Publicidad
La ministra Lincolao, las humanidades y las c                  iencias Sociales Opinión

La ministra Lincolao, las humanidades y las c iencias Sociales

Publicidad
Álvaro A. Pezoa G.
Por : Álvaro A. Pezoa G. Director de Investigación FPP
Ver Más

Lincolao, entonces, no está negando la importancia de ciertas áreas del conocimiento, está planteando que el Ministerio de Ciencias debe tomar en consideración el ecosistema laboral chileno y que el Estado debe ser responsable en lo que tácitamente promete cuando otorga este tipo de becas.


El Mostrador Fuente Preferida

La semana pasada la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, señaló que, desde ahora en adelante, Becas Chile dará prioridad a las postulaciones vinculadas a áreas estratégicas para el desarrollo del país. En concreto, se busca fortalecer la capacitación en disciplinas que tengan salida laboral en nuestro país, evitando así que los becarios opten por no volver o lo hagan dedicándose a empleos que nada tienen que ver con sus postgrados. Aunque ha generado molestia, la decisión es correcta. 

Según plantea la ministra, el 61% de las becas otorgadas corresponden a postulaciones en las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades, mientras que un 7% corresponden a Ciencias Médicas y Salud, un 3% al área agrícola y 10% a Ingeniería y Tecnología. Además, señaló que existe alrededor de un 14% de usuarios de Becas Chile (unas 1.600 personas) que presentan incumplimiento de las bases, lo que implicaría devolverle al Estado más de 90 mil millones de pesos. Estos fondos permitirían a muchos otros postulantes adjudicarse becas, o cubrir el equivalente a 7.500 subsidios habitacionales. Pero parece que esto no les quita el sueño a esos becarios.

Según Alejandra Pizarro, directora de la ANID, existen 379 procesos judiciales para exigir la restitución total de los fondos destinados a becarios con incumplimiento. Muchos de ellos no vuelven porque las condiciones son mejores afuera, o porque no encontrarían trabajo en Chile. De lo primero es difícil hacerse cargo, pero respecto de lo segundo, se puede focalizar el esfuerzo de capacitación pensando en la realidad del mercado laboral nacional.  

Las reacciones ante el anuncio de Lincolao no se hicieron esperar. En redes sociales se puede recoger todo tipo de epítetos que la denigran. Otras versiones, más moderadas, como la de la exministra Etcheberry, intentan mostrar que, en realidad, los sectores productivos y el avance científico no pueden desligarse de investigaciones de ciencias sociales y humanidades. Hace un tiempo, de hecho, Matías del Río publicó un video en su cuenta de Instagram citando un reportaje de The Economist, en el cual se muestra que Google, Anthropic y OpenAI están contratando egresados y profesores de filosofía para enfrentar distintos problemas que surgen con el desarrollo de la inteligencia artificial y que, por cierto, no pueden ser resueltos por ella (uso ético, sesgo, discriminación, diseño y pensamiento autónomo, por nombrar algunos). 

Difícilmente se podría cuestionar el aporte de las humanidades y las ciencias sociales al desarrollo de la civilización y la comprensión de distintas dinámicas humanas, pero, aunque sea incómodo, la decisión de la ministra Lincolao va en la dirección correcta. Es fundamental usar los recursos responsablemente, porque después de estudiar programas de Magister, Doctorado y realizar Postdoctorados, muchos profesionales de esas áreas tienen serios problemas para encontrar trabajo y, si acaso lo encuentran, suelen terminar precarizados. Lo he visto innumerables veces y lo he vivido yo mismo. 

Desde que salí de mi Licenciatura en Filosofía, trabajé recibiendo remuneraciones bajas y esporádicas. Saqué mi Magister y las oportunidades laborales no aumentaron ni en cantidad ni en calidad. Hace un mes recibí el grado de Doctor en Filosofía y hoy, con alegría, puedo decir que tengo un buen puesto de trabajo. Pero si contrasto esta estabilidad con mis doce años de trayectoria laboral, esto es evidentemente una excepción. Y lo es también para amigos humanistas, mayores que yo y que han demorado años en encontrar plazas laborales estables y con proyección. A diferencia de ellos, yo opté por la beca de Doctorado nacional, precisamente porque vi muchos egresados de Doctorados en las mejores universidades de Europa que volvían a una cruda realidad en Chile. Pensé, entonces, que quedarme sería mejor estrategia, porque al menos mantendría redes académicas haciendo clases en distintas instituciones.   

Por suerte, pude percatarme de la fragilidad laboral de mi rubro desde temprano, pero muchos no se dan cuenta hasta que es muy tarde. Lincolao, entonces, no está negando la importancia de ciertas áreas del conocimiento, está planteando que el Ministerio de Ciencias debe tomar en consideración el ecosistema laboral chileno y que el Estado debe ser responsable en lo que tácitamente promete cuando otorga este tipo de becas. Lo contrario, por desgracia, es un daño para los postulantes. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad