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Una labor pedagógica invisibilizada: la deuda del país con las técnicos en educación parvularia Opinión

Una labor pedagógica invisibilizada: la deuda del país con las técnicos en educación parvularia

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Reconocer la labor pedagógica de las técnicas en educación parvularia no puede limitarse a una declaración de valoración de su rol pedagógico: exige políticas para mejorar sus condiciones laborales y promover trayectorias viables de desarrollo laboral.


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Este 26 de agosto en el que se conmemora el Día del Técnico en Educación Parvularia: es una oportunidad para no solo visibilizar su rol en el sistema educativo, sino reconocer las deudas que la política pública tiene con ellas. Las técnicos en educación parvularia forman parte crítica del equipo pedagógico del nivel. Esta importancia se refleja de manera categórica en las cifras del sistema educativo chileno: representan el 66,4% del personal que trabaja en salas cunas y jardines infantiles, casi duplicando en número al conjunto de educadoras y directoras . Esta alta proporción no es casual, sino que corresponde a la normativa mínima de dotación establecida por el Ministerio de Educación y confirma que el funcionamiento cotidiano de los establecimientos públicos y privados, encuentra en su labor un eje clave. Su función es crítica para sostener las rutinas cotidianas, dar vida a la planificación de experiencias de aprendizaje e impulsar objetivos de desarrollo para cada niño y niña a su cargo. Así, ellas asumen gran parte del trabajo directo en el aula, desde las rutinas cotidianas hasta la ejecución de experiencias de aprendizaje e ideas para la planificación, y son quienes establecen las interacciones y afectos más cercanos con los párvulos y sus familias.

Pese a su importancia, las políticas públicas y educativas las han relegado históricamente. Como señalan Felipe Godoy y colegas, nuestro sistema tiende a valorar únicamente las credenciales universitarias, invisibilizando el aporte de quienes cuentan con formación técnico media o superior. Esta invisibilización se manifiesta en dos planos críticos: En lo laboral, prima la heterogeneidad y la falta de un estatuto de desarrollo de desarrollo laboral, que abarque tanto a las profesionales del sector público como privado (hoy sólo las primeras se rigen bajo el Estatuto de los Asistentes de la Educación Pública, que consagra incentivos como asignaciones de experiencia y bonos de desempeño). En lo formativo, aunque el propio Ministerio de Educación promueve que las técnicos avancen hacia la carrera de Educadora de Párvulos, la ausencia de un marco estandarizado de homologación entre la educación secundaria técnico-profesional, los centros de formación técnica y las universidades genera barreras institucionales para la progresión hacia estudios profesionales.

Dicha falta de reconocimiento también se expresa en condiciones laborales que no se condicen con la relevancia de su rol. Un diagnóstico de la Dirección de Presupuestos muestra que en 2023 las técnicos en educación parvularia recibían remuneraciones brutas promedio de alrededor de $800 mil mensuales, aun considerando jornadas completas. A ello se suma evidencia cualitativa que muestra que la mayoría de las técnicos de salas cuna considera estar sobrecargada con labores administrativas.

Reconocer la labor pedagógica de las técnicas en educación parvularia no puede limitarse a una declaración de valoración de su rol pedagógico: exige políticas para mejorar sus condiciones laborales y promover trayectorias viables de desarrollo laboral.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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