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Anomia internacional y reactivación de la carrera nuclear Opinión Archivo

Anomia internacional y reactivación de la carrera nuclear

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Mladen Yopo
Por : Mladen Yopo Doctor de Ciencia Política Universidad de Leiden y Magister en Estudios Internacional de la Universidad de Chile. Miembro de los grupos académicos de análisis de Defensa y Fuerzas Armadas (GADFA) y del de Política Exterior (GASPE). Investigador Universidad SEK-Chile
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Algunos analistas sostienen que esta situación ha debilitado la confianza en la disuasión lograda a través de los tratados, junto con incentivar a países no nucleares a desarrollar sus propios programas para equilibrar el poder estratégico.


En medio de un desorden creciente del escenario mundial, uno potenciado por el ascenso de liderazgos autoritario-populistas en los principales países (especialmente, el del presidente Trump en EE.UU. y su diplomacia de la cañonera), se han dinamizado las incertidumbres estratégicas y las desconfianzas entre diversos actores, con repercusiones negativas crecientes en las estructuras de seguridad (especialmente, del Consejo de Seguridad de la ONU) para dirimir en los viejos y nuevos conflictos.

El resultado natural de esta debilidad para responder a esta anomia ha sido un dinamización de la carrera armamentista, buscando fortalecer el poder duro (militar) en función de una cierta autonomía estratégica, como lo constata la empresa Janes, al anunciar que este año habrá un crecimiento global del gasto armamentista de alrededor de 3,6%, (unos US$ 88.4 mil millones), llegando a un total estimado de US$ 2.56 billones (otras estiman que se acercará a los US$ 3 billones). Ya el 2024, el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) alertó de un crecimiento del gasto militar de un 9,4% respecto del 2023.

Sin embargo, las repuestas a esta incertidumbre no se han quedado solo en el desarrollo de una carrera armamentista tradicional, sino que han servido como pretexto para gatillar una reevaluación de las políticas nucleares, con la agravante de la presencia en las potencias de liderazgos populistas-negacionistas-transaccionales, que tiene menos consciencia y responsabilidad sobre los efectos de un escalamiento de los conflictos.

En esta línea, por ejemplo, el presidente Trump ordenó reanudar las pruebas del arsenal nuclear para igualar las condiciones con sus adversarios estratégicos, después de que Rusia realizara maniobras de sus fuerzas nucleares. La última prueba nuclear de EE.UU., un ensayo subterráneo, fue en 1992, año en el que el presidente George Bush padre anunció una moratoria en pruebas nucleares subterráneas.

Desde entonces, Estados Unidos se ha limitado al desarrollo de misiles balísticos con capacidad para cargar ojivas nucleares y a los sistemas de defensa (ahí están los ejercicios anuales de Global Thunder del Comando Estratégico de EE.UU. para probar la defensa ante un ataque nuclear).

Trump justificó esta orden con el objetivo de conseguir la “desnuclearización” e incluir a China en las negociaciones con Rusia. El tratado de no proliferación entre EE.UU. y Rusia (New START) vence en febrero de 2026 y, si bien Putin propuso prorrogarlo por un año, no hay una vía clara para reemplazarlo.

En todo caso, Moscú se salió de los compromisos de verificación y monitoreo el 2023 y desde entonces ha dicho que respetará las normas del acuerdo de manera voluntaria, siempre que EE.UU. también lo haga (se ha limitado a probar sistemas de transporte de armas nucleares, no las bombas atómicas en sí).

En el caso de China, su última prueba nuclear fue en 1996 y, a pesar de haber firmado y ratificado el Tratado de No Proliferación en 1992, el Pentágono y el SIPRI indican que el gigante asiático está expandiendo rápidamente su arsenal nuclear, con más silos de misiles y ojivas (600 activas), lo que ha generado preocupación sobre su compromiso con el “desarme gradual” que el TNP busca. China argumenta que su “arsenal nuclear es mucho más pequeño que el de EE.UU. o Rusia (5.177 y 5.459 cabezas, respectivamente), por lo que no corresponde que se le someta a las mismas limitaciones”.

Corea del Norte, otro miembro de este selecto club nuclear y que se ha convertido en una especie de paradigma disuasivo del poder asimétrico con su arsenal, ha planteado que sus armas nucleares (50 ojivas que fácilmente podrían llegar a 90) son esenciales para su supervivencia frente a lo que considera las amenazas de EE.UU. y sus aliados en Asia, por lo que continúa desarrollando misiles balísticos ICBM (Intercontinental Balistic Misil) capaces de llegar a Estados Unidos y sus aliados.

