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Qué va a pasar -y qué no- con la reforma al sistema político

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Por: Lucas González Acuña


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Señor director:

Esta semana se aprobó la reforma política más importante desde 2016: un proyecto de ley que busca fortalecer a los partidos y corregir problemas como la proliferación de conglomerados con escasa representatividad, el abuso del financiamiento público, la falta de disciplina parlamentaria y el excesivo número de candidaturas independientes, entre otros.

La aplicación de la norma será inmediata y, por lo tanto, cabe describir lo que les sucederá a los quince partidos políticos existentes hoy en el país.

Con la nueva ley, los nuevos partidos políticos ya no podrán constituirse sólo reuniendo firmas en tres regiones contiguas, lo  que permitía formar un partido con un número exiguo de militantes. Ahora se necesitarán al menos ocho regiones y un 0,3% del padrón (equivalente a 47 mil firmas). Así, los futuros partidos tendrán que demostrar capacidad real de movilización, como el PNL en 2025.

En los próximos seis meses, todas las colectividades deberán adecuar sus declaraciones de principios para condenar los totalitarismos y el uso de la violencia. Habrá partidos, como el Partido Comunista, que deberán conciliar aquello con su constante relativización de estas materias.

La norma indica que en un plazo de dieciocho meses, catorce de los quince partidos deberán reunir un mínimo de militantes en cada región donde están constituidos o bien, enfrentar su disolución. Según análisis realizados por el Instituto Libertad, solo RN, el PDG, el PS, el FA y el PNL cumplen hoy con esos mínimos. Otras tiendas enfrentan déficits de hasta nueve mil militantes. El Partido Cristiano de Chile, además, deberá además constituirse en cinco regiones más.

El próximo año, los partidos que quieran recibir financiamiento público trimestral deberán tener representación parlamentaria. Y si un congresista se cambia de partido, no se llevará ese financiamiento consigo mismo. 

La ley también establece que, a partir de marzo de 2027, el Senado y la Cámara de Diputados tendrán que adecuar sus reglamentos a la nueva realidad que formaliza la figura de los Comités Parlamentarios y le da mayores atribuciones a los jefes de comité. El incumplimiento desacuerdos internos tendrá sanción.

En las elecciones municipales de 2028 y las parlamentarias de 2029, los candidatos independientes deberán juntar más firmas para competir y los partidos no podrán llevar más de un 50% de candidatos independientes en sus listas. 

Esta no es la única reforma que el sistema político necesita. Otro desafío corresponde a reducir el tamaño del Congreso; impulsar más distritos de menor magnitud; castigar el transfuguismo y establecer umbrales, entre otros. Pero debe celebrarse que una reforma de estas características logre ser aprobada por una amplia mayoría. 

 

Ante el riesgo de que la ciudadanía perciba esta discusión como un tema de élite, quienes estamos en la política debemos explicar lo siguiente: que las reglas actuales del sistema dificultan encontrar soluciones a muchos problemas. 

Esta reforma es un gran primer paso para empezar a ordenar el sistema.

Ahora nos toca explicarla y defenderla.

Lucas González Acuña
Investigador, Instituto Libertad

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