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Bukele, Haití y el Escudo de las Américas Opinión Crédito foto: X de Nayib Bukele

Bukele, Haití y el Escudo de las Américas

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Gabriel Gaspar
Por : Gabriel Gaspar Cientista político, exembajador de Chile y exsubsecretario de Defensa, FFAA y Guerra.
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Si el presidente Bukele logra recuperar a sus soldados, indudablemente obtendrá una gran victoria nacional e internacional.


El 18 de octubre pasado, en los alrededores de Puerto Príncipe, cuatro soldados salvadoreños integrantes de la Fuerza de Lucha contra las Pandillas fueron capturados por irregulares pertenecientes a estas bandas criminales.

Recordemos que Haití vive una crítica situación de seguridad interior, dada la proliferación de grupos armados que controlan con mano sanguinaria vastos sectores del país, en especial la capital, donde sólo una pequeña parte está bajo el control gubernamental.

Luego del fin de la misión de paz bajo el mando de las Naciones Unidas, Minustah, en la cual participaron durante más de una década fuerzas chilenas, brasileñas, argentinas, peruanas y ecuatorianas, entre otras, Haití no ha logrado construir una fórmula política que garantice su estabilidad, su desarrollo institucional y su desenvolvimiento económico. Es un gran tema de crítica y autocrítica para el multilateralismo, incluido el de América Latina. Un punto de grave inflexión fue el asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021. El asesinato fue ejecutado por mercenarios colombianos contratados por una empresa de seguridad con sede en Miami. Se abrió así un periodo aún más complicado en la deteriorada nación caribeña.

En los últimos tiempos, el gobierno haitiano y las Naciones Unidas han intentado la formación de diversas misiones para mantener el orden interior, pero ninguna logró consolidarse. A fines de septiembre del presente año, se acordó, con el apoyo de la ONU, la creación de una Fuerza de Represión de las Pandillas (GSF), integrada por tropas de diversos países. Esta fuerza quedó al mando del general mongol Erdenebat Batsuuri y está en pleno despliegue, aunque a la fecha sólo dispone de poco más de un millar de soldados y policías de El Salvador, Chad, Jamaica, Sri Lanka, Guatemala y Mongolia. La planificación contempla 5.000 efectivos. De ella forman parte los cuatro soldados salvadoreños secuestrados.

La reacción de Bukele

El gobierno de El Salvador reaccionó con rapidez. Llegó prontamente a un acuerdo con el primer ministro interino de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, que permite el ingreso de tropas salvadoreñas para la búsqueda de sus camaradas de armas. El despliegue no es menor: a la fecha se calcula en alrededor de 2.000 soldados, un escuadrón de helicópteros, vehículos y material de apoyo. República Dominicana se ha puesto a disposición y sirve de base logística, por la que han pasado cientos de toneladas de material. Colombia, por su parte, ha puesto al servicio de El Salvador aviones de transporte que han facilitado este despliegue.

En cuanto a los objetivos de la misión, el presidente Bukele ha sido enfático en señalar que se trata del rescate de los cuatro secuestrados y que no es una invasión. Promete que, en caso de que sean entregados, retirará sus tropas esa misma tarde. Literalmente, Bukele dijo: “Quiero que ustedes, jefes de pandillas, entiendan algo muy claramente: el ataque de hoy no es nada comparado con lo que está por venir si no liberan a los cuatro rehenes vivos. Ya hemos terminado con las pandillas de El Salvador y podemos terminar también con las de ustedes”.

Diversos analistas señalan lo compleja que es la misión: a diferencia de la operación contra las maras de su país, esta vez las tropas salvadoreñas operan en un territorio ajeno, donde la población habla un criollo haitiano que obligará a reclutar un intérprete confiable en cada patrulla. Las bandas haitianas poseen mejor armamento que las maras salvatruchas. En su país, las tropas salvadoreñas disponían de buena inteligencia técnica y humana; esta última es muy difícil en el Haití de hoy. En El Salvador, los “mareros” eran fácilmente identificables por sus tatuajes; las pandillas haitianas se confunden fácilmente con la población. Agreguemos que, en la operación salvadoreña, las fuerzas estatales usaron magistralmente la sorpresa y, en un golpe de pocos días, desarticularon plenamente a las mafias. Las bandas haitianas han sido advertidas desde hace días del eventual ataque salvadoreño.

Resumiendo: los desafíos de esta misión son enormes y los riesgos, altos. Pero el mando político y militar salvadoreño ha fijado claramente su objetivo: el rescate de los cuatro soldados. Si la operación fuese rápida, podría adoptar la forma de una incursión.

Otra cosa es cuál será el escenario de Haití después de que concluya la operación. Es evidente que estamos ante un colapso institucional que se prolonga desde hace años. Parte importante de la explicación estará en la gestión de la flamante GSF y de su conductor, el general Batsuuri.

¿Y el Escudo de las Américas?

El Escudo fue creado el 7 de marzo del presente año, y su brazo operativo, el A3C -coordinado por el Comando Sur de los EE. UU., al mando del general Donovan-, ya lleva dos reuniones a nivel de ministros de los 19 países que se han adherido a esta iniciativa.

Como es conocido, el motivo fundamental de la creación del Escudo es la lucha contra los cárteles de la droga y el delito organizado en nuestra región. Se trataría de incrementar la cooperación en la lucha contra estas mafias compartiendo inteligencia, organizando operaciones combinadas, intercambiando experiencias, etc. Es decir, la crisis haitiana entra de lleno en esta problemática.

Llama la atención que, a la fecha, las autoridades coordinadoras del Escudo no se hayan referido a esta crisis. Es más, en la reunión del A3C efectuada en Panamá a mediados de año, el comunicado final identificó a las 24 organizaciones que serían blanco de esta operación. Curiosamente, sólo una de las bandas haitianas -“Gran Grif”- figura en ese listado; huelga decir que estas manejan buena parte del narcotráfico que llega a los EE. UU., en especial a Florida, así como la trata de personas y la inmigración ilegal.

Pocos días atrás, el presidente Bukele conversó con el presidente Trump sobre esta situación. El mandatario estadounidense señaló que habían hablado y agregó que El Salvador no necesitaba apoyo, que “estaba en forma”.

Si el presidente Bukele logra recuperar a sus soldados, indudablemente obtendrá una gran victoria nacional e internacional. De paso, pondría al Escudo en la necesidad de dar explicaciones, porque, para la primera gran operación contra el delito organizado en el hemisferio, su coordinación habría estado ausente.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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