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Corporación Cultural de Las Condes: Cultura, transparencia y responsabilidad pública
En una columna publicada recientemente en este medio se instalaron una serie de cuestionamientos absolutamente injustos a la Corporación Cultural de Las Condes.
Las preguntas sobre el uso de recursos públicos son siempre legítimas. La fiscalización, el escrutinio ciudadano y la exigencia de transparencia no solo son necesarios, sino que forman parte esencial de una democracia sana, además de ser una obligación legal que, en caso de incumplimiento, afortunadamente hoy cuentan con ejemplares sanciones.
Una cosa es preguntar y otra muy distinta es insinuar. Una cosa es fiscalizar y otra es instalar sospechas generales sin hacerse cargo de los antecedentes disponibles. Una cosa es observar cifras y otra es presentarlas sin contexto, como si su sola magnitud bastara para construir una conclusión.
Desde que asumí la dirección ejecutiva de la Corporación Cultural de Las Condes, hace más de tres años, el eje principal de la gestión ha sido precisamente el contrario al que se intenta instalar: más transparencia, más probidad, más control interno, más competencia en las compras, más apertura a la comunidad y una gestión cultural más moderna, ordenada y responsable.
Desde abril de 2022 somos parte del Portal de Transparencia Activa del Consejo para la Transparencia, donde cualquier persona puede revisar información institucional, normativa interna, remuneraciones, auditorías, memorias, balances, estados de resultados, contratos de producción y órdenes de compra. En mayo de 2023, además, se acogió al régimen de Transparencia Pasiva, habilitando el derecho de acceso a la información bajo los estándares de la Ley de Transparencia.
Es decir, no hemos caminado hacia la opacidad. Hemos caminado, deliberadamente, hacia una institucionalidad más exigente.
Lo mismo ha ocurrido en materia de compras. En 2023 iniciamos un proceso gradual de incorporación a estándares de compras públicas, incluso antes de que ello fuera obligatorio para estas instituciones. Ese año sometimos voluntariamente a licitación abierta la contratación del servicio de producción del Festival de Música Internacional de Las Condes. En 2024 avanzamos en la incorporación total al sistema de Compras Públicas y, hace más de un año, la Corporación está sometida 100% a dicho sistema y cuenta con 164 procesos en Mercado Público, una tasa de competitividad de 70% en licitaciones y ahorros del orden del 14% en los procesos, algunos de los cuales han sido fiscalizados ya sea por el Observatorio de Mercado Público o por la Contraloría General de la República, y que han terminado sin reproche alguno. Esos no son gestos. Son cambios estructurales.
También nos sometimos voluntariamente a una auditoría externa con enfoque forense realizada por la empresa KPMG respecto de los últimos cinco años. Esa auditoría no arrojó alertas de alto riesgo, pero sí permitió impulsar reestructuraciones mandatadas por el Directorio para mejorar la gestión, los controles y el buen funcionamiento institucional. Posteriormente, y también de forma voluntaria, se realizó un Peritaje Forense por el mismo período, precisamente para despejar dudas y elevar aún más los estándares de probidad.
En estos años se han implementado informes financieros mensuales al Directorio, un nuevo sistema de rendición de ingresos propios, formularios de conflictos de interés, inventario de activos, revisión de contratos antiguos y de proveedores únicos o históricos, regulación de horas extraordinarias, valorización de espacios para arriendo, nueva estructura de poderes, nuevos KPIs, incorporación a la Plataforma de Lobby, actualización del Reglamento Interno, canal de denuncias conforme a la Ley de Delitos Económicos, capacitaciones internas y matriz de riesgo por delitos financieros, así como se han investigado denuncias y realizado cambios de personal cuando esto fue necesario y defendido nuestras posturas en tribunales cuando ello ha sido requerido.
En simple: hemos hecho exactamente lo que una institución responsable debe hacer cuando administra recursos destinados al bien común.
Por eso resulta especialmente injusto que se quiera presentar a la Corporación como una entidad opaca, cuando el trabajo de estos años ha ido justamente en la dirección contraria. Puede haber críticas, por supuesto, es parte de las reglas del juego. Puede haber preguntas, naturalmente. Pero no es serio omitir todo un proceso de modernización institucional para insinuar irregularidades sobre la base de cifras aisladas.
También se ha cuestionado el presupuesto de la Corporación. Nuevamente, corresponde poner las cifras en contexto. En 2025 la Corporación ejecutó un gasto total menor al de 2024, con una disminución real de 5%. Ese mismo año, los ingresos propios alcanzaron $1.330 millones, superando en más de $230 millones lo presupuestado y aumentando respecto del año anterior. La subvención municipal, en tanto, fue menor que la de 2024.
