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Anticipación, la clave para un país resiliente Opinión

Anticipación, la clave para un país resiliente

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Antonia Bordas Coddou
Por : Antonia Bordas Coddou Geógrafa y asesora Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).
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En un contexto de cambio climático, la infraestructura ya no puede diseñarse únicamente para las condiciones históricas conocidas. Debe incorporar escenarios futuros, mayor incertidumbre y capacidad de adaptación.


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Cada invierno nos recuerda que la infraestructura no solo debe ser capaz de funcionar en condiciones normales, sino también responder frente a escenarios cada vez más inciertos y extremos. Lluvias intensas, marejadas, remociones en masa, crecidas de ríos o interrupciones de conectividad ya no son eventos excepcionales, sino parte de una nueva realidad climática que obliga a repensar cómo planificamos, mantenemos y gestionamos nuestros territorios.

Las recientes proyecciones sobre un posible fenómeno de El Niño más agresivo durante 2026 vuelven a poner este desafío en la discusión pública. Pero más allá de la intensidad del evento climático, la principal vulnerabilidad, muchas veces, ya está instalada en el territorio.

Nuestro país ha desarrollado gran parte de sus ciudades, caminos e infraestructura crítica en zonas expuestas a amenazas naturales: quebradas, bordes costeros, zonas inundables o áreas de remoción en masa. A ello se suma el envejecimiento de la infraestructura y una ocupación urbana que ha avanzado más rápido que su planificación.

Por eso, para anticiparse, las mediciones y el monitoreo son fundamentales. Contar con información oportuna sobre comportamiento de cauces, estabilidad de taludes, condiciones de puentes, marejadas, infraestructura crítica (catastros actualizados) o saturación de sistemas urbanos, permite actuar antes de que ocurran las fallas.

La tecnología hoy ofrece herramientas que hace algunos años eran difíciles de imaginar: sensores, globos sonda, monitoreo remoto, modelación climática, sistemas predictivos y plataformas de gestión de datos que pueden transformarse en aliados estratégicos para la toma de decisiones públicas.

Además de la tecnología, se requiere poder fortalecer las capacidades institucionales y sostener inversiones permanentes en conservación y mantenimiento.

Con frecuencia, las inversiones en monitoreo, prevención o mantenimiento son menos visibles que las grandes obras de infraestructura. Pero son precisamente esas inversiones las que permiten proteger a las personas, reducir costos futuros y evitar daños mayores.

La experiencia internacional muestra que cada peso invertido en prevención y resiliencia puede ahorrar múltiples veces ese monto en reconstrucción y recuperación posterior.

En un contexto de cambio climático, la infraestructura ya no puede diseñarse únicamente para las condiciones históricas conocidas. Debe incorporar escenarios futuros, mayor incertidumbre y capacidad de adaptación.

Chile tiene experiencia, capacidades técnicas y aprendizaje acumulado para avanzar en esta dirección. El desafío ahora es transformar esa experiencia en una política sostenida de resiliencia, donde el monitoreo, la prevención y el cuidado de la personas y de los entornos construidos sean parte central de cómo proyectamos el desarrollo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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