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Yo, Jacqueline: el quiebre prematuro de la agenda valórica en el oficialismo

por 2 abril, 2018

Yo, Jacqueline: el quiebre prematuro de la agenda valórica en el oficialismo
Aunque varios analistas han pronosticado que la luna de miel entre Gobierno y oposición será muy corta, nadie imaginó, en la derecha, que el romance interno se vería afectado tan rápido. Por supuesto, no tenían en los cálculos que Chile ganaría el primer Oscar como película extranjera y, menos, que Jacqueline Van Rysselberghe volvería de sus vacaciones –se tomó las dos primeras semanas de funcionamiento del Senado– recargada y embistiendo a sus aliados. Y, claro, en La Moneda aún estarán pensando cómo controlar la primera amenaza de ser llevados al Tribunal Constitucional.
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Recién entrando a la segunda semana de gestión del Presidente, y justo cuando empezaban a aparecer las primeras críticas desde la oposición, por la inconsistencia de invitar a construir acuerdos y al mismo tiempo presentar proyectos en versión final –como el combate a la violencia en La Araucanía–, explotó una bomba de racimo dentro de la propia coalición gobernante. El uso del concepto “racimo” no es casual. Las implicancias para La Moneda y Chile Vamos pueden ser importantes y amenazan con afectar la disciplina mostrada por el conglomerado de derecha en el período previo a que asumiera Sebastián Piñera.

Recordemos que la campaña presidencial nos mostró, en la primera vuelta, a una derecha con diferencias de fondo en temas como gestión de la delincuencia, gratuidad, conflicto en La Araucanía y otros. Sin embargo, en el balotaje se produjo un alineamiento en torno a un programa, el cual consideró unas pocas ideas de los Kast y Ossandón. ¿Qué quedó fuera de la nueva oferta que se hizo a los electores? Por supuesto, la llamada agenda valórica, un flanco que Piñera y su entorno sabían que generaría divisiones internas entre los partidos que lo respaldaban, pero, además, podría ahuyentar a un sector de la ciudadanía dispuesto a cruzar la frontera –gente que había apoyado antes a la ex Nueva Mayoría–, pero cuya visión del mundo es más progresista y liberal que la de la derecha chilena.

De lo contrario, el Mandatario no habría superado el techo del 40% que tiene ese sector. Esos electores están dentro del cerca de 70% de la población que en su momento estuvo a favor de la ley de divorcio o el aborto en tres causales y, hoy, avala el matrimonio homosexual o el cambio de identidad de un(a) transexual. De seguro, en ese momento, Sebastián Piñera le temía más a la asociación que un sector podía hacer de la influencia potencial de José Antonio Kast en su campaña –predicando al estilo Le Pen– que a Alejandro Guillier.

De la mano de Jacqueline Van Rysselberghe, la UDI hizo sentir su rechazo y molestia por el proyecto, amenazando con llevar al Tribunal Constitucional al propio Gobierno al que pertenecen, en caso que este introdujera indicaciones. La senadora argumentó que la iniciativa no estaba en el programa aprobado por los partidos y que, además, ella contaba con datos que le permitían concluir que casi un 90% de las disforias de género que se producen en la niñez se resuelven “espontáneamente” después de la adolescencia. No sé si JVR hablaba como parlamentaria o como médico. Y remató con una frase que debe haber enardecido hasta a sus propios hijos: “¿Tú crees que a los 16 o 17 años saben exactamente lo que están haciendo? Yo creo que no, que son cada vez más inmaduros”. Como siempre, Jacqueline y su pensamiento hablado.

Pero el Presidente no contaba con el factor Daniela Vega. Pasada la euforia inicial, que implicó que el Gobierno anterior le pusiera suma urgencia al proyecto de Identidad de Género, y todos los sectores –incluido Chile Vamos– respaldaran la iniciativa, comenzó el fuego cruzado entre conservadores y liberales.

