Opinión
Crédito foto: Isla del Rey, Wikipedia
Ley de Fomento Forestal ¿para qué y para quiénes?
Buscamos una ley que piense en la seguridad hídrica de sus territorios y su equilibrio, considerando cada una de sus particularidades, una ley que permita transformar la industria forestal hacia la restauración del bosque nativo.
La pregunta acá no debiera ir hacia si debe cambiar o no la ley de fomento forestal. La necesidad de su cambio es urgente, lo importante aquí es de qué forma y quienes serán beneficiarios de esta transformación.
Escribo esta reflexión desde mi propia historia y mi vínculo con la Isla del Rey. Soy Rayen Lonkomilla Igor, residente de este territorio, y mi tuwün materno está aquí. Mi madre nació en la Isla, en un parto natural, y mi familia ha sido parte de esta historia por generaciones. Mi tatara-tatara abuelo fue Manuel Lonkomilla, reconocido como el último lonko que tuvo este territorio. Por eso, cuando hablo del bosque, del agua y de la transformación del paisaje, lo hago desde una memoria familiar y territorial que ha vivido la historia forestal, la huella del fuego y cómo este lugar ha cambiado profundamente y cómo esos cambios han impactado la vida de quienes seguimos habitando.
Posicionémonos desde un poco de historia y contexto insular
La isla del Rey, es una isla de aguas continentales, se encuentra ubicada en la Bahía de Corral, siendo la más grande de la Región de Los Ríos, con 5.103 ha. Históricamente cubierta por bosque templado lluvioso donde predomina el Lawan / Alerce, Ciprés de la Guaitecas y turberas, pero durante las últimas décadas gran parte de la isla fue reemplazada por el monocultivo forestal. Esto no solo significó un cambio del paisaje, sino que, “la isla se desangró” como me dijo mi tío abuelo. El Alerce —Lawan en mapudungun— en la isla del Rey, se encuentra en su límite norte de distribución natural, es decir, que desde esta isla comienzan los bosques de esta especie nativa y emblemática hacia el sur.
Declarado monumento natural, hoy se encuentra suprimido entre la plantación de exótico y con una alta mortandad que refleja la competencia por agua, luz y espacio, lo que también representa la pérdida progresiva del bosque antiguo, la historia natural y cultural de la isla.
En el 2018 las empresas comenzaron las cosechas en las cumbres generadoras de agua potable, lo que produjo un deslizamiento de tierra y colapso de la bocatoma del agua potable rural que significó que la comunidad comience a recibir agua con barro, situación que se advirtió y notificó que pasaría. El problema aquí fue que todo este conocimiento no se consideró oportunamente en decisiones de protección y prevención. Ante esta situación, la comunidad comenzó rápidamente con mesas de trabajo para restaurar las zonas ribereñas y reconstruir la infraestructura de la captación de agua. Además, se actuó con otra estrategia: la denuncia ante el sistema internacional de certificación forestal (FSC), argumentando el incumplimiento de criterios ambientales, sociales y culturales, lo que provocó el cese inmediato de las cosechas en toda la isla.
Pero la situación continúa, en el 2027 las empresas comenzarán nuevamente las cosechas en las cumbres generadoras de agua, el cementerio mapuche y la mortandad de los bosques de alerce siguen en la propiedad de forestal japonesa, que dicen regirse por lo que el marco legal establece, pero no aplican las zonas búfer de protección de monumentos naturales de 1 ha y siguen plantando en las cuencas hídricas. Lo que demuestra que la restauración ecológica requiere de transformaciones en las políticas públicas.
Es tremendamente riesgoso el discurso de que “el problema del agua se reduce a la ley de fomento del riego”. Sabemos que hay una distribución no equitativa del agua, pero también sabemos que la alta producción forestal con monocultivos de pino y eucaliptus, considerando todo lo que conlleva (tala rasa, problemas de erosión y fragmentación del hábitat) constituye un problema central para garantizar el acceso al agua, no solo para el riego, sino también para el abastecimiento de nuestras viviendas.
Ya son varios años que vemos la escasez hídrica en la Isla, donde las huertas familiares deben desarmarse durante el verano por la falta de agua disponible para la comunidad, situación que también se vive en otras partes de la Región de Los Ríos.
Mientras la discusión no se centre en las personas, y sigan enfocándose en la producción, la economía de las grandes empresas y la “competencia” con el mercado forestal de Perú, estaremos perdiendo el foco en la verdadera necesidad forestal para nuestros territorios: las personas que los habitamos y las formas de vida que aquí se sostienen.
En las Islas son necesarias Políticas Insulares que consideren el ordenamiento territorial en base a las cuencas hídricas abastecedoras de agua y la declaración de estas como: Áreas de Alto Valor de Conservación (AAVC). No basta solo con los 5 m de protección con bosque nativo en cursos de agua que establece la Ley 20.283 de Bosque Nativo; es insuficiente. Necesitamos toda la cuenca y su cumbre generadora de agua, además necesitamos mantener un equilibrio en los usos de suelo. No es posible que haya más superficie de plantaciones forestales que bosque nativo y que la comunidad quede limitada en el borde costero, justo en el territorio más afectado por el maremoto del 60 el más grande de la historia.
Buscamos una ley que piense en la seguridad hídrica de sus territorios y su equilibrio, considerando cada una de sus particularidades, una ley que permita transformar la industria forestal hacia la restauración del bosque nativo, especialmente el amenazado como el de Alerces, en territorios sensibles como las islas, junto con la restauración social y biocultural que esta misma industria ha afectado.
Finalmente entendemos que la restauración ecológica, nos lleva a un proceso de revitalización bio-cultural y la revitalización bio-cultural es una estrategia de restauración territorial.
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