Opinión
Data centers, conflictos locales y democracia
El problema tras esto es gigantesco. La expansión de infraestructura invasiva de IA (centros de datos y energía) no puede hacerse transgrediendo a la población local, lo que tarde o temprano pasa la cuenta en las sociedades democráticas.
Los centros de datos, o data centers, han estado en el centro del debate público en los últimos años. Estos forman parte de la infraestructura para la acelerada expansión de la inteligencia artificial, y requieren una gran cantidad de energía y de agua. Por esta razón, muchas veces la población local se opone a su construcción. La verdad, esto no es novedoso. Suele haber oposiciones locales al desarrollo de infraestructura a gran escala por distintos motivos, particularmente cuando esta impacta recursos críticos locales (agua, aire, etc.) y no ofrece mejoras materiales a la población local. Si bien estos conflictos son relevantes de por sí, se vuelven hechos políticos de mayor alcance cuando alcanzan la escala nacional e impregnan el debate político.
Esto es lo que ha venido pasando en Estados Unidos en el contexto de la expansión de esta infraestructura (ya tienen más de 4.000). Todo dentro de la competencia geopolítica por dominar la inteligencia artificial, y – como no – de las elecciones de noviembre. Donald Trump posteó un mensaje esta semana cuestionando la proliferación de oposición local al desarrollo de centros de datos, y pidiendo dejar “reinar a los datos” (lo que sea que eso signifique).
Lo interesante del mensaje es el contexto de fondo. La oposición a centros de datos está escalando políticamente. Las encuestas se inclinan masivamente en contra del desarrollo de estas infraestructuras en sus localidades, por los efectos nombrados más el ruido y el aumento de las tarifas eléctricas. Y cuando la opinión pública se inclina, políticos en campaña buscan capitalizarla. No solo demócratas de Michigan y Nueva York, en donde hay moratorias para no construir nuevos proyectos, sino también republicanos de Texas han elevado estándares e impuesto restricciones.
Este escenario no solo molesta a Trump y su agenda pro-inversión y de reposicionamiento geopolítico, sino también a las compañías de IA. Estas no solo tienen millones invertidos en infraestructura, sino también en apoyos políticos que se están volviendo endebles. También el relato de la IA está siendo cuestionado, sobre todo por su expansión deshumanizada, con expresiones notorias en el mercado del trabajo, y por la desigual distribución de los costos y beneficios entre las comunidades locales y las grandes corporaciones.
El problema tras esto es gigantesco. La expansión de infraestructura invasiva de IA (centros de datos y energía) no puede hacerse transgrediendo a la población local, lo que tarde o temprano pasa la cuenta en las sociedades democráticas. El caso de Estados Unidos muestra que esto no se corrige con financiamiento de campañas políticas ni tampoco con discursos de competencia geopolítica y oportunidades de desarrollo. Por digital y automatizado que se vea el futuro, no es poca la población que tiene a la IA más cerca de sus temores que de sus anhelos. Peor aún cuando la infraestructura tiene impactos sobre tu entorno inmediato. La pregunta es cómo direccionar este tren que viene a toda velocidad, de modo que permita tener futuros inclusivos en donde la sociedad acerque la IA a sus anhelos y la aleje de sus temores.
Chile cuenta con 37 data centers operativos, y vienen más en la línea de producción. Ha existido desconfianza y oposición local, particularmente en Cerrillos y Quilicura. Chile busca tener un posicionamiento frente a la inteligencia artificial, para lo cual requerirá estas infraestructuras. ¿Cómo se desarrollarán estos proyectos en los territorios en que se insertarán? Si dejamos “a los datos reinar”, quién reinará serán las corporaciones tras las infraestructuras de la IA, las que no tienen en sus funciones principales proteger la democracia ni fomentar la inclusión social. Si se quiere dar un enfoque humanista y democrático a la IA, es necesario tomar el desafío político de direccionar su destino en el país. Hay muchas personas que corren el riesgo de quedarse atrás en esta transformación. Esto no es solo en el mundo del trabajo, sino también es para quienes convivirán con esta infraestructura. Esto también es un desafío democrático para avanzar con la inteligencia artificial en el país.
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