Infraestructura escolar y presupuesto
Señor Director:
Los temporales han obligado nuevamente a suspender clases en distintas zonas del país, en algunos casos por seguridad y movilidad, pero en otros por el estado de la infraestructura escolar. En muchos establecimientos se han repetido techumbres dañadas, filtraciones, patios anegados, sistemas eléctricos y de calefacción colapsados y baños que dejan de funcionar. No es un efecto del clima, sino la exposición de un deterioro que el país conoce y no ha querido enfrentar.
Según datos preliminares del Mineduc sistematizados por CEDEUS, el nuevo catastro de infraestructura escolar, con casi la mitad del levantamiento realizado, muestra un deterioro promedio de 22,1%, levemente superior al del catastro de 2012-2013, y un 12% de establecimientos en rango crítico. En más de una década no hemos logrado siquiera compensar el desgaste.
El proyecto del Presupuesto 2027 reduce en casi 20% los recursos para mejorar la infraestructura de la educación pública. La decisión contradice la Estrategia Nacional de Educación Pública, que establece planes plurianuales y mantención preventiva, y llega justo cuando el Estado contará por fin con un diagnóstico completo.
La calidad de la educación se juega en la experiencia cotidiana de estudiantes y docentes, y nadie aprende ni enseña bien en salas húmedas y frías o sin baños en funcionamiento. Una política plurianual de infraestructura, que incluya también a la educación particular subvencionada, sería además inversión productiva y empleo en todo el país.
Gonzalo Muñoz,
Facultad de Educación Universidad Diego Portales