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El mundo sigue andando

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Sergio Arancibia
Por : Sergio Arancibia Doctor en Economía, Licenciado en Comunicación Social, profesor universitario e investigador Instituto Igualdad
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El incremento de los aranceles estadounidenses derivará en una reducción de los bienes que el resto del planeta exporta hacia ese país.


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Como es ya archiconocido, Estados Unidos ha aplicado y continúa imponiendo aranceles a las importaciones provenientes del resto del mundo, utilizando argumentos y justificaciones de la más variada índole.

Esta situación ha provocado que las normas que regulan el comercio exterior estadounidense se tornen caóticas e impredecibles. Dado que Estados Unidos es responsable de aproximadamente el 13 % de las importaciones y del 9 % de las exportaciones mundiales, resulta evidente que sus medidas afectan a una parte sustancial de las naciones. Esto ha llevado a no pocos observadores a caer en un profundo pesimismo y a sostener que prácticamente se ha perdido todo lo que en materia de normas, se ha construido desde la Segunda Guerra Mundial, dando paso a un escenario internacional carente de reglas claras.

El incremento de los aranceles estadounidenses derivará en una reducción de los bienes que el resto del planeta exporta hacia ese país. En consecuencia, muchas economías terminarán vendiendo menos a dicho mercado y reorientando sus flujos de importación y exportación hacia terceros países.

Sin embargo, existe más de 300 acuerdos de libre comercio firmados y plenamente vigentes entre la inmensa mayoría de las naciones no estadounidenses, lo que constituye un sólido sostén jurídico para el comercio internacional. Hasta la fecha, no se conocen casos de países que hayan emprendido una carrera por desahuciar esos tratados, elevar sus aranceles o acentuar el proteccionismo.

El intercambio comercial entre los países distintos a Estados Unidos ha mantenido su curso; si bien registra variaciones en los montos negociados, conserva las normas que lo rigen. Incluso se han suscrito nuevos acuerdos de libre comercio en fechas recientes —como el pacto entre la India y la Unión Europea—, lo cual preserva y profundiza un comercio internacional fundamentado en reglas previsibles y constantes.

En cuanto al respeto a la soberanía territorial —a pesar de que al menos dos países han vulnerado fronteras ajenas en el último tiempo—, dichos actos han sido condenados por la mayoría de la comunidad internacional. Bajo ninguna circunstancia se ha generado un movimiento masivo orientado a desconocer las fronteras consolidadas durante los últimos cincuenta años.

Por otro lado, Estados Unidos realiza esfuerzos para que los Estados parte del Tribunal Penal Internacional abandonen dicha institución, la cual representa un hito histórico en la persecución y condena de violaciones a los derechos humanos. Aunque este organismo siempre ha contado con ausencias de peso —incluida la del propio gobierno estadounidense—, se mantiene como una entidad en consonancia con la preocupación global por los derechos humanos. De hecho, la inmensa mayoría de los países signatarios han ratificado su compromiso con la permanencia del tribunal.

Por consiguiente, tanto en el ámbito del comercio internacional como en el del respeto a las fronteras y de la defensa de los derechos humanos, el mundo continúa preservando reglas de convivencia y buen funcionamiento. Quienes mantienen esta postura representan claramente a la mayoría de las naciones y pueblos de la sociedad contemporánea. Así pues, aun con las complejas dificultades del presente, existen fundamentos como para conservar el optimismo y mantener la fe en la especie humana. 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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