es que el argumento de la tradición excluye el sufrimiento animal como elemento de decisión. Al respecto, existen dos posiciones morales muy diferentes que podrían ser útiles para el debate. En primer lugar, desde una perspectiva utilitarista, Peter Singer señala que la capacidad de experimentar dolor, independientemente de la especie, debe ser tenida en cuenta directamente en una decisión moral. Así, siguiendo a Singer, el rodeo solo se justificaría si el beneficio humano obtenido de su práctica compensa el sufrimiento animal que genera. Ese balance parece muy difícil de sostener.

En segundo lugar, desde una mirada kantiana, el sufrimiento animal no fundamenta por sí mismo un deber directo hacia los animales, pero sí un deber indirecto en el siguiente sentido: la crueldad animal es reprochable porque corrompe la disposición moral del ser humano. En otras palabras, nuestra indiferencia ante el sufrimiento de otras especies atenta contra nuestra capacidad de ser agentes morales rectos.

Ya sea como fruto de un cálculo utilitario o como un deber moral indirecto, parece que la defensa del rodeo en base a su carácter tradicional es éticamente insuficiente.

Álvaro Muñoz Ferrer

Doctor en Filosofía

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