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Palermo está más cerca de lo que creemos

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Por: Rodrigo Ramírez Pino


Señor Director:

Hace pocos días, en los Bosques de Palermo, en Buenos Aires, un grupo de jóvenes salió de noche a golpear con palos y piedras a mujeres trans. Después subió los videos a las redes, entre risas, como quien muestra un trofeo. Es difícil creer que a nuestros años íbamos a vivir en una sociedad donde seres humanos tengan que pedir permiso para existir.

Lo que ocurrió tras la cordillera no está tan lejos. Según el informe anual del Movilh, publicado en marzo de 2026, Chile registró 3.620 casos de discriminación por orientación sexual o identidad de género durante 2025. Es un 27% más que el año anterior y la cifra más alta en 24 años. Las personas trans son las más afectadas, con casi el 40% de los casos, y los abusos contra ellas subieron cerca de un 27%. 

Durante años creímos que como sociedad habíamos llegado a ciertos acuerdos básicos, que la dignidad no se negocia, que la diferencia no es una amenaza y que la inclusión y la solidaridad eran un piso común, no una moda pasajera. Lo de Palermo y lo que pasa en nuestras ciudades muestra lo frágil que es ese piso. Cuando la crueldad se vuelve contenido, la discriminación se transforma en espectáculo y el odio se presenta como una conducta normalizada, lo que viene después ya no debería sorprendernos. Es un retroceso civilizatorio que se construye de a poco, a fuerza de naturalizar lo intolerable, lo inaceptable.

La inseguridad que hoy sentimos en nuestras ciudades tiene muchas caras, pero pocas son tan brutales como la de quien sabe que puede ser atacado solo por ser quien es. Las personas trans viven esa inseguridad desde siempre. Las echan de sus casas, de los colegios y de los trabajos, muchas veces terminan en la calle no como opción, sino como el único espacio para poder sobrevivir. Poder caminar por la vereda sin miedo a que te maten es el mínimo que una sociedad debe garantizar. Si ni siquiera eso podemos asegurar, algo profundo se nos está quebrando.

No basta con el repudio de un día. Necesitamos que la justicia actúe, que los Estados protejan, que las plataformas digitales dejen de premiar la crueldad con mayor visibilidad. Una sociedad no se mide por cómo trata a los poderosos, sino por cómo cuida a quienes están más expuestos. Hoy, frente a lo ocurrido en Palermo, en esa medida seguimos muy al debe.

Rodrigo Ramírez Pino

Académico e investigador FLACSO

Ex subsecretario

 

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