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La crisis climática no espera a la COP Opinión

La crisis climática no espera a la COP

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Ignacio Bugueño Vilches
Por : Ignacio Bugueño Vilches Jefe Unidad Regional de Asuntos Internacionales del Gobierno de Santiago
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El clima no espera a las próximas cumbres o pactos, y nuestras comunas tampoco. Es momento de asumir que el liderazgo más efectivo para enfrentar al mayor desafío existencial de la humanidad nace desde lo local, piensa de forma intergeneracional y actúa conectado con el mundo.


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A las inundaciones, olas de calor, vientos extremos o sequía le importan poco las fronteras geopolíticas. Y por lo mismo es que históricamente le confiamos el combate contra el riesgo ambiental a los tratados internacionales y conferencias globales.

Pero mientras los jefes de estado y corporaciones negocian las metas de descarbonización en décadas —debatiendo si ponemos el límite en 2030 o 2050— a las ciudades les toca gestionar eventos climáticos extremos con la misma cotidianeidad que deben administrar el tráfico del lunes por la mañana.

Una vez más, el letargo de los gobiernos centrales choca de frente con la urgencia que se vive en terreno.

Esta semana llega a Santiago el exvicepresidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz, Al Gore. Su visita, en el marco del Climate Reality Training, ocurre justamente para hacer frente a esta asimetría: movilizar a quienes actúan como la “última milla” (donde las políticas impactan directamente en las personas) de la acción ambiental.

Este entrenamiento dirigido a activistas, científicos, empresarios y periodistas, nos recuerda que la crisis climática no es una bandera de lucha partidista, sino que un desafío para la supervivencia y desarrollo de nuestros países. Y el tiempo se acaba.

El reto de avanzar en forma justa, beneficiando tanto a la ciudadanía como a los ecosistemas, requiere soluciones que no tienen que ver con preservar un valor meramente estético —como muchas veces se caricaturiza— sino que con proteger procesos fundamentales para las sociedades como el acceso a alimentos o prevenir muertes en días de alta temperatura, tal como estamos viendo este verano en Europa.

Es precisamente en este punto donde la política tradicional tiende a fracasar, y donde las ciudades están respondiendo con mucha mayor eficacia. Si bien los peligros climáticos son globales, las condiciones en que los experimentamos dependen de la infraestructura local, capacidad de coordinación institucional y velocidad en la que se puede poner los pies en el barro.

Los ríos Mapocho y Maipo se ubican entre los que mayor estrés hídrico sufren en el mundo, enfrentando un alza progresiva en su temperatura y una reducción de precipitaciones que son indiscutibles para cualquier santiaguino mayor de treinta años.

El Gobierno de Santiago ha asumido esta crisis con la misma urgencia de supervivencia que propone Al Gore. A la fecha, hemos desarrollado estrategias para la gestión del agua en 30 comunas, y articulamos al sector privado, público y sociedad civil en torno a la Cuenca del Maipo.

“Si no la protegemos desde la cordillera hasta el mar, simplemente no vamos a tener cómo sostener la ciudad”, ha advertido el gobernador Claudio Orrego.

Porque recuperar la naturaleza para la ciudad no es un capricho. De acuerdo con un ranking publicado en abril por la ONU, el relleno sanitario Lomas Los Colorados de Tiltil es el mayor emisor de metano en el planeta, superando incluso a yacimientos de petróleo y gas.

No buscamos limpiar el aíre de la ciudad tan solo para poder admirar la cordillera, sino porque es inaceptable que niños y niñas más vulnerables experimenten crisis respiratorias cada año.

Proteger los humedales tampoco es cuidar “uno que otro tranque con agua”, como se ha intentado instalar. Se trata de gestionar ecosistemas críticos para tener mayor resiliencia frente a las inundaciones, aumentar la disponibilidad hídrica y reducir la contaminación.

Este trabajo lo hemos empujado con apoyo político transversal, porque la adaptación ambiental no responde a visiones sobre el tamaño del Estado o el empuje de la economía, sino a nuestra capacidad de heredar un país viable.

En estos escenarios, los gobiernos regionales aparecen como una de las instituciones de mejor respuesta a los problemas de la crisis climática. Transitar a una movilidad de cero emisiones complementando transporte público con ciclovías y planificar una ciudad que soporte los veranos con pulmones verdes como el Parque Cerro Chena son actos de política local que hoy le dan fortaleza a Santiago para las próximas décadas, y que no necesitan esperar una firma en París o la próxima COP de Antalya.

La visita de Al Gore y su equipo nos permiten conectar a Santiago de manera directa con las redes globales que operan por debajo del entramado burocrático. Nos da la oportunidad de conocer modelos de resiliencia táctica, importar innovación directamente en los barrios y conectarnos con aliados que hace rato dejaron de pedir permiso para incidir en el debate público.

El mayor legado que nos puede dejar el Climate Reality Training es el impulso definitivo para modernizar la gobernanza local. El clima no espera a las próximas cumbres o pactos, y nuestras comunas tampoco.

Es momento de asumir que el liderazgo más efectivo para enfrentar al mayor desafío existencial de la humanidad nace desde lo local, piensa de forma intergeneracional y actúa conectado con el mundo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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