Publicidad
¿Carreras universitarias más cortas? Un debate que no podemos simplificar desde las regiones Opinión

¿Carreras universitarias más cortas? Un debate que no podemos simplificar desde las regiones

Publicidad
Adison Altamirano Navarrete
Por : Adison Altamirano Navarrete Decano Facultad de Cs Agropecuarias y Medioambiente Universidad de La Frontera
Ver Más

La pregunta relevante no es cuánto deben acortarse los programas, sino qué capacidades se espera desarrollar y bajo qué condiciones sociales y territoriales ocurre ese proceso formativo.


El Mostrador Fuente Preferida

En el último tiempo, el debate sobre la duración de las carreras universitarias se ha instalado con fuerza en nuestro país. Con frecuencia, se plantea que los programas de pregrado son demasiado extensos y que el camino lógico sería reducir años de formación para facilitar un ingreso más rápido al mercado laboral. Sin embargo, plantear la reducción del tiempo formal de las carreras como una medida aislada puede transformarse en una respuesta simple para un problema mucho más complejo.

Mientras los países de la OCDE tienen carreras de pregrado con una duración promedio de 3,7 años, en Chile este periodo puede extenderse fácilmente hasta los seis. Esta comparación suele omitir un aspecto esencial: en muchos de estos sistemas, los estudiantes llegan a la educación superior con mayores niveles de preparación previa o continúan posteriormente con procesos de especialización y formación continua altamente articulados.

En Chile, las universidades han debido asumir históricamente múltiples funciones. No sólo forman profesionales; también contribuyen a disminuir brechas de origen, fortalecen competencias generales, desarrollan pensamiento crítico y generan movilidad social en hogares donde nunca antes existió un profesional.

Esta realidad se vuelve aún más evidente en universidades regionales, especialmente en territorios como La Araucanía, donde la formación universitaria genera efectos sociales, culturales y económicos que alcanzan a familias completas y al desarrollo regional.

Por ello, el debate no puede centrarse exclusivamente en reducir el tiempo formal de una carrera, sin considerar las condiciones estructurales que explican el esfuerzo formativo que realizan las universidades regionales.

La pregunta relevante no es cuánto deben acortarse los programas, sino qué capacidades se espera desarrollar y bajo qué condiciones sociales y territoriales ocurre ese proceso formativo.

Esto no significa que el sistema universitario nacional no deba modernizarse. Por el contrario, existen currículos sobrecargados y rigideces que requieren revisión. Necesitamos avanzar hacia trayectorias más flexibles y articuladas, especialmente en un mundo donde la inteligencia artificial y los cambios tecnológicos transforman rápidamente múltiples áreas laborales.

La discusión de fondo no es cuánto deben durar las carreras, sino cómo asegurar una formación pertinente, de calidad y con verdadero impacto para el desarrollo de Chile y sus regiones.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad