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La megarreforma ante el Senado: populismo, centralismo neoliberal y banalidad en la Cámara Opinión

La megarreforma ante el Senado: populismo, centralismo neoliberal y banalidad en la Cámara

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Esteban Valenzuela Van Treek
Por : Esteban Valenzuela Van Treek Académico UdeC y expresidente Comisión para la Descentralización y exministro de Agricultura
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Hay que mejorar el estado de sus abusos y flojeras, pero esta receta es tóxica y generará dolor, desigualdad y caos.


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La megarreforma es la regresión centralista y oligárquica neoliberal más perniciosa para Chile y sus territorios subalternos, además de lo que Nicanor Parra llamaba los “chanchos con chaleco” por esos antinaturaleza que nos llevan al apocalipsis y quieren que se les pague a las empresas que hacen proyectos sin cumplir los estándares ambientales.  

Es de perogrullo que la invariabilidad tributaria es anticonstitucional (los municipios tienen ley orgánica y autonomía en sus tributos) y antipatriótica (no podemos homologar a USA si sigue subiendo aranceles sin respetar nuestro tratado de libre comercio, pero nada les importa a  los ultras de la receta populista de derechas que en el caso norteamericano hizo crecer la deuda pública y enriquecer a sus presidentes. 

Se repite a su vez el patrón histórico de los conflictos donde poderes despóticos en nuestro idiota centralismo presidencialista, que es la gran falencia del sistema político y no la existencia de varios partidos. No es exageración hablar de un semi golpe a años de “neoliberalismo corregido, progresismo moderado”, como ha sido nuestra democracia con sus virtudes y vicios, pero con  macro acuerdos que sin base económica se irán “a las pailas”: Ni la reforma previsional ni las pensiones familiares garantizadas, ni el desarrollo cohesivo municipal y la gratuidad de la educación va a sobrevivir a los que es una regresión brutal.

Recordemos los datos básicos: Chile tienen carga fiscal en 22% y el promedio OCDE es 35, con los 15 países más desarrollados – socialdemócratas y socialcristianos de Europa y derechistas cohesivos de Asia (Japón, Corea y China Taipei)-, con carga fiscal en torno al 40 y todas las seguridades garantizadas: ciudadana, económica, pensiones, salud, educación. Por su parte el eje anglosajón del liberalismo democrático que con algunas- no todas- razones busca “moderar” el Leviatán (el Estado Burocrático), se sitúa en 31% del PIB pero enfrentan stress por mucho user fees (pagos por servicios) que generan el malestar en alto pago de peajes, remedios, educación superior cara y poca ayuda en acceso a vivienda en el mundo liberal de USA a Australia, Nueva Zelandia, pasando por Canadá y Reino Unido.

Es infame bajar impuestos a las empresas y a jubilados ricos, peor aún vender a Chile sin amor a la patria para tener invariabilidad tributaria que implicaría incapacidad de respuesta frente a EE.UU. u otros países; tampoco a hacer parte a los territorios aunque sea en forma modesta en patentes o modestos aportes a industrias que les vaya bien como la minería y eventualmente hidrógeno verde y otras, así como pesca, agroexportadores e industria forestal.

Estamos remando en contra de todas las opiniones de las misiones del BID, Banco Mundial, OCDE y Unión Europea que tienen sus fondos de convergencia territorial para la equidad con regiones y municipios.

Los ultras derechistas chilenos con el voto de los populistas del Partido de la Gente de la Cámara han dado el cheque en blanco del terror: la crisis fiscal que se nos viene, la falta de inversión en infraestructura y fomento (en agricultura eliminan hasta el programa pro empleo autónomo de mujeres rurales), y el incumplimiento de obligaciones como la denuncia de los mapuche contra el gobierno que no cita al consejo de la CONADI, en un largo listado que incluye terminar con programas que fomentan en regiones el vínculo de colegios técnicos y agrícolas con las universidades. 

Coherencia cuando el diputado Mulet y el senador Esteban Velázquez, promueven la presentación al Tribunal Constitucional contra la invariabilidad. Costó una cruenta guerra civil entre el Congreso oligárquico apoyado por la Marina y la presidencia desarrollista de Balmaceda apoyada por el Ejército que quería subir los tributos. Uno de los resultados fue  que Chile centralista dictó la ley de las comunas autónomas apoyada desde liberales progresistas hasta el pensamiento mancomunal socialista que empujaba Recabarren.

Ahora se quiere dejar sin pagar contribuciones a todos los mayores de 65 aunque sean dueños de fortunas y tengan mega ingresos mensuales, compensando además a las comunas ricas en una regresión sin límites del desquicio.

Chile recaudaba 1% del PIB hasta el 2003 en que un acuerdo del laguismo acorralado por MOP Gate con la UDI popular (o populachera) subieron la exención hasta las mil UF, bajando a  casi la mitad la bajísima recaudación predial y por derechos de aseos de nuestros gobiernos locales. La mera actualización por IPC y la compensación a las comunas ricas es una locura en política de equidad subnacional.

En Colombia, donde trabajamos con la cooperación alemana comenzó a mejorar cuando todos los municipios cobraron el predial, obviamente muy poco a la clase media baja. Así Bogotá, Pasto, Medelllín, Manizales, comenzaron a ganarle al narco y la delincuencia con recursos para la cohesión social.  

Nos queda el Senado, el Senado de las voces territoriales que en sus meta relatos líricos y épicos nos pide desarrollo “económico, territorial, equidad con la ruralidad, menos centralismo y recursos para todas las seguridades”, salve a Chile de esta hecatombe. Que no se vendan por unos proyectitos con Interior- que ni la Subdere tendrá plata, además- y los que fueron buenos alcaldes, – como el Cote Ossandón, Gastón Saavedra, Huenchumilla- se unan a los más pactistas senadores del centro norte, y les digan a los más apatronados del centro sur que es la hora de la defensa de la ruralidad. Que nazca un pacto contra el extremismo neoliberal y el populismo de los que hacen gárgaras con la gente y solo venden el facilismo de todo gratis.

No hay líneas para recordar la historia, pero estamos ante el terror: voracidad de la fronda oligárquica (no los buenos y grandes empresarios que hemos tenido, además de valioso aporte de extranjeros que invierten en Chile entendiendo la sustentabilidad) que desde el poder despótico del presidencialismo centralista provocaron las guerras civiles de 1829, 1852, 1859, 1891 y el golpe del 73 para clausurar el período desarrollista desde Aguirre Cerda, Frei y Allende.

No es exageración, y como soy creyente, al igual que esos tres senadores, imploro por Chile o se nos viene una pesada noche.  Hay que mejorar el estado de sus abusos y flojeras, pero esta receta es tóxica y generará dolor, desigualdad y caos. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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