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Una universidad conectada con el país: ciencia, territorio y vínculo real Opinión

Una universidad conectada con el país: ciencia, territorio y vínculo real

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La vinculación con el medio tampoco puede seguir entendiéndose como una carpeta de actividades o como un requisito administrativo.


Chile enfrenta desafíos que ya no pueden abordarse desde compartimentos separados. La seguridad alimentaria, la salud pública, la emergencia climática, la productividad agropecuaria, la biodiversidad, el bienestar animal y el desarrollo rural forman parte de una misma conversación. En ese cruce, las universidades tienen una responsabilidad evidente: producir conocimiento útil, formar profesionales pertinentes y vincularse de manera real con los territorios donde esos problemas ocurren.

La Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Concepción, presente en Concepción y Chillán, no puede pensarse de espaldas a esa realidad. Su lugar natural está precisamente en la intersección entre salud animal, producción sustentable, inocuidad alimentaria, biodiversidad, educación rural, innovación y respuesta ante emergencias ambientales. No se trata solo de formar médicos veterinarios. Se trata de aportar capacidades científicas y técnicas a temas estratégicos para el país.

El enfoque “Una Salud” confirma esa mirada. La Organización Mundial de la Salud lo define como un enfoque integrado que busca equilibrar y optimizar la salud de personas, animales y ecosistemas. La Organización Mundial de Sanidad Animal plantea una idea equivalente: la salud humana, animal, vegetal y ambiental está estrechamente vinculada e interdependiente. Para un país como Chile, con vocación agroalimentaria, extensa ruralidad, ecosistemas frágiles y alta exposición a crisis climáticas y sanitarias, esta mirada no es una consigna académica. Es una necesidad de desarrollo.

Las regiones muestran con claridad esa urgencia. En 2024, el Banco Central informó que Ñuble creció 3,6%, impulsado, entre otros factores, por el desempeño agropecuario-silvícola y la industria manufacturera. Detrás de esa cifra hay producción frutícola, empleo, comunidades rurales, cadenas logísticas, exigencias sanitarias, adaptación climática y oportunidades de innovación. Lo que ocurre en Ñuble, Biobío o La Araucanía no es un asunto local: es parte de la capacidad que tiene Chile para producir mejor, exportar con mayor valor, cuidar sus ecosistemas y sostener una ruralidad con futuro.

Ahí la Universidad tiene un rol que debe ejercer con más decisión. Fortalecer convenios, actualizar redes internacionales, vincularse mejor con municipios, empresas, organizaciones sociales y servicios públicos, y transformar el voluntariado estudiantil en una experiencia formativa con reconocimiento académico, no siendo esta una tarea accesoria. Son parte de una universidad moderna, capaz de conectar docencia, investigación y territorio.

El voluntariado, por ejemplo, no debe quedar reducido a buena voluntad. Bien diseñado, puede ser aprendizaje aplicado, investigación en terreno, respuesta ante emergencias ambientales, educación comunitaria y transferencia técnica. Permite que los estudiantes enfrenten problemas reales y que las comunidades reciban conocimiento útil, oportuno y pertinente. Esa es la diferencia entre una actividad aislada y una política universitaria de impacto público.

La vinculación con el medio tampoco puede seguir entendiéndose como una carpeta de actividades o como un requisito administrativo. Debe ser una estrategia bidireccional: el territorio plantea desafíos y la Universidad responde con ciencia, formación, innovación y colaboración. Eso exige escuchar mejor, coordinar mejor y medir mejor los impactos.

Una Facultad conectada con Concepción, Chillán y el país no pierde nivel académico. Lo gana. Porque cuando la investigación conversa con la realidad, la universidad deja de observar el desarrollo desde lejos y comienza a construirlo. Chile necesita más ciencia aplicada al territorio, más formación pertinente y más instituciones capaces de convertir conocimiento en bienestar. Esa es la universidad que viene.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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