Opinión
¿Qué enseña la experiencia de Allende para el mundo de hoy?
A más de cinco décadas de su gobierno, Salvador Allende continúa despertando interés en nuevas generaciones por la vigencia de la democracia, la justicia social y la dignidad humana. Su legado invita a reflexionar sobre la inteligencia artificial, la desigualdad y el desarrollo en el siglo XXI.
Hace unos días me correspondió presentar el libro Allende. El legado y la proyección de un líder, de Federico Cana y Leonardo Cáceres. Ambos periodistas lo habían escrito en su juventud, pero su publicación fue impedida durante la dictadura. El manuscrito permaneció guardado durante décadas hasta que, con el apoyo de la Logia Salvador Allende, vio finalmente la luz en 2026.
La sala de presentación en la Feria Internacional del Libro de Santiago, en el Centro Cultural Estación Mapocho, estaba repleta. Pocos días después falleció Leonardo Cáceres. Sin embargo, su libro alcanzó a despertar un gran interés, especialmente entre los jóvenes. Ello me llevó a preguntarme: ¿por qué Allende sigue vigente? ¿Qué explica que continúe despertando interés entre nuevas generaciones que no vivieron su tiempo?
¿Qué atrae a los jóvenes?
Más allá de la memoria histórica o la nostalgia, Allende sigue siendo una referencia viva porque encarna valores que mantienen vigencia. Los autores del libro reconocen que sus ideales marcaron profundamente sus vidas. Para ellos, la Unidad Popular representó una época de expansión de libertades y esperanzas, un momento en que amplios sectores populares se sintieron protagonistas de la construcción de un país más justo.
La memoria de Allende sigue asociada a la organización de los trabajadores, a la búsqueda de una mayor igualdad de derechos, a la recuperación de capacidades nacionales para el desarrollo económico y al esfuerzo por combatir la pobreza y la exclusión social.
Sin embargo, la memoria histórica cambia con el tiempo. Cada generación la revisa, la enriquece y la interpreta desde sus propias preocupaciones. Yo mismo escribí El gobierno de Allende. Chile 1970-1973 después de mi prisión en Isla Dawson. Si lo escribiera hoy, pondría aún más énfasis en aquello que puede iluminar nuestro presente y nuestro futuro.
Los pilares de su legado
La vida de Salvador Allende ayuda a comprender la fuerza de su legado. Desde sus años de estudiante y médico, pasando por su labor como diputado, ministro, senador, presidente del Senado y candidato presidencial, hasta llegar a la Presidencia de la República, desarrolló una trayectoria excepcional de compromiso con la democracia, la justicia social y la dignidad humana.
Los discursos recogidos en este libro permiten identificar dos pilares fundamentales.
El primero es su profundo humanismo. Allende concebía la política como una herramienta para mejorar la vida de las personas, fortalecer la democracia mediante la participación ciudadana y ampliar las oportunidades de educación, salud y movilidad social para los sectores más vulnerables. El segundo es su propuesta de construir una vía democrática al socialismo. En 1970, esa idea constituía una innovación de alcance mundial. Buscaba impulsar profundas transformaciones económicas y sociales respetando las instituciones democráticas, el pluralismo político y las libertades públicas.
Al asumir la Presidencia, el 5 de noviembre de 1970, expresó esa convicción con claridad:
“Chile, en su singularidad, cuenta con las instituciones sociales y políticas necesarias para materializar la transición del atraso y de la dependencia al desarrollo y a la autonomía, por la vía socialista”. Su aspiración era transformar la sociedad sin abandonar la democracia. Allí reside uno de los aspectos más perdurables de su legado.
Incluso en los momentos más difíciles, cuando el golpe militar parecía inminente, insistía en que el socialismo no podía imponerse por decreto ni por voluntarismo. En julio de 1973 advertía: “Mi gobierno no es un Gobierno Socialista; es un gobierno de transición (…) que tiene como tarea abrir camino al socialismo. Pero el socialismo no se impone por decreto”.
Esa combinación de convicción, realismo y coherencia personal explica una parte importante del respeto que sigue despertando.
El impacto de una experiencia histórica
El intento de realizar transformaciones estructurales dentro de la democracia tuvo repercusiones mucho más allá de Chile. Tras el golpe de Estado, la experiencia chilena abrió un intenso debate en los partidos progresistas de Europa y América Latina. Líderes de Francia, Italia, Inglaterra y Suecia nos señalaron, durante los años de recuperación democrática, cuánto influyó la experiencia chilena en sus propias reflexiones sobre democracia, reformas sociales y participación popular.
El gobierno de Allende dejó, además, realizaciones concretas que permanecen en la memoria colectiva: la nacionalización del cobre, el fortalecimiento del papel estratégico de los recursos naturales, el programa del medio litro de leche para los niños, la expansión de la vivienda popular y un notable impulso a la cultura. Durante esos años florecieron la música, el teatro, la literatura y las artes visuales. La editorial Quimantú democratizó el acceso al libro. La Nueva Canción Chilena proyectó una creatividad cultural que aún forma parte de la identidad nacional.
También permanece como símbolo de capacidad colectiva la construcción del edificio de la UNCTAD III —actual Centro Cultural Gabriela Mistral—, levantado en menos de un año para recibir una conferencia mundial de las Naciones Unidas.
Lecciones para el siglo XXI
El mundo actual es profundamente distinto al de 1970. La revolución digital, la inteligencia artificial y la aceleración tecnológica están transformando el trabajo, la economía, la política y la vida cotidiana.
Sin embargo, los valores que inspiraron a Allende conservan plena vigencia: la defensa de los derechos humanos, la protección de la democracia, la reducción de las desigualdades, la ampliación de oportunidades para los más vulnerables y la búsqueda de una autonomía nacional compatible con la cooperación internacional.
La diferencia es que esos objetivos deben realizarse en una sociedad completamente nueva. La inteligencia artificial abre enormes oportunidades para mejorar la productividad, la salud y la educación. Pero también crea riesgos inéditos. La concentración del poder tecnológico en pocas corporaciones puede afectar la calidad de la democracia mediante la manipulación de la información, la formación de opiniones y el control de datos personales. Asimismo, la automatización amenaza con sustituir numerosos empleos. Tal como ocurrió durante otras revoluciones tecnológicas, la respuesta no puede ser detener el progreso, sino gobernarlo democráticamente. Ello exige nuevas políticas de capacitación, educación continua y protección laboral, junto con la participación activa de trabajadores y organizaciones sociales en la definición de las transformaciones tecnológicas.
En este contexto, el Estado debe fortalecer su capacidad regulatoria, promover la inclusión social y construir consensos nacionales en torno a una estrategia de desarrollo compartida. La creciente competencia tecnológica y estratégica entre China y Estados Unidos hará aún más relevante la defensa de la autonomía nacional, el respeto al derecho internacional y el fortalecimiento del multilateralismo.
Un desafío para el progresismo
El progresismo enfrenta hoy desafíos tan complejos como los que enfrentó en el siglo pasado. No basta con sostener ideales nobles. Se requiere capacidad para comprender los cambios tecnológicos, anticipar sus consecuencias y traducir los valores democráticos en soluciones eficaces para la ciudadanía.
La principal enseñanza de Allende no radica en reproducir las respuestas de ayer, sino en mantener la coherencia entre principios y acción, practicar la autocrítica cuando sea necesaria y perseverar en la búsqueda de una sociedad más justa dentro de la democracia.
Por eso su experiencia sigue despertando interés entre los jóvenes. Porque los contextos cambian, pero la aspiración a la dignidad humana, la justicia social y la libertad democrática continúa siendo una tarea permanente.
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