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Suspender clases también exige planificar el regreso

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Por: Tatiana Arce Castillo y Felipe Coloma


Señor Director:

Los sistemas frontales que han afectado al país nos recuerdan que proteger a las comunidades educativas exige, en ocasiones, suspender las clases. Esa decisión debe ir acompañada de otra responsabilidad: resguardar la continuidad de las trayectorias formativas de los estudiantes.

El contexto exige atención. Según un análisis de Acción Educar sobre registros del Mineduc, entre marzo y junio de 2026 la asistencia escolar alcanzó un 89,2%, todavía por debajo del 91,2% registrado en igual período de 2018. Además, cerca de 690 mil estudiantes asistieron a menos del 85% de las jornadas. Estas cifras no sólo son atribuibles a las lluvias, pero evidencian la necesidad de evitar que las interrupciones profundicen el ausentismo escolar, una problemática que desde el fin de la pandemia desafía a nuestro sistema educativo.

Una suspensión imprevista altera la secuencia de aprendizaje y las rutinas que sostienen el vínculo con el establecimiento. En la Enseñanza Media Técnico-Profesional (EMTP), además, obliga a reorganizar experiencias en talleres y laboratorios que requieren equipamiento, supervisión y tiempo de práctica. Su recuperación necesita planificación pedagógica.

Por ello, cada suspensión debiera activar un plan de continuidad y retorno: comunicación oportuna con las familias, alternativas accesibles de apoyo, reorganización de actividades prácticas y seguimiento de quienes no regresan cuando se retoman las clases.

La seguridad de las comunidades debe orientar cada decisión. Esa misma preocupación debe extenderse al regreso: que una emergencia temporal no termine convirtiéndose en una distancia permanente entre un joven y su educación.

Tatiana Arce Castillo
Directora de Educación
Fundación Educacional Comeduc

Felipe Coloma
Director de Formación CILED – UDD

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