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El futuro apreciativo de Chile Opinión

El futuro apreciativo de Chile

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Camilo Herrera Barros
Por : Camilo Herrera Barros Director Ejecutivo 3xi
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Si con la misma disciplina con que preguntamos qué anda mal, nos preguntáramos qué es lo que funciona y qué futuro podemos construir juntos, nos daríamos cuenta de que lo que falta, más que recursos, es un anhelo común del que todos nos sintamos parte.


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Hace unas décadas, David Cooperrider observó algo simple que cambia por completo la forma de mirar un problema: las personas y las organizaciones crecen en la dirección de las preguntas que se hacen. Si preguntamos una y otra vez qué está mal, encontramos cada vez más evidencia de lo que está mal. Si preguntamos qué funciona y qué futuro deseamos, empezamos a construir, sin darnos cuenta, el camino hacia ese futuro. A ese método se le llama indagación apreciativa. Yo elijo mirar a Chile con esa lente.

En las últimas semanas distintos analistas se han preguntado si el país está deprimido, y la pregunta tiene fundamento. Si uno mira a Chile como si fuera una persona, encuentra una biografía reciente cargada de golpes emocionales. Desde 2019 acumulamos una secuencia intensa: en octubre de ese año estalló la rabia, interrumpida poco después por el miedo del encierro pandémico: el proceso constituyente volvió a encender el entusiasmo, con un plebiscito de entrada apoyado por el 80% del país, hasta que fracasamos con dos propuestas. Hay buenas razones, entonces, para sentir lo que estamos sintiendo.

El sociólogo Roberto Méndez ha llegado a describir este pesimismo como una emergencia contagiosa: se instala en la conversación cotidiana y, de tanto repetirse, empieza a sentirse como un hecho, más que como un estado de ánimo. 

La psicología positiva ha documentado que cultivar deliberadamente emociones placenteras —esperanza, gratitud, entusiasmo— no es un ejercicio ingenuo, sino una intervención con efectos medibles. Ejercicios tan simples como anotar tres cosas buenas del día han mostrado que reducen síntomas depresivos. Mirar las fortalezas propias con la misma seriedad con que miramos los problemas protege frente a la ‘rumiación’, ese circuito mental que repite el malestar hasta convertirlo en identidad. No se trata de negar lo que duele, sino de no quedarnos atrapados ahí.

Cooperrider lo resume en tres principios: nuestras creencias moldean lo que hacemos y sentimos; las emociones positivas sostienen el cambio en el tiempo mucho mejor que el miedo o la crítica; y las imágenes de futuro que somos capaces de imaginar orientan nuestra acción presente.

Aplicado a Chile conviene mirar apreciativamente lo que sí funciona. El economista Manuel Cruzat ha planteado que Chile tiene un potencial enorme. El cobre y el litio se cotizan hoy en niveles récord, empujados por la transición energética, la electromovilidad y la expansión de los centros de datos. De sostenerse estos precios, plantea Cruzat, el país podría acercarse al equilibrio fiscal hacia 2030. La amenaza histórica del petróleo, además, pierde peso a medida que maduran el fracking y la eficiencia energética en el mundo desarrollado. Aunque los chilenos no hagamos nada, los próximos años podrían ser extraordinariamente buenos para Chile y su población. Imagínese si, además, pusiéramos de nuestra parte.  

Entiendo que esto pueda sonar lejano —o provocar rabia— a quien tiene dificultades para llegar a fin de mes, a jóvenes que no logran ni imaginar la casa propia, o a quien tiene un familiar en una lista de espera de salud. Ya hemos escuchado promesas parecidas, desde “la alegría ya viene” hasta “todo va a estar bien”. Por eso no le pido un acto de fe, sugiero que cada uno -políticos, comunicadores, empresarios, trabajadores, estudiantes, lectores de columnas- apliquemos una mirada apreciativa.

Permítame continuar haciéndole tres preguntas:

La primera ¿Chile tiene potencial? ¿Cuál es? Deténgase un momento antes de seguir leyendo y respóndase con verdad. Me atrevo a anticipar lo que pasará: se va a poner recto, se va a entusiasmar, y van a aparecer en su cabeza, casi atropellándose, todas las razones por las que Chile puede ser un país extraordinario. Le he hecho esta pregunta a muchísimas personas y todavía no me he topado con nadie que no tenga como respuesta un rotundo sí.

Entonces viene la segunda pregunta, y aquí el ejercicio cambia de tono: ¿Por qué no se desata ese potencial? Cuando hago esta pregunta, las respuestas se dispersan:  que nos falta un sueño país y una narrativa común sobre el futuro;  que el ambiente político polarizado permea al conjunto de la sociedad; que las oportunidades, cuando lleguen, beneficiarán solo a unos pocos; que no se puede confiar en las intenciones del otro grupo; que nuestra cultura es chaquetera: que desconfiamos del avance ajeno: que el éxito es mal visto, que nuestra raza es floja, que nos falta educación… Es muy probable que usted también tenga, en este momento, su respuesta favorita, la que ha repetido más de una vez en sobremesas o reuniones. Y ahora, la tercera pregunta: aquello que tiene sin desatar el potencial de Chile, ¿Depende de nosotros, los chilenos, o depende de alguien más que nosotros? Vuelva a pensarlo con calma, sin apuro. La respuesta, casi siempre, vuelve a ser categórica: solo depende de nosotros.

Ahí aparece la oportunidad de construir esperanza. Si todas las razones que traban nuestro potencial nacen de nosotros mismos, el porvenir de Chile está en manos de los chilenos.

Si con la misma disciplina con que preguntamos qué anda mal, nos preguntáramos qué es lo que funciona y qué futuro podemos construir juntos, nos daríamos cuenta de que lo que falta, más que recursos, es un anhelo común del que todos nos sintamos parte.

El futuro no está escrito: se moldea según cómo miramos y actuamos. Quienes practican la indagación apreciativa se encuentran con nuevas posibilidades solo porque cambiaron la pregunta que se hacían cada día. 

Chile tiene los recursos y el talento; lo que falta depende de nosotros. Así que se lo pregunto derechamente: ¿Al igual que a mí, no le vendría bien también a usted practicar un poco de indagación apreciativa?

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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