Opinión
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La desigualdad en Chile y el mundo
Y dentro de América Latina, en Chile, el 10 % más rico de la población captó, en el año 2024, el 59.5% del ingreso, lo cual indica que estamos por arriba del promedio regional, por encima del promedio del África subsahariana y por sobre el promedio mundial.
El último informe del World Inequality Report, WIR, que es el organismo más reputado en el mundo en materia de distribución del ingreso y de la riqueza, correspondiente a 2026, pero con información hasta el 2024, muestra cifras que son sumamente importantes de conocer.
Allí se indica que, en el promedio mundial, el 10 % de las personas de mayores ingresos capta el 53.6 % de los ingresos.
Pero si esa cifra se desagrega por grandes regiones del mundo, tenemos que en África subsahariana esa cifra es de 54.1%, en América latina sube a 58.8 %, mientas que el promedio de Europa llega solo a 36.8 %.
Eso indica que América Latina es la región del mundo con mayor desigualdad, si la medimos a través de ese porcentaje del ingreso que capta el 10 % más rico de la población. Hay otros indicadores que se usan internacionalmente para medir y comparar la desigualdad, pero en la breve extensión de este artículo no podemos mencionarlos ni analizarlos a todos.
Y dentro de América Latina, en Chile, el 10 % más rico de la población captó, en el año 2024, el 59.5% del ingreso, lo cual indica que estamos por arriba del promedio regional, por encima del promedio del África subsahariana y por sobre el promedio mundial en materia de desigualdad de ingresos. Paralelamente, el 50 % más pobre de la población chilena captaba en el año indicado, el 8.2 % del ingreso, antes de impuestos. Todo eso nos coloca en una lamentable situación de liderato en lo que a mala distribución del ingreso respecta.
Para subsanar esta situación – que aqueja a una buena parte de la humanidad contemporánea – los gobiernos y muchos organismos internacionales han venido identificando una serie de medidas de política económica que pueden ayudar, si no a erradicar totalmente la desigualdad – cuestión que no parece posible en el mundo actual- por lo menos a disminuirla.
Entre esas medidas de combate a la desigualdad podemos mencionar las siguientes: llevar adelante políticas tributarias progresivas; incrementar las inversiones en salud y educación; asegurar a la mayoría de la población nacional escuelas gratuitas y de buena calidad; proporcionar atención médica gratuita a toda la población; incrementar y modificar los sistemas de pensiones; llevar adelante programas relacionados con el cuidado de niños y con la nutrición infantil; la alimentación escolar; los seguros de desempleo; el apoyo a los hogares vulnerables y los avances en materia de igualdad de género, entre muchas otras medidas.
Sin embargo, hoy en día, con la reducción programada de los gastos fiscales, con las reformas tributarias que se proponen, y con el cierre de muchos programas sociales todos o la mayoría las instituciones que llevan adelante esas tareas quedarán con reducción presupuestaria sustantiva o enfrentarán el termino de sus actividades, con lo cual se reducirá la capacidad de ellos de contribuir a la reducción de las desigualdades sociales y de ingresos. En materia de educación, por ejemplo, todo parece indicar que se seguirá adelante y se profundizará la existencia de una educación para las elites de altos ingresos y una educación para los niños y la juventud de los sectores de bajos recursos, esta última con escasos recursos, con bajos salarios para los docentes y de modestos resultados en materia de capacitación y de formación. En lo que respecta a salud, se repite el mismo esquema dual que ya mencionamos para la educación.
En otras palabras, es dable pensar que los altos niveles de desigualdad que Chile exhibe a nivel internacional se incrementen, con lo cual se retrocederá en forma sustantiva en las políticas sociales que todos los gobiernos de los últimos 30 años han venido llevando adelante. Para el gobierno actual la reducción de las desigualdades, con toda su carga de equidad y de justicia, no solo no es parte de sus propósitos, sino que abiertamente se propicia el incremento de los ingresos de los sectores más ricos de la población y un desmantelamiento de los recursos que se destinaban a atender las necesidades de los sectores de menores ingresos.
Pero el resultado de dichas políticas no está escrito en piedra. Si eso se logra concretar o no, dependerá de la fuerza y de la movilización política y social que los sectores afectados logren llevar adelante.
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