Esto, unido a la amenaza de Trump de “retiro” del paraguas nuclear a Europa, ha intensificado los debates en Japón (una potencia nuclear latente, al tener los medios para su producción) y en Corea del Sur sobre el desarrollo nuclear y la defensa contra China, Corea del Norte y Rusia. Cabe indicar que en Corea del Sur, tanto en 2023 y 2024, el presidente Yoon Suk-yeol dijo que podrían desarrollar su propia bomba.

En los casos de India y Pakistán, potencias regionales de este club y en pugna, ambos avanzan en sus respectivos desarrollos nucleares. Según el SIPRI, India y su política “no de primer uso” aumentó de unas 172 ojivas nucleares el 2024 a unas 180 en el presente, incrementó su producción de plutonio, el desarrollo de misiles medianos, de largo alcance  y móviles, y avanzó en su tríada nuclear (tierra, mar y aire) con submarinos nucleares capaces de lanzar misiles, etc.

Pakistán, por su lado, cuenta con 170 ojivas y ha centrado su esfuerzo en armas tácticas y ha creado una nueva estructura militar específica para misiles convencionales (no solo nucleares), denominada Army Rocket Force.

La invasión rusa de Ucrania en 2022, trasgrediendo el derecho internacional y acompañada de amenazas nucleares, unida a los dichos de Trump en orden a limitar la extensión del paraguas nuclear a sus 34 aliados de la OTAN, generó honda preocupación en medio de intromisiones rusas (de tolerancia) en Europa. En respuesta a ello, surgieron importantes debates sobre si países como Alemania, Polonia o Suecia deberían explorar sus propios arsenales nucleares, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, indicó que Francia podría poner su arsenal a disposición de sus socios europeos como contrapeso a Moscú.

La invasión y genocidio cometido por Israel en Gaza, así como las incursiones en Cisjordania, El Líbano, Irán, Qatar, Siria y Yemen, han sido otros de los factores que han incentivado el desarrollo nuclear como factor disuasivo.

Israel, además de violar con frecuencia el derecho internacional (incluyendo el humanitario), no ha firmado el Tratado de No Proliferación y con sus 90 ojivas nucleares y su política de “ambigüedad nuclear” (nuclear opacity), ha impactado en la estabilidad de la zona, por ejemplo, aumentando las desconfianzas y dejando en stand by los Acuerdos de Abraham de normalización diplomática con Emiratos Árabes, Baréin, Sudán y Marruecos.

Ante ello, naciones como Irán han empezado a romper las restricciones, al aprobar una ley para suspender la cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica tras los ataques a sus instalaciones nucleares y preparar otra para retirarse del Tratado de No Proliferación, además de seguir con su desarrollo misilístico.

Algunos analistas sostienen que esta situación ha debilitado la confianza en la disuasión lograda a través de los tratados, junto con incentivar a países no nucleares a desarrollar sus propios programas para equilibrar el poder estratégico.

Así y en medio de los conflictos de Gaza, Ucrania, Sudán (cruento e invisibilizado) y de actos belicosos como los de Trump en El Caribe, so pretexto de combatir el narcotráfico, pero mirando la desestabilización de Maduro en Venezuela, el ministro de Minas y Energía de Brasil, Alexandre Silveira, afirmó que Brasil podría necesitar desarrollar armas nucleares para garantizar su defensa nacional, agregando que este debate debe verse desde una perspectiva estratégica a largo plazo y no como un cambio de política inmediato.

Para eso Brasil debería salirse del Tratado de Tlatelolco de No Proliferación de 1967, lo que causaría repercusiones negativas en toda la región. Ya a fines los 70, Brasil tenía un programa secreto conocido como el “Programa Nuclear Paralelo”, al que se le puso fin en 1990. En todo caso, bajo el “Programa de Desenvolvimiento de Submarinos” (PROSUB), Brasil esta construyendo un submarino de propulsión nuclear, junto a cuatro submarinos convencionales.

El desorden creciente del escenario mundial, con conflictos barbáricos de efecto múltiples y donde no hay respeto al multilateralismo y a las normas básicas de convivencia humana, han levantado un neorrealismo en las relaciones internacionales, que ha fundamentado una nueva y peligrosa carrera nuclear.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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