De la mano de Jacqueline Van Rysselberghe, la UDI hizo sentir su rechazo y molestia por el proyecto, amenazando con llevar al Tribunal Constitucional al propio Gobierno al que pertenecen, en caso que este introdujera indicaciones. La senadora argumentó que la iniciativa no estaba en el programa aprobado por los partidos y que, además, ella contaba con datos que le permitían concluir que casi un 90% de las disforias de género que se producen en la niñez se resuelven “espontáneamente” después de la adolescencia. No sé si JVR hablaba como parlamentaria o como médico. Y remató con una frase que debe haber enardecido hasta a sus propios hijos: “¿Tú crees que a los 16 o 17 años saben exactamente lo que están haciendo? Yo creo que no, que son cada vez más inmaduros”. Como siempre, Jacqueline y su pensamiento hablado.

Y vendría el contraataque de Evópoli. Este partido se ha convertido en la vedette de una derecha liberal, que en algunos ámbitos supera a un desdibujado PPD –que está buscando su identidad, bajo la curiosa pregunta “¿dónde nos ubicamos en el espectro político?”– y una confusa Democracia Cristiana en que la palabra crisis ya ni siquiera parece molestarles. Su think tank, Horizontal, presentó un documento en que se muestran a favor del cambio registral de menores, enfatizando que su posición se basa en una firme convicción, estando lejos de ser parte de una “moda”, en directa alusión al oportunismo de algunos de su sector que aplaudieron a la actriz del Oscar y se mostraron comprensivos con la temática que aborda el filme, y que luego ariscaron la nariz al momento de revisar el proyecto de ley. Pero no fueron los únicos que tienen una posición distante a Van Rysselbherge, el también UDI, Jaime Bellolio, demostró que en el gremialismo existe una corriente que quiere disputarle el liderazgo al ala más conservadora.

En el Gobierno, por su parte, han tratado de poner paños fríos en la disputa, saben que si este roce cambia de tono repercutirá en las relaciones y alianzas que debe tener Chile Vamos, considerando que no tienen mayoría en ninguna de las dos cámaras. Cualquier cruce de fronteras, para ambos lados, definirá muchos de los proyectos legislativos durante estos cuatro años.

El ministro Hernán Larraín salió al paso señalando que La Moneda no quiere generar conflictos en la coalición, anunciando un poco convincente relato: estarían elaborando un borrador que busca dejar tranquilos a los dos bandos. Este es un problema no previsto, que irrumpió en una agenda cuidadosamente planificada para el primer tramo del Gobierno. Para el ex senador, la situación es incómoda. Una mujer fantástica, producida por sus hijos, logró instalar una discusión pública que visibilizó un drama que viven muchas familias producto de la falta de información, ignorancia y escasa tolerancia. Ese es el mérito del cine a nivel mundial en estos tiempos, códigos que representan los nuevos temas y cambios de la sociedad, y que algunos partidos y dirigentes parecen no querer comprender.



Es un hecho que Manuel José Ossandón y José Antonio Kast se alinearán con la posición liderada por la presidenta de la UDI. En Renovación Nacional no existe una postura común, sin embargo, es probable que la balanza se incline hacia los más liberales de la colectividad. Pero de fondo, está que la UDI aún no se resigna a perder el rol protagónico que tuvo en el primer mandato de Piñera. Hoy la realidad es distinta, ya no es el partido hegemónico, ni la colectividad más votada y, pese a eso, su presidenta sigue insistiendo en imponer su agenda, en hablar golpeado y con un tono de amenaza, claro que esta vez no apunta hacia sus adversarios políticos, sino a doblarles la mano a sus socios.

Aunque varios analistas han pronosticado que la luna de miel entre Gobierno y oposición será muy corta, nadie imaginó, en la derecha, que el romance interno se vería afectado tan rápido. Por supuesto, no tenían en los cálculos que Chile ganaría el primer Oscar como película extranjera y, menos, que Jacqueline Van Rysselberghe volvería de sus vacaciones –se tomó las dos primeras semanas de funcionamiento del Senado– recargada y embistiendo a sus aliados. Y, claro, en La Moneda aún estarán pensando cómo controlar la primera amenaza de ser llevados al Tribunal Constitucional. Las vueltas de la vida.

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