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El mundo sigue andando Opinión

El mundo sigue andando

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Sergio Arancibia
Por : Sergio Arancibia Doctor en Economía, Licenciado en Comunicación Social, profesor universitario e investigador Instituto Igualdad
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Las consecuencias de las tensiones comerciales, financieras, geopolíticas y militares del presente no se han terminado de presentar en toda su magnitud, pero lo que es cierto es que el mundo no cayó en un caos, una recesión, un desorden o un retroceso generalizado.


En el año 2025 el mundo se vio impactado por la política arancelaria emanada de la administración estadounidense, que amenazaba con una cuota importante de caos y de incertidumbre en los mercados internacionales. Siendo Estados Unidos el más importante país importador del mundo, el cierre parcial de ese mercado podía llevar a pensar que el resto del mundo no tendría donde colocar las mercancías que producía y que enviaba a dicho país.

Al mismo tiempo el mundo presenció la continuación de dos guerras de importancia global – al margen de algunas guerras menores que tienen menos cobertura mediática –  las cuales fueron la de Ucrania con Rusia y la de Israel con Gaza, que tenían no solo importancia política sino también un impacto económico en los productos, los montos y los canales del comercio internacional. Todo ello podía hacer pensar que el mundo caería inexorablemente en una situación de caos comercial, financiero y logístico y, por lo tanto, en una situación de retroceso económico con respecto a la situación del año anterior. 

Sin embargo, las cosas no han sucedido así. En 2025 el comercio mundial en su conjunto no solo no retrocedió, sino que se incrementó en un 2.4 %. El PIB global, a su vez, creció en un 2.7 % y las perspectivas del Banco Mundial es que esa cifra se reduzca a un 2.6 % en el presente año. 

Estados Unidos creció en un 2.1 % y se espera que en el 2026 lo haga en un 2.2 %. América Latina y el Caribe creció en un 2.2 % en el 2025 y se visualiza que crezca a un 2.3 % en el 2026. China creció en un 4.9 % en el año recién pasado y se espera que su tasa de crecimiento sea solo de 4.4 % en el año presente. China y Estados Unidos, los dos grandes en la pugna geopolítica, comercial y tecnológica actual vieron crecer sus exportaciones en un 6.1% y un 5.7 % respectivamente. 

Las consecuencias de las tensiones comerciales, financieras, geopolíticas y militares del presente no se han terminado de presentar en toda su magnitud, pero lo que es cierto es que el mundo no cayó en un caos, una recesión, un desorden o un retroceso generalizado. Se mantuvieron las tasas de crecimiento, aun cuando modestas, y se espera que esos niveles de crecimiento se mantengan durante el año 2026.

Sin embargo, esa aparente calma en la superficie de los fenómenos económicos, va aparejada con cambios sustantivos y profundos en algunos aspectos del comercio y de la economía mundial.  Por un lado, China ha visto retroceder sus exportaciones a Estados Unidos casi en un 20%, pero las ha aumentado a los países asiáticos, africanos y también a América Latina, presentando un crecimiento global de sus exportaciones, en un proceso que se ha denominado de “redireccionamiento masivo”, y que ha tenido éxito hasta el momento. Esas exportaciones están lideradas por productos de alta tecnología, tales como los vehículos eléctricos, las baterías de litio y los paneles solares.  Estados Unidos, a su vez, ha aumentado sus importaciones procedentes de México y de Canadá, sus dos países limítrofes, e incluso del lejano Vietnam. Una gran cantidad de países no termina aun de diversificar sus mercados y de introducir los cambios tecnológicos como para ello, al mismo tiempo que la IA avanza en redefinir procesos productivos y estructuras laborales. La guerra contra Irán es posible que implique un incremento sostenido del precio del petróleo, con la consiguiente inflación mundial, al mismo tiempo que aumentan las tensiones por las alianzas obligadas que Estados Unidos intenta imponer, sobre todo en América Latina. 

En síntesis, hay procesos económicos en marcha cuyo desenlace no es posible de prever hoy en día en toda su magnitud, pero lo cierto es que el haber superado con cierto orden las amenazas del año 2025 es una cuestión que trae algo de tranquilidad y de optimismo a la economía mundial.  Sin embargo, la política no se guía mecánicamente por lo que suceda en la economía, y la guerra es siempre una alternativa y una tentación para quienes necesitan de ella para alcanzar sus objetivos geopolíticos y de dominio mundial. Ese es el verdadero y dramático peligro del presente y del futuro cercano.   

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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