Opinión
Judith Marín, en una manifestación contra el aborto en el Congreso (Archivo)
¿Y después de nacer?
Una parte de la derecha ha hecho de la defensa de la vida por nacer una de sus principales banderas. Pero entonces viene una pregunta bastante obvia: ¿qué pasa después de nacer? ¿Qué pasa si esa persona nace pobre, no encuentra trabajo, migra buscando una oportunidad, envejece o enferma?
Hay una reflexión del Papa León XIV que me quedó dando vueltas. Cuando le preguntaron por quienes se definen como “provida”, fue bastante claro: quien está contra el aborto, pero a favor de la pena de muerte, difícilmente puede sostener de manera coherente esa definición. Lo mismo dijo respecto de quienes rechazan el aborto, pero aceptan el trato inhumano de los migrantes.
La frase incomoda. Y creo que está bien que así sea, porque obliga a preguntarnos hasta dónde llegan realmente nuestras convicciones.
Una parte de la derecha ha hecho de la defensa de la vida por nacer una de sus principales banderas. Pero entonces viene una pregunta bastante obvia: ¿qué pasa después de nacer? ¿Qué pasa si esa persona nace pobre, no encuentra trabajo, migra buscando una oportunidad, envejece o enferma? Si creemos de verdad en la dignidad humana, no podemos reconocerla en algunos casos y olvidarla en otros.
Esto no significa ingenuidad frente a la delincuencia o la migración irregular. El Estado debe controlar sus fronteras, expulsar a quienes corresponda conforme a la ley y garantizar seguridad. Quien comete un delito debe responder, sea chileno o extranjero. Pero ejercer autoridad no exige deshumanizar a nadie.
Con el trabajo ocurre algo parecido. A veces hablamos del empleo como una cifra: subió, bajó, se crearon o destruyeron tantos puestos. Para una familia es bastante más que eso. Tener trabajo es independencia, tranquilidad y la posibilidad de construir un proyecto de vida. Cuando alguien quiere trabajar y no encuentra dónde hacerlo, no tenemos solamente un problema económico. También tenemos un problema de dignidad.
Y aquí creo que mi propio sector tiene una deuda. Durante demasiado tiempo dejamos que otros se apropiaran del lenguaje de la vida, mientras nosotros hablamos de derechos, pero bastante menos de trabajo, comunidad, cuidado y dignidad.
Tal vez tengamos que volver a algo elemental: ser progresista debería significar creer que podemos construir una sociedad más humana.
Esta discusión, además, tiene hoy una dimensión nueva. El cardenal Fernando Chomali, hablando de inteligencia artificial, hizo una pregunta que me parece notable: “¿Seremos esclavos o seremos libres? ¿Seremos manipulados o seremos manipuladores?”
No me parece exagerado. Los algoritmos aprenden nuestros miedos y debilidades. Las redes descubrieron que la indignación captura nuestra atención. La inteligencia artificial permite fabricar imágenes, voces y hechos que nunca ocurrieron y, al mismo tiempo, transformará profundamente el trabajo.
No creo que haya que temerle a la tecnología. Puede mejorar la medicina y la educación, aumentar la productividad y abrir enormes oportunidades. La discusión es quién controla ese poder, para qué lo utiliza y qué hacemos con quienes pueden quedar atrás.
Una persona no puede terminar convertida en un voto que capturar, un consumidor que predecir, un trabajador que reemplazar o un dato que vender.
Quizás por eso me ha hecho tanto sentido la reflexión del Papa. Me interpela especialmente desde la tradición política a la que pertenezco. No porque el Papa se haya vuelto de izquierda. Eso sería absurdo. Sino porque pone sobre la mesa una pregunta que nosotros también deberíamos hacernos: ¿qué significa hoy defender realmente la dignidad humana?
Para mí significa defender al que está por nacer, pero no olvidarlo después. Defender a la víctima sin negar que el condenado sigue siendo una persona. Controlar nuestras fronteras sin quitarle humanidad al migrante. Y entender que el trabajo y nuestra libertad frente a la tecnología también son parte de esa dignidad.
Puede incomodar a la derecha. También debería incomodarnos a nosotros.
Quizás de eso se trate progresar: no solamente de llegar antes al futuro, sino de preocuparnos de cómo llegamos y en qué nos estamos convirtiendo en el camino.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.