Opinión
Kast, ultraconservador
La ciencia y la propia globalización son expresiones de grandes proyectos políticos que no se inscriben en el eje izquierda-derecha. Responden a la matriz cultural de la modernidad, tan amplia que en ella conviven corrientes tan distintas como el liberalismo y el marxismo.
El candidato José Antonio Kast afirmó que “el ambientalismo es una ideología”. Evidentemente, la defensa del ambiente tiene una dimensión política, por lo tanto, ideológica: así lo evidencia el trágico registro de asesinatos de defensores ambientales en todo el mundo, particularmente en América Latina. Proteger la naturaleza hoy es una actividad bajo amenaza de violencia política, porque involucra intereses económicos y decisiones públicas.
Sin embargo, entender el ambientalismo solo como una “ideología” desconoce el consenso internacional respecto de que atravesamos una triple crisis ambiental: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación. Este diagnóstico no corresponde a un proyecto político determinado, sino que a décadas de investigación científica. Frente a esta realidad, diversas disciplinas de ciencia comprometida buscan la forma de avanzar hacia una relación no destructiva entre sociedad y naturaleza.
Asimismo, los países avanzan en el establecimiento de acuerdos internacionales y marcos normativos multilaterales orientados a una transición ecológica justa y basada en el conocimiento. No solo eso, las grandes empresas globales también han entendido su dependencia con el ambiente y están tomando medidas para convertirse en agentes positivos para la naturaleza.
La discusión sobre si todo esto constituye un fenómeno “ideológico” debe situarse en un marco adecuado. La ciencia y la propia globalización son expresiones de grandes proyectos políticos que no se inscriben en el eje izquierda-derecha. Responden a la matriz cultural de la modernidad, tan amplia que en ella conviven corrientes tan distintas como el liberalismo y el marxismo.
Es un marco común del que a menudo no somos conscientes, precisamente porque estructura la base del mundo que habitamos. Quienes no comparten este marco suelen adherir a movimientos ultraconservadores o fundamentalismos religiosos que buscan restaurar órdenes previos a los consensos básicos de la modernidad.
Considero importante advertir sobre el riesgo de respaldar a un candidato como Kast, cuyas doctrinas chocan inevitablemente con un Estado y un sistema internacional construidos sobre los pilares de la modernidad. Si lo pensamos bien, muchos no quisiéramos abandonar el contexto de modernización de nuestra forma de vida y nuestra relación con la naturaleza.
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