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Chile envejece, nacen menos niños: ¿y la respuesta es menos Estado? Opinión

Chile envejece, nacen menos niños: ¿y la respuesta es menos Estado?

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Sindy Salazar Pincheira y Carolina Cisterna
Por : Sindy Salazar Pincheira y Carolina Cisterna Sindy Salazar Pincheira – CORAFEM Carolina Cisterna – OLA Chile
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Delegación de la sociedad civil desde la Sexta Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de la CEPAL, en Montevideo. Una pregunta para Chile: frente al cambio demográfico, ¿qué sociedad estamos construyendo y quién terminará sosteniéndola?


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Chile está teniendo menos hijos y viviendo más años. En 2025 llegamos a una fecundidad histórica de apenas 0,99 hijos por mujer. Este año ya tenemos 92,5 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15 y el INE proyecta que en 2028 las personas mayores superarán a los menores de 15 años. El cambio demográfico no es solo cuestión del futuro. Está ocurriendo ahora.

Esta semana estamos en Montevideo, en la Sexta Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de la CEPAL, donde se discutirán fecundidad, envejecimiento, cuidados de largo plazo y las políticas públicas necesarias frente al cambio demográfico. Y desde Chile nos preguntamos, si nuestra sociedad está cambiando de esta manera, ¿de verdad la respuesta puede ser menos Estado? Porque la demografía también se gobierna.

Detrás de una mujer que decide si puede o quiere tener un hijo no hay solamente un deseo. Hay un sueldo, un arriendo, un trabajo, una lista de espera, horas que no alcanzan para vivir y una pregunta muy concreta: ¿Quién lo va a cuidar? Y décadas después, cuando envejecemos, la pregunta vuelve.

Mientras este cambio exigirá prepararnos mejor para la salud, la protección social y los cuidados, el Gobierno implementó un ajuste fiscal de US$1.937 millones que alcanzó 26 de las 33 partidas presupuestarias. Al mismo tiempo, impulsa reducir gradualmente el impuesto de primera categoría de las empresas del 27% al 23%. Y mientras se declara preocupación por la baja natalidad, sectores políticos impulsan iniciativas como “Escucha su corazón”, que pretende incorporar nuevas exigencias antes de una interrupción legal del embarazo. O un bono para “combatir” la baja natalidad, irrisorio para cualquier madre que cría.

Este repliegue del Estado no es neutro, construye el país que tendremos mañana. Recortar capacidades públicas mientras se rebajan impuestos y se busca garantizar a grandes inversiones años de invariabilidad tributaria es decidir quién tendrá certezas y quién cargará con los riesgos. Quienes pueden pagar salud, cuidados o una buena vejez tendrán una salida individual. Para las grandes inversiones se quiso asegurar estabilidad tributaria por años; para las familias que necesitan al Estado, la certeza parece ser otra: arreglárselas con “lo que hay”.

Eso no es construir futuro. No podemos preocuparnos por que nazca la vida mientras hacemos más difícil sostenerla. Ni hablar de natalidad convirtiendo nuevamente los cuerpos de las mujeres en territorio de disputa.

Un Estado puede construir el sistema de cuidados o esperar que una hija cuide sola a sus padres. Puede hacer compatible el trabajo con la crianza o seguir preguntando por qué las mujeres no tienen hijos. Puede garantizar derechos o dejarlos depender del dinero de cada familia.

Cuando el Estado retrocede, las necesidades no retroceden con él. La guagua sigue necesitando brazos. La enfermedad sigue necesitando atención. La vejez sigue necesitando compañía. Alguien siempre termina sosteniendo la vida.

La verdadera discusión demográfica no es solamente cuántos vamos a ser. Es cómo queremos vivir y qué estamos dispuestos a garantizar colectivamente para hacerlo con dignidad. Chile está decidiendo hoy qué condiciones ofrecerá para nacer, crecer, criar, cuidar y envejecer.

Quizás esa sea la medida más honesta de una sociedad: no cuánto “dice” valorar la vida, sino cuánto está dispuesta a cuidarla. Desde el primer hasta el último día.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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