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Acuerdos duraderos

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Por: Tomás Garrido Ríos


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Señor director:

Negociar no significa renunciar a las convicciones, sino entender que en democracia nadie tiene toda la razón ni toda la mayoría. Sin perjuicio de ello, nos hemos ido acostumbrando a una política en virtud de la cual las mayorías circunstanciales buscan imponer su proyecto, como si negociar fuera sinónimo de ceder o renunciar a las propias certezas.

En ese contexto, se vuelve interesante la propuesta de Tomás Vodanovic y Jaime Bellolio de lograr acuerdos nacionales que trasciendan a los gobiernos de turno. Hay desafíos — como la seguridad o las pensiones—  que ningún gobierno puede resolver en cuatro años y que exigen políticas capaces de sostenerse más allá de un periodo presidencial.

De esta forma, negociar no significa pensar igual ni abandonar las propias ideas. Implica reconocer la legitimidad de quien piensa distinto y entender que, en democracia, ninguna mayoría es permanente. Los acuerdos serios y transparentes son precisamente los que permiten que una política pública sobreviva a quienes la impulsaron.

Así, una democracia no se construye eliminando las diferencias, sino siendo capaz de procesarlas y transformarlas en acuerdos duraderos. 

 

Tomás Garrido Ríos

Juventud Renovación Nacional

Instituto Libertad

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