Esto quiere decir que la Corporación no solo ha buscado ordenar sus gastos, sino también fortalecer su capacidad de generar ingresos propios y avanzar hacia una matriz financiera más equilibrada y sostenible. Ese es uno de los desafíos centrales de cualquier institución cultural seria: cuidar los recursos públicos, diversificar las fuentes de financiamiento y asegurar que la programación cultural llegue efectivamente a la comunidad.
Los resultados están a la vista: durante 2025, la Corporación convocó a 349.673 asistentes en sus distintas actividades. Realizó 447 eventos, contó con 549 expositores, desarrolló 104 cursos en su academia, reunió a más de 6.800 alumnos, recibió más de 254.000 visitantes en artes visuales, convocó a más de 115.000 espectadores en artes escénicas y reunió a más de 152.000 participantes en eventos especiales. Detrás de esas cifras hay vecinos, artistas, niños, jóvenes, personas mayores, familias, comunidades educativas, creadores emergentes y públicos que muchas veces encuentran en la cultura un espacio de encuentro, pertenencia y desarrollo.
Esa es la misión de la Corporación Cultural de Las Condes. No administrar planillas para sí misma, ni pagar sueldos sin justificación, sino que abrir espacios, generar programación, cuidar patrimonio, apoyar a los artistas y acercar la cultura a las personas.
En estos años hemos fortalecido las convocatorias abiertas, las postulaciones en línea y las comisiones evaluadoras. Hemos impulsado iniciativas comunitarias, programas de inclusión, actividades gratuitas, seminarios, talleres, visitas guiadas, exposiciones, eventos masivos, proyectos patrimoniales y nuevas plataformas de difusión. Hemos buscado que los vecinos no sean solo espectadores, sino protagonistas de la vida cultural de la comuna.
Respecto del Centro Artesanal Los Dominicos, también es necesario precisar. Reducir su funcionamiento al pago de un arriendo es desconocer completamente lo que significa administrar, mantener y proyectar un recinto de esa naturaleza. El Centro Artesanal no es solo un conjunto de locales: es un espacio patrimonial, turístico, cultural y comunitario que durante 2025 recibió 597.287 visitas.
Además, conviene poner las cifras en contexto. El 60% de los locatarios paga menos de $124.000 mensuales por concepto de arriendo. Y la operación anual del recinto implica costos muy superiores a la sola renta del inmueble. Solo en 2025, sin considerar el arriendo que la Corporación paga al propietario, los gastos totales asociados al Centro Artesanal alcanzaron $692.023.357. De ese monto, correspondieron $258.768.522 a seguridad, operación y mantención, $285.412.815 a recursos humanos (17 personas), $103.032.873 a servicios básicos, y $44.809.147 a costos culturales.
Esos recursos permiten sostener trabajadores, seguridad 24/7, servicios básicos, seguros, aseo, mantención, operación diaria, administración, difusión, programación cultural, sala de exposiciones y sala de teatro. Es decir, detrás de la subvención municipal hay un esfuerzo institucional y un compromiso por sostener un espacio de identidad comunal, patrimonio vivo, trabajo artesanal y encuentro ciudadano. Presentar una cifra aislada sin explicar esos componentes no contribuye a la transparencia. Al contrario: distorsiona la realidad y transforma una discusión legítima sobre recursos públicos en una sospecha injustificada.
La cultura necesita recursos. Pero también necesita controles. Necesita gestión profesional, pero también apertura. Necesita programación de excelencia, pero también participación comunitaria. Esa ha sido nuestra orientación: combinar identidad, excelencia, inclusión, innovación y sostenibilidad financiera.
Por eso, frente a columnas que prefieren instalar dudas antes que revisar antecedentes, corresponde responder con hechos.
La Corporación Cultural de Las Condes está disponible para entregar información, corregir lo que deba corregirse, fortalecer sus procesos y someterse a los organismos fiscalizadores que correspondan. Esa ha sido nuestra conducta y seguirá siéndolo. Pero también tenemos el deber de defender el trabajo de nuestros equipos, de los artistas, de los trabajadores, de los vecinos y de todos quienes han hecho posible que la Corporación sea hoy una institución más abierta, ordenada y transparente que en el pasado.
La transparencia no se declara: se construye. Y en la Corporación Cultural de Las Condes llevamos años construyéndola con procesos, controles, auditorías, licitaciones, rendición de cuentas, apertura comunitaria y resultados concretos.
Esa es la discusión que vale la pena dar.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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