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¿Tiene Chat GTP un planteamiento político? Opinión

¿Tiene Chat GTP un planteamiento político?

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Cristóbal Hasbun
Por : Cristóbal Hasbun Goethe Universität, Frankfurt am Main
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Chat GTP, con o sin quererlo por sus creadores, tiene un planteamiento político, y recae en una sociedad responsable y consciente el deber de discutirlo y encausarlo. 


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Esta columna tiene por finalidad revisitar un breve artículo escrito por Langdon Winner en 1980 titulado Do artifacts have politics?, enfocada en uno de los programas emblemáticos de inteligencia artificial: Chat GTP. A pesar de que la pregunta expuesta en el título resulta evidentemente retórica, parece valioso exponer la revisión de la cadena de pensamiento que lleva a dar una respuesta afirmativa y las preguntas que surgen como consecuencia de dicha reflexión.

En la discusión teórica existen fundamentalmente dos maneras de entender la relación entre el desarrollo tecnológico y la sociedad: la llamada “determinación social de la tecnología” y la denominada “determinismo tecnológico”. Quienes adhieren a la corriente de la determinación social de la tecnología argumentan que es la sociedad quien tiene control sobre el desarrollo tecnológico y su configuración, con la finalidad de lograr que los nuevos artefactos se ajusten a las necesidades de las personas y obren en lo posible en beneficio de ellas. En este sentido, la tecnología no juega un rol protagónico en sí, si no el contexto político y social en el cual surge y es moldeada. De esta forma, cuando uno analisa el desarrollo de nuevos técnicas y dispositivos debe entenderlas como un efecto del contexto político-social en el cual fueron creadas, el cual es finalmente responsable por sus características y resultados. Quienes defienden esta aproximación a la cuestión son proclives a hacer responsable a la comunidad política de la creación de la tecnología, de su masificación y sus consecuencias. 

Por otro lado, quienes ahieren a la corriente del determinismo tecnológico —algo ingenuos, algo más radicales, pero no sin buenas razones— argumentan que el desarrollo tecnológico tiene un motor propio a lo largo de la historia, el cual se desarrolla, crece y complejiza de forma casi independiente a la voluntad humana. De esta forma, aun cuando los seres humanos quisieran retractar ciertos inventos, o impedir la diseminación de ciertos artefactos o descubrimientos, sería imposible. La tecnología y su constante modernización, desde el descubrimiento del fuego, la invención de la rueda, de la imprenta, la dinamica, internet y la inteligencia artificial serían hechos inevitables, pulsiones que escapan a la voluntad de las personas y las sociedades. Aunque de por sí sugestiva, el riesgo de esta posición teórica es que pueda simplificar demasiado la discusión y no asumir la responsabilidad social existente frente a la consecuencia del desarrollo tecnológico.

Con respecto a la pregunta expresada en el título, es relevante notar que, siguiendo a Winner, la historia de las ideas ha demostrado que la invención de un artefacto tecnológico de extendida relevancia social (como el dinero, la imprenta, internet) es similar a un acto legislativo o un fundamento político de efecto transgeneracional que establece un nuevo orden público. Las consecuencias sociales, políticas, económicas, incluso neurológicas, de la creación de internet y la intelifencia artificial son evidentemente existentes, aunque no se conozcan con exactitud su naturaleza y extensión. Tales consecuencias tendrán a su vez efectos en la manera de relacionarnos entre seres humanos y en las decisiones conjuntas que queramos tomar para organizar nuestra convivencia en sociedad. Eso es al fin y al cabo la política.

Lo mencionado anteriormente obedece a una comprensión de la cuestión desde la visión de la tecnología desde la perspectiva de la determinación social de la tecnología. El problema es que la creación de internet y de la inteligencia artificial difícilmente pueden ser entendidas como un acto donde exista una participación social o política, se trata más bien de pequeños y geniales grupos de elite emprendedora quienes han invertido y arriesgado en desarrollar y expandir los inventos. Sin embargo, —y aquí ocurre lo social de la situación— las personas han decidido utilizar sus creaciones, las legislaciones han decidido no prohibirlos o regularlos, el mercado ha decidido expandirlas, etc. Es decir, ocurrido el fenómeno de la creación del artefacto, existe una reacción social de aceptarlo o rechazarlo y en el mejor de los casos también de regularlo. Este punto es socialmente relevante: el tener consciencia no sólo de aceptar la nueva tecnología y aprender a utilizarla —por ejemplo, Chat GTP— si no de sus efectos a nivel de relaciones sociales, neurológicos, psicológicos, políticos y sociales. Esa es la única forma de tomarse en serio la posición de la determinación social de la tecnología.

El hecho de que exista una carrera por países históricamente rivales en cuestiones ideológicas en lo que respecta al desarrollo y expansión global de la intelifencia artificial (EEUU y China) da cuenta de que lo que se encuentra detrás del acelerado crecimiento de esta tecnología no es solamente la búsqueda de un mayor bienestar para los usuarios si no la expansión global de un sistema tecnológico capaz de expandir y comunicar una cultura también en un sentido político. Dicho de un modo propio de los lectores de Philip Dick: quien pueda controlar la confección de la inteligencia artificial tipo Chat GTP podrá en principio controlar una parte significativa de nuestra forma de pensar y conocer el mundo. Es en la sutileza de los detalles de las respuestas que el programa arroja donde se jugará una inmensa capacidad para llegar a la mente y cerebro de los usuarios, haciéndolos proclives a creer ciertas cosas, pensar o no pensar ciertos temas, tomar ciertas decisiones, etc. 

Si la inteligencia artificial en la modaliad de Chat GTP o sus variantes hubiese quedado en manos del Estado (cuestión no descartable en otros hemisferios) habría sido la cúspide de la pesadilla de Orwell en 1984. Sin embargo, el destino sobre ese punto aún sigue abierto. Cuestión que es consecuencia de dos niveles políticos de análisis frente a la inteligencia artificial, niveles que no han sido suficientemente tematizados en la escasa literatura.

El primer nivel de análisis es externo. Se refiere a la inteligencia artificial del tipo Chat GTP y sus derivados en el panorama global. ¿Pretende Chat GTP ofrecer ideológicamente fungir como un producto emblemático creado, configurado y monitoreado por valores propios de la democracia liberal frente al DeepSeek chino, controlado parcialmente por un Estado autoritario? Chat GTP fue creado por particulares, diseminado a través del mercado capitalista, y su principal forma de llegar a acuerdos es de forma bilateral, en base a la oferta y la demanda y la voluntad de prestador de servicios frente al consumidor. Es decir, al menos en un primer nivel, y con todas las desventajas y evidentes problemas que pueda traer aparejadas, se presenta como un producto del liberalismo económico. ¿No es claro entonces que la expansión global de Chat GTP pretende exportar la ideología del capitalismo liberal? A contrario sensu, ¿no es evidente que el DeepSeek chino pretende exportar el modelo de desarrollo de capitalismo de estado autoritario?

El seguno nivel de análisis es interno. Se refiere a la inteligencia artificial tipo Chat GTP en sus relaciones en principio bilaterales entre oferentes del producto y los contratantes. La pregunta que se presenta es hasta qué punto es aceptable que una herramienta tecnológica tan potente como un acto legislativo o político transgeneracional quede exclusivamente a las lógicas del mercado, es decir, a la libre voluntad de las partes contratantes. ¿Tendrá alguna vez el Estado la necesidad de contar con una participación o al menos voz en la configuración de esta herramienta? ¿Podrán sus duenios libremente configurar el contenido y las respuestas a su arbitrio, instalar una agenda ideologica, establecer cobros y vetos? En caso de que no exista ningún tipo de regulación, se presenta el riesgo de que una herramienta tan influyente para la sociedad quede marginada de decisiones sociales relevantes.

La existencia de un aparato tan trascendente generacionalmente como este casi en paralelo a las instituciones políticas deliberativas pueden acrecentar enormemente defectos sociales ya existentes. Los partidarios de la teoría de la determinación social de la tecnología entienden este punto: la inteligencia artificial del tipo Chat GTP será una caja de resonancia de la desigualdad económica y cultural en la que vivimos, de discriminación, exclusión, empobrecimiento cultural y abuso en las relaciones comerciales, si es que no se elaboran los convenientes regulaciones y políticas públicas educacionales para crear consciencia sobre sus consecuencias y un sistema de educación sobre su uso. 

Chat GTP, con o sin quererlo por sus creadores, tiene un planteamiento político, y recae en una sociedad responsable y consciente el deber de discutirlo y encausarlo. 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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