Opinión
El punto ciego del crecimiento
Porque las economías del siglo XXI no competirán únicamente por atraer más capital. Competirán por desarrollar mejores capacidades.
La publicación del Imacec de mayo volvió a instalar una discusión que se ha repetido con frecuencia durante los últimos años. La actividad económica cayó 0,9% respecto del mismo mes del año anterior, completando cinco meses consecutivos de contracción y reforzando la percepción de que la recuperación sigue siendo frágil.
Como ocurre cada vez que el crecimiento pierde impulso, el debate se concentró rápidamente en la inversión, la incertidumbre, los permisos, la productividad y la política económica.
Son todas discusiones necesarias. Sin embargo, existe una pregunta que rara vez ocupa un lugar relevante y que podría ser decisiva para la competitividad de Chile durante las próximas décadas: ¿Estamos invirtiendo en aquello que realmente explicará el crecimiento del siglo XXI?
Durante gran parte del siglo pasado, la respuesta parecía evidente. El desarrollo dependía de construir infraestructura física. Carreteras, puertos, aeropuertos, centrales eléctricas y redes de telecomunicaciones permitieron reducir costos, conectar mercados y aumentar la productividad. Esa lógica sigue siendo válida y nadie razonablemente propondría sustituirla. El problema es que el motor del crecimiento ha cambiado más rápido que nuestra manera de entender la inversión.
El siglo XX nos enseñó que el desarrollo dependía de construir infraestructura física. El siglo XXI está demostrando que también depende de construir infraestructura de capacidades.
La afirmación no responde a una moda conceptual. Refleja un cambio profundo en la economía mundial. La OCDE viene mostrando desde hace varios años que una proporción creciente de la inversión en las economías desarrolladas ya no se dirige exclusivamente a activos físicos, sino también a activos intangibles como software, investigación y desarrollo, datos, diseño, capital organizacional y formación. En varios de sus países miembros, estas inversiones representan una fracción comparable e incluso superior a la inversión tradicional en maquinaria o infraestructura. En otras palabras, las economías más competitivas no solo están construyendo mejores carreteras; también están fortaleciendo las capacidades que les permiten aprender, innovar y adaptarse con mayor rapidez.
En Chile, sin embargo, seguimos asociando la palabra inversión casi exclusivamente al capital físico. Cuando discutimos productividad pensamos en grandes proyectos, en permisos ambientales, en costos de financiamiento o en incentivos tributarios. Todos esos elementos son indispensables para recuperar el crecimiento, pero ninguno explica por sí solo por qué empresas que operan con tecnologías similares obtienen desempeños completamente distintos, ni por qué algunos países logran adaptarse más rápido a las transformaciones tecnológicas que otros.
La literatura económica ofrece una respuesta interesante. Los estudios desarrollados por Nicholas Bloom y el World Management Survey muestran que una parte importante de las diferencias de productividad entre empresas se explica por la calidad de sus prácticas de gestión. La manera en que las organizaciones desarrollan liderazgo, promueven el aprendizaje, toman decisiones y gestionan el conocimiento, tiene efectos económicos medibles. Dicho de otra forma, la productividad no depende únicamente del capital que una empresa incorpora, sino también de las capacidades que logra desarrollar.
Este punto adquiere una relevancia aún mayor en el contexto de la inteligencia artificial. El desafío ya no consiste solamente en incorporar nuevas tecnologías, sino en evitar que la transformación digital reduzca el espacio para desarrollar capacidades humanas que seguirán siendo esenciales. Automatizar procesos puede aumentar significativamente la eficiencia, pero el criterio, la creatividad, la capacidad de integrar información compleja, el aprendizaje continuo y el liderazgo seguirán siendo atributos que ninguna organización puede dejar de cultivar sin afectar su capacidad de innovar en el largo plazo.
Quizás ahí se encuentra uno de los mayores puntos ciegos del debate económico chileno. Seguimos preguntándonos cuánto debemos invertir para volver a crecer, cuando la pregunta igualmente importante es en qué capacidades necesitamos invertir para sostener ese crecimiento durante la próxima década. La discusión sobre productividad no puede limitarse a incorporar más tecnología o acelerar proyectos de inversión. También debe considerar la calidad de las organizaciones, el desarrollo del talento y la capacidad de transformar conocimiento en innovación.
Esta no es una discusión sobre recursos humanos. Es una discusión sobre crecimiento económico. Una carretera permite mover mercancías con mayor eficiencia. Un puerto conecta una economía con los mercados internacionales. Del mismo modo, las capacidades permiten convertir tecnología en productividad, inversión en innovación y conocimiento en ventajas competitivas sostenibles. Esa también es infraestructura, aunque no aparezca en los balances de obras públicas ni en los indicadores tradicionales de inversión.
Las cifras del Imacec probablemente desaparecerán de la agenda en pocos días. La discusión sobre productividad, en cambio, seguirá acompañando a Chile durante muchos años. Si queremos recuperar una trayectoria de crecimiento sostenible, será necesario seguir invirtiendo en infraestructura física, destrabar proyectos y aumentar la inversión privada. Pero también será indispensable ampliar nuestra definición de infraestructura e incorporar un activo que hasta ahora ha permanecido en un segundo plano.
Porque las economías del siglo XXI no competirán únicamente por atraer más capital. Competirán por desarrollar mejores capacidades.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.