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G-7 Amarrete Opinión

G-7 Amarrete

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Héctor Casanueva
Por : Héctor Casanueva Profesor e Investigador del IELAT, Universidad de Alcalá. Ex embajador de Chile en Ginebra ante la OMC y organismos económicos multilaterales y en Montevideo ante la ALADI y el MERCOSUR.
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En la reciente cumbre del Grupo de los 7 (G-7) realizada en Cornualles, Inglaterra, integrado por Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá, uno de los anuncios estrella fue la donación al 2022, de 1.000 millones de dosis de vacunas a los países más pobres, para combatir la pandemia del COVID-19.

Pero vayamos viendo: según la OMS, se necesitan 11.000 millones de dosis para una vacunación completa del 60% de la población mundial, y así se podría lograr la inmunidad de grupo, aun cuando hay especialistas que insisten en que esa inmunidad de grupo no es suficiente, y habría que vacunar al 100% de la población mundial (7.900 millones de personas), o sea, se requerirían entre 12.000 y 16.000 millones de dosis, si se cuentan las de una dosis y las de dos. Los países “pobres”, llamados también “menos desarrollados (Least Developed Countries, LDC)” en una denominación más políticamente correcta, según las Naciones Unidas son 47, que suman un total de mil cien millones de habitantes. De manera que los 1.000 millones de dosis del G7, en el mejor de los casos, alcanzarían sólo para entre un 70% y un 80% de la población de los LDC, beneficiarios de la filantropía sanitaria del grupo, según qué vacunas se apliquen, probablemente en algunos casos de una dosis y en otros de dos. La donación del G7 no llega a países en vías de desarrollo o de economías intermedias, como son los de América Latina y el Caribe (excepto Haití, que es uno de los LDC).

Luego, hay que ver el gesto desde la perspectiva crematística: teniendo en cuenta que el G7 no va a financiar las vacunas chinas ni rusas, el costo de cada dosis de las vacunas occidentales, según la información disponible, oscila, en cifras redondas, entre los US.3 de la Aztrazeneca (Reino Unido) y los US.22 de la Moderna (Estados Unidos). En medio están la Janssen (Estados Unidos, US.9.5) y la Pfizer-Biontech (Estados Unidos-Alemania US.18.4). Podemos calcular que la donación de 1.000 millones de dosis, haciendo una combinación de vacunas de una y dos dosis, porque se ha dicho que las vacunas de una sola inoculación serían destinadas sobre todo a los países africanos, por las dificultades de acceso a la población y de conservación, y las de dos dosis a los LDC de otras latitudes, lo más probable es que se decidan por la de una dosis y las más baratas y fáciles de conservar. El costo que tendría para el G7 esta donación, sería aproximadamente de 9.500 millones de dólares. Un esfuerzo de un grupo de países que cuentan con menos del 10% de la población mundial, suman el 58% de la riqueza neta global y casi un 50% del producto interior bruto del mundo, o sea, unos 44 mil billones de dólares (US.44.000.000.000.000.000).

Podemos agregar algo que sirve también para valorar debidamente esta importante decisión del G7. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), aproximadamente el 56% de las exportaciones mundiales de armas se originan en países del G7, que representan asimismo la mitad del gasto militar total, es decir, 908.000 millones de dólares.

Resumiendo, para el G7 el costo de esta donación equivale solo al 1,04 % de su gasto militar, y al 0,000022% de su PIB anual. Cabe la pregunta de si podrían hacer mucho más, y no ser tan amarretes, teniendo recursos y gastos de cifras con tantos ceros a la derecha. Hace tiempo que sabemos que es más fácil financiar la guerra y el sobre consumo, que financiar la paz y la sanidad global. No deja de ser irritante, además, la parafernalia con que se adorna la decisión filantrópica del G7, con un gran despliegue mediático y caras de profundo compromiso y satisfacción. Pero no hay que ser mal agradecidos, es un gesto. Ah! Y no olvidemos que este desprendimiento es para el 2022. No falta mucho, los pobres saben esperar.

 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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