Publicidad
Entre Barcelona y Madrid el tren pasa por América Latina Opinión

Entre Barcelona y Madrid el tren pasa por América Latina

Publicidad
Fernando Reyes Matta
Por : Fernando Reyes Matta Exembajador en China, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China, Universidad Andrés Bello.
Ver Más

En ese escenario, la Cumbre de Madrid ofrece a América Latina algo valioso: un espacio propio, lejos de la sombra norteamericana, para encontrar una agenda común con unos socios culturalmente más cercanos en Europa.


Aunque no son lo mismo, uno no puede dejar de preguntarse qué huellas deja la Global Progressive Mobilization, que impulsó la pasada cumbre en Defensa de la Democracia, en Barcelona, a la Cumbre Iberoamericana que a comienzos de noviembre tendrá lugar en Madrid. Y esto porque el año electoral que estamos viviendo en la región tiene momentos democráticos muy importantes a vivir en Perú, Colombia y Brasil. ¿Qué América Latina será la que llegue a la capital española a fin de año, una categóricamente de tendencia derechista o una equilibrada entre países conducidos por ideologías conservadoras fuertes frente a otros donde el progresismo determina la hoja de ruta?

La región no se puede leer en una sola dirección. Este 2026 se ha convertido en un escenario clave para comprobar si América Latina opta por la derecha, como comenzó a ocurrir en 2025 con los triunfos de Daniel Noboa en Ecuador, Milei en Argentina, Kast en Chile y Asfura en Honduras. Pero la narrativa del “giro a la derecha” es aún una simplificación de los medios más que una realidad estructural, aún por comprobar. Mal que mal, México y Brasil son los más grandes de América Latina, y allí gobierna la izquierda.

Lo que prevalece hoy en la región es la volatilidad del voto, que hace un lustro castigaba a la derecha y ahora castiga a la izquierda, aunque el péndulo ideológico podría revertirse en cualquier momento. No hay ola ideológica permanente: hay ciudadanos cansados del incumplimiento de promesas, de la corrupción y de la inseguridad, que votan contra quien gobierna más que a favor de un proyecto alternativo. Hay datos que obligan a repensar donde estamos. Los votos en blanco y nulos en la elección presidencial en Perú – que aún no se terminan de contar – superaron los tres millones cien mil, una cifra superior a los votos recibidos por la candidata más votada, Keiko Fujimori, que inicialmente apareció liderando la contienda con alrededor del 15% de los sufragios emitidos.

Los tres países con mayor población —Brasil, Colombia y México— permanecen gobernados por fuerzas con posiciones de izquierda: un dato central para dimensionar el peso real de los comicios en los meses venideros. Si Lula gana en Brasil y la izquierda retiene Colombia, el discurso del giro regional hacia la derecha quedaría seriamente cuestionado. Si, en cambio, la derecha colombiana sorprende y Lula no logra mantener el respaldo mayoritario de los ciudadanos, el panorama ideológico de la región habrá dado un vuelco histórico a fin de año.

La pregunta central es cómo avanzar en una convivencia latinoamericana, en una base de mínimos consensos, ya sea en uno u otro escenario. Pareciera esencial asumir que las determinantes externas están remeciendo mucho los planes y políticas de uno u otro sector. Para todos hay una tema central: como recuperar la confianza de los ciudadanos por la democracia. Es tarea mayor demostrar que ya no estamos resolviendo el vivir democrático por cuantas elecciones se dan y cuanta gente vota en ello. La distorsión es cotidiana cuando del debate político en los partidos o en el parlamento, se ha pasado a la borrachera verbal en las redes donde todo debate queda subsumido en las injurias y las descalificaciones extremas.

Hace dos años, en una encuesta realizada por IPSOS para la UNESCO con 8.000 personas de 16 países, se señaló que al 87 % le preocupaba que la desinformación y las “noticias falsas” puedan tener un impacto en la campaña y en el voto de una proporción importante durante el proceso electoral de su país, en un momento donde las redes sociales se han convertido en principal fuente de información. Otro estudio, del PNUD dado a conocer en marzo de 2025, con el título “Desinformación electoral en redes sociales: Análisis comparado de estrategias en cinco países latinoamericanos”, definió los desafíos los desafío frente a la desinformación que amenaza los procesos democráticos en la región. El estudio analizó experiencias de Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú, con miras a crear barreras frente a ese fenómeno y fortalecer los procesos electorales del ciclo 2025/2026.

A partir del 7 de agosto Colombia tendrá un nuevo presidente o presidenta. Pocos días antes, el 8 de julio, asumirá quien logre triunfar en la elección en Perú. En el caso de Brasil, la segunda vuelta tendrá lugar el 25 de octubre y ahí sabremos si Lula continúa, como es la aspiración y el deseo profundo de las fuerzas de izquierda en toda la región, especialmente en la América del Sur. O si el poco carismático Flavio Bolsonaro ha logrado atraer los votos de centro que necesita para asumir como presidente el 1° de enero de 2027.

Es evidente que la reciente cumbre del progresismo en Barcelona estuvo impregnada de un fervoroso compromiso con la democracia, impulsada desde los valores compartidos por el progresismo en sus diversos colores. La Cumbre Iberoamericana en Madrid será otra cosa, pero no podrá desvincularse de ese devenir político que traen los próximos meses en los países latinoamericanos. La Cumbre no será lo mismo si allí llega un Lula que ha debido reconocer una derrota o un Lula que ha logrado mantener la adhesión de sus ciudadanos a sus principios de justicia social y paz en el mundo.

Como lo demostró el rey Felipe VI al hacer el brindis durante el almuerzo del cambio de mando el 11 de marzo aquí en Chile, España está por jugarse a fondo para que la Cumbre Iberoamericana recupere fuerzas y defina su razón de ser. Dejar atrás la crisis y ausencias que se vivieron en Cuenca, Ecuador, en la cita anterior. Algo anticipa el lema de la convocatoria: “”Iberoamérica. Juntos construimos nuestra Comunidad. Juntos la proyectamos hacia el futuro y hacia el mundo.” Determinar que es lo común en esa cita en Madrid es un desafío fuerte para la región, en medio de un mundo de polarizaciones e incertidumbres geopolíticas. También de cambios mayores bajo los poderes digitales y su impacto en la sociedad. 

En ese escenario, la Cumbre de Madrid ofrece a América Latina algo valioso: un espacio propio, lejos de la sombra norteamericana, para encontrar una agenda común con unos socios culturalmente más cercanos en Europa. Puede que sea una oportunidad, casi inesperada, justo cuando el mundo se reorganiza en bloques y América Latina necesita encontrar su propia hoja de ruta para avanzar por el siglo XXI. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad