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Legionaria chilena en Ucrania: “me siento identificada con la lucha de David contra Goliat” MUNDO Camila Jofré junto a su unidad (cedida).

Legionaria chilena en Ucrania: “me siento identificada con la lucha de David contra Goliat”

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Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación El Mostrador
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Exfuncionaria del Ejército llegó en enero a un regimiento móvil luego de un proceso de reclutamiento online y en el cual ni siquiera es necesario contar con experiencia militar previa. Sin embargo, la experiencia es muy dura y Camila Jofré dice que espera volver pronto y no regresar.


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Hace poco más de una semana se supo en Magallanes acerca de la muerte en combate del exalumno de la Escuela de Grumetes de la Armada Fabián Fernández Espinoza, de solo 21 años, quien perdió la vida en la zona de Jarkiv, en medio de un ataque de drones rusos contra tropas de Ucrania, a las cuales él pertenecía. 

El joven había abandonado el país en secreto, en febrero pasado, sin decir su destino real a su familia, domiciliada en Punta Arenas, pues aseveró que se iría a trabajar a las Torres del Paine.

No es el único mercenario chileno que ha perdido la vida en esas lejanas tierras. Del primero que se supo públicamente que había fallecido fue del exguardia de Prosegur Christian Sagredo, quien murió en un ataque de artillería en la zona oriental de Ucrania, en junio de 2024.

Algunos meses después, en febrero de 2025 Bryan Jara, de 28 años, también murió en combate, en la localidad de Kursk. Él había viajado a unirse a la Legión Internacional de Ucrania junto a otros 13 chilenos, pero no eran los únicos. 

De hecho, a inicios de julio otro chileno combatiente en Ucrania y cuya identidad no ha sido revelada, también hizo noticia, pero por un crimen, puesto que la policía de ese país lo sindica como el autor del homicidio de dos colombianos, también mercenarios, en un hecho de sangre ocurrido en la ciudad de Nikolaev.

Sin embargo, tanto ese hecho delictivo, como la muerte de Fabián Fernández, visualizaron -una vez más- la presencia de personas de origen chileno en dicho conflicto, que ya se extiende por más de cuatro años, más de lo que duró la Primera Guerra Mundial, como lo explicaba hace poco el analista internacional Alberto Rojas

Un chileno que se encuentra combatiendo en Ucrania, quien se identifica con el nombre de combate de “Féretro” en su cuenta de Instagram, subió un posteo extendiendo sus condolencias “para el soldado caído, chileno, que cayó hace un par de vidas en combate”, explicando que “yo les voy a decir mi experiencia personal, que le dije a mis padres especialmente, yo le dije: papá, mamá, yo me voy ir a Ucrania, y si yo caigo en combate y muero, yo voy a quedar botado en el terreno, y no anden buscando mi cuerpo ni ni mis huesos ni cosas así. Si yo muero en acá, Ucrania, tiene que colocar una foto mía allá, una vela, una foto y una vela”.

En ese sentido, aseguró “aquí la gente tiene mucho más problemas que repatriar un cuerpo, imagínense: rescatar a alguien que está herido en combate ya es complicado”. 

Por cierto, también hay mujeres, como la excabo del Ejército chileno Camila Jofré, que también relata su día a día por medio de su cuenta de Instagram, quien accedió a conversar con El Mostrador acerca de su experiencia.

Una decepción en Chile

Según explica, perteneció durante 15 años al Ejército, que en 2021 la destinó a Valdivia, donde en 2024 -relata- comenzó a denunciar malas prácticas de parte de un teniente coronel y otros oficiales, luego de lo cual vivió “un infierno”, como represalia por sus denuncias, según asegura.

Enfermera de combate, fue enviada a trabajar a una oficina y a mediados del año pasado ya tenía claro que sería dada de baja, por lo cual empezó a buscar trabajo. En esto estaba cuando supo de la existencia de una persona que, en Concepción, reclutaba voluntarios para integrar la Legión Internacional Ucraniana

Sin embargo, desconfió y ante ello llamó a la Embajada de Ucrania, y allí le recomendaron que entrara a la página web de la legión, en la cual postuló, aunque precisa que “más que postulación, es una inscripción, porque solo te piden que tú tengas menos de 50 años y que puedas caminar”. De hecho, no se pide experiencia militar y solo se requiere buen estado físico. Todo el trámite es online. 

En una videoconferencia, un reclutador de la legión le explicó el proceso: “tenía que llegar acá, a Ucrania. Ellos me pagarían el pasaje desde Varsovia hasta Ternopil, y me iban a designar una unidad con latinos”.

Sin embargo, ella optó pagar completo el viaje, pues de otro modo -detalla- no habría podido escoger la unidad a la que se quería integrar: entonces, yo llegué por mis propios medios al centro de reclutamiento, a mediados de enero. Me presenté, con todos mis antecedentes, ya traducidos al ucraniano”.

Hoy día ella trabaja atendiendo heridos en combate y, por ende, no está en el frente de batalla en forma directa. Al respecto, indica que “a todas las personas que me preguntan yo les digo que si no eres del área de la salud o no tienes un certificado de operador de drone, no vengas, porque el resto son solo infantería. Si vienes como enfermero o médico, u operador de drone,  puedes escoger unidad y todo, como operador de también, pero si no tienes ninguna de esas dos te vas a ir de infantería sí o sí” y eso significa irremisiblemente que esa persona terminará en algún frente de combate, con altas posibilidades de convertirse en una baja.

Como ella ya sabía de las unidades y sus detalles, pidió integrarse al Regimiento 425 Skala, como médico militar, que es una unidad móvil.

Un lunes permanente

El trabajo, señala, es intenso: “acá no se trabaja una cantidad de horas al día.Todos los días son lunes y se trabaja 24x7. O sea, llega un herido y hay que trabajar, hay personas enfermas y hay que trabajar, no hay un horario establecido”. 

Por supuesto, cuenta, “hay momentos en donde no se hace nada, pero siempre hay que estar atentos a lo que llegue”. 

La compensación económica varía, pues indica que para los extranjeros los sueldos varían entre 1.200 y 6.800 dólares al mes. Sin embargo, los salarios más altos sólo los perciben aquellos que están en el frente de combate, muchas veces en trincheras, que son los que obviamente tienen mayores posibilidades de morir.

Camila Jofré cuenta que si bien ella no ha estado en combate, sí ha estado varias veces bajo fuego. Aunque comenta que hay muchos detalles que no puede relevar, debido a lo sensible de la información, sí explica que una de las maniobras más complejas son las evacuaciones médicas, que en este momento no se están haciendo, pues “Rusia no respeta las ambulancias, no respeta las evacuaciones de heridos y por ende son un blanco muy fácil”.

De hecho, comenta que al inicio de la guerra hubo muchos muertos en operaciones de ese tipo. Por ello, “lo que se hace acá, más que nada, es enseñarle la mayor cantidad de conocimientos de primeros auxilios a los soldados, para que puedan atenderse entre ellos hasta que se logre hacer una evacuación, la cual puede durar hasta dos días” e insiste en que “las evacuaciones, entrar y salir al frente, es lo más riesgoso”, especialmente por los drones kamikaze y los llamados drones “vampiro”, que son más grandes y llevan una gran cantidad de explosivos.

Sin embargo, no es el único peligro: no es extraño que al lado de los fallecidos dejen explosivos: “entonces, cuando van a recuperar un cuerpo, mueren dos o tres más”.

Camila Jofré en Ucrania (cedida).

Contra el gigante

 Jofré señala que ella no está ahí solo porque se trata de un trabajo, sino porque “me siento identificada con la lucha de David contra Goliat. Me siento identificada  con lo injusta que que es esta guerra. Estando acá puedo dar fe de que los mayores objetivos que tiene Ucrania son objetivos militares, industrias del área del petróleo, industrias eléctricas, etc., pero Rusia ataca edificios residenciales o escuelas de niños, porque así debilita moralmente a los soldados que están en el frente y están preocupados por su familia. Acá me ha tocado ver esa crueldad que me sorprende. Hasta el día de hoy sorprende hasta dónde puede llegar un ser humano sin ningún tipo de humanidad”, pues asevera que la excusa habitual de que hubo un error, tras algún ataque a civiles, ya no es válida, debido a la tecnología disponible.

Además, comenta que “el pueblo ucraniano es un pueblo muy luchador, que está defendiendo su libertad. Cuando pertenecía a la Unión Soviética era un pueblo que sufría mucho. Yo todavía no me acostumbro a su comida, porque ellos aprovechan exactamente todo, todo del animal. Por ejemplo, aquí se come la grasa del cerdo cruda. Todo lo hacen en conservas y están acostumbrados a guardar mucha comida”. 

No es lo único: “desde la época de la Unión Soviética, comen una comida que es la sobra del trigo cuando se muele y la comen como si fuera arroz, todos los días. Yo no me acostumbro todavía porque tiene un sabor muy fuerte, y la verdad es que no es rico”.

Esto pasa, explica, porque “la gente se acostumbró a vivir con las sobras” y es “por eso luchan tanto para no volver a ese régimen que los tuvo muriendo de hambre por mucho tiempo”, asevera, en referencia a la antigua Unión Soviética.

El regreso

Lejos de su esposo (militar en servicio activo) y de sus tres hijos, dice que ir a Ucrania “es lo más peligroso que he hecho en mi vida, pero no me arrepiento”, pues señala que debido a la situación que vivió en el Ejército estaba al borde de la depresión y que “cuando decidí venir fue en parte para demostrarme a mí misma que no soy mala profesional y que no soy un fracaso como mujer ni como persona, y con el apoyo de mi esposo”. 

Ahora espera ansiosa el momento de reunirse con su familia, pues al cumplirse los primeros seis meses de servicio los combatientes tienen vacaciones, luego de las cuales pueden regresar a sus unidades y extender el servicio por hasta un total de tres años, pero ella ya decidió que no seguirá: “no voy a tentar más a la suerte, ya tengo mi experiencia, ya sané, crecí”, afirma.

A ello agrega que “lo único que quiero es poder volver pronto a donde mis hijos, para que ellos reciban a una mamá feliz, a una mamá contenta, a una mamá aguerrida, una mamá fuerte”.

 

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