Opinión
Imagen referencial
Una década de estancamiento y la urgencia de una agenda urbana
El ICVU no es solo un balance. Es una advertencia: sin una agenda urbana de largo plazo, integrada y consistente, las ciudades seguirán reproduciendo desigualdades.
A quince años de su creación, el Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) permite observar el estado actual de nuestras ciudades, como también su trayectoria. Y lo que muestra la última década es desafiante: se consolida un escenario de estancamiento con crecientes señales de fragmentación.
El dato relevante es que aquellas comunas que retroceden son más de las que avanzan. No estamos frente a un sistema que converge, sino a uno que estabiliza —y profundiza— sus brechas. La disminución de comunas en niveles medios y el aumento de aquellas en nivel bajo da cuenta de un debilitamiento de ese espacio intermedio donde históricamente se han producido mejoras graduales en la calidad de vida urbana.
Las áreas más deterioradas —conectividad y movilidad, ambiente de negocios y condiciones socioculturales— configuran un cuadro estructural. La movilidad, en especial, deja de ser una variable sectorial para transformarse en el principal articulador del estándar de vida urbano. Tiempos de viaje excesivos, altos costos de transporte y una débil integración modal no solo afectan la eficiencia de la ciudad, sino que limitan el acceso real a oportunidades, condicionando la vida cotidiana de millones de personas.
Aquí radica una de las claves: avanzar decididamente y “construir ciudad”. Espacios seguros para el encuentro, la recreación y la cohesión social deben ser parte central de una agenda que entienda la calidad de vida como una experiencia urbana integral.
En este marco, la planificación debe asumir con mayor claridad la relación entre movilidad y forma urbana. Fomentar la densificación equilibrada en torno a ejes de transporte estructurantes no es solo una opción deseable, sino una necesidad para mejorar eficiencia y equidad. Y allí donde la expansión urbana sea inevitable, resulta imprescindible acompañarla de la creación de subcentros de oportunidades —con servicios, empleo y equipamientos— que eviten reproducir territorios dependientes y desconectados.
Las diferencias son evidentes. Las áreas metropolitanas muestran estabilidad, aunque en gran medida como consolidación de brechas existentes. Más complejo es el caso de las ciudades intermedias, donde se concentra un alto porcentaje de comunas en nivel bajo. En este contexto, ciudades como Valparaíso o San Antonio reflejan las tensiones de territorios estratégicos, donde la oportunidad de articular desarrollo económico, infraestructura y calidad urbana sigue siendo una tarea pendiente y donde la acción pública complementada con la articulación privada pueden encontrar nuevas y mejores soluciones.
El ICVU no es solo un balance. Es una advertencia: sin una agenda urbana de largo plazo, integrada y consistente, las ciudades seguirán reproduciendo desigualdades. La próxima década exige pasar de diagnósticos reiterados a decisiones estructurales capaces de superar esta emergencia y elevar, de manera efectiva, el estándar de vida urbano en Chile.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.