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Una fuerza militar híbrida Opinión

Una fuerza militar híbrida

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Incorporar los objetivos de una Fuerza Híbrida Conjunta, tripulada y no tripulada, evolutiva y financiable con un personal cada vez menos disponible.


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En esta nueva celebración del Día de las Glorias del Ejército de Chile resulta oportuno reflexionar respecto a los desafíos políticos, estratégicos, tecnológicos, financieros y humanos que surgirán de las impostergables transformaciones hacia una fuerza militar híbrida, compuesta por sistemas avanzados, tripulados y autónomos no tripulados, que no pretenden sustituir las capacidades humanas existentes, sino que fortalecer la magnitud y letalidad de la fuerza, haciéndola económicamente sustentable y consistente con el cada vez más reducido personal disponible.

Gestión presupuestaria y recursos humanos

En este contexto, debemos comenzar aclarando que corresponde a las autoridades políticas evaluar el dimensionamiento de las dotaciones y la renovación de los sistemas de armas, a partir de una Apreciación Global Política Estratégica que considere la evolución del escenario vecinal, regional e internacional, los equilibrios estratégicos resultantes y las disponibilidades financieras y, de acuerdo a la metodología plan-programa-presupuesto-ejecución, se proponga al Congreso Nacional una autorización de gastos presupuestarios anuales, para que luego  se faculte al Ministerio de Hacienda para cursar las asignaciones efectivas de estos fondos.

Para graficar la evolución de estos presupuestos debemos señalar que en los últimos 36 años hemos aumentado en un 68% el gasto de defensa, en dólares de 2026, desde MMUS$2.801.- en 1990 a MMUS$4.699.- en 2026, destinándolos principalmente al crecimiento de 136% en el subtítulo personal y también al aporte anual para capacidades estratégica de la defensa, financiados por la Ley N°21.174, que a julio de este año 2026 tiene ejecutado MMUS$293.- de los MMUS$490.- asignados (dipres.cl).

Con el objeto de completar este escenario es necesario evaluar también la situación del personal militar activo de una “fuerza lista para el combate” de alrededor de 80.000 militares, la mayoría profesionales, que están resultando cada vez más difícil de reclutar, como se infiere en la reducción de un 60% de los nacimientos desde los 292.146 de 1990 a los 154.433 de 2024.

Respecto a la situación del personal en retiro, es ilustrativo conocer que la Caja de Previsión de la Defensa Nacional (Capredena) pagó 104.272 pensiones durante el año 2024 que, según lo publicado por la Fundación Sol, corresponderían a un monto promedio mensual de $2.883.275.- para oficiales y de $1.185.932.- para el cuadro permanente, con un crecimiento real de 36% desde el año 2005.

No obstante, la gravedad de estos antecedentes, es necesario recordar que el 18 de enero de 2019 el Ejecutivo ingresó a primer trámite en la Cámara de Diputados el proyecto de ley Boletín N°12391-02 que “Establece una modernización de la carrera profesional para las Fuerzas Armadas”, que hoy duerme desde el 16 de agosto de 2022 sin ningún avance, lo que resulta impresentable para intentar resolver paulatinamente las situaciones descritas.

En palabras de un brillante profesional de larga carrera podemos resumir estas situaciones en que: “Si no hay recursos para mantener las Capacidades Estratégicas, no hay material y si se rebajan las pensiones, no hay personal…y si no se toma ninguna medida, el material y equipamiento de las Fuerzas Armadas el año 2040 se caerá a pedazos”.

Las lecciones de Ucrania

En la actualidad los medios de comunicación exhiben esta guerra en tiempo real, mostrando la destrucción de vehículos acorazados y grandes piezas de artillería y facilitándonos conocer los efectos de los nuevos sistemas de armas y los resultados que han obtenido en su doctrina de uso, que lamentablemente aún no vemos reproducidos en nuestros ejercicios militares.

Después de cuatro años de seguir desplegando vehículos blindados altamente vulnerables para resistir ataques de drones de alto explosivo, es evidente que un ejército moderno ya no detiene al enemigo solo con más blindaje, sino detectando los proyectiles en el aire, localizando en segundos la pieza que disparó y destruyendo el lanzador antes de que pueda huir. Es decir, la operatividad de cada plataforma depende de un conjunto de sistemas, sensores y de la vulnerabilidad a las interferencias de sus comunicaciones.

Este cambio de doctrina se ha traducido en que los tanques y la artillería pesada ya no deben operar de forma independiente, sino que integrarse en una red de combate dispersa, como se observa en la evolución de los tanques Abrams M1-E3 y de los Vehículos de Combate de Infantería Linx XM-30 de Estados Unidos, que se espera les permita operar en formaciones híbridas que integren vehículos robóticos y sistemas aéreos no tripulados. Ucrania es el ejemplo real de lo que está por venir.

Sistemas de armas autónomas

Los Estados que participan de la Convención sobre Armas Convencionales (CCW) actualmente se reúnen en Ginebra–Suiza para buscar un consenso sobre un texto que podría dar paso a negociaciones sobre prohibiciones y regulaciones para los nuevos Sistemas de Armas Autónomas Letales (LAWS), considerando su capacidad de atacar objetivos de una forma impredecible que aumenta el riesgo de errores fatales sobre los civiles no combatientes.

En este marco, lo recientemente señalado por el Primer Lord del Mar del Reino Unido Almirante Sir Gwyn Jenkins: “con tripulación donde sea necesario, sin tripulación siempre que sea posible, integrados siempre” nos orienta para desarrollar una fuerza híbrida de redes de armas tripuladas y no tripuladas, diseñadas para combatir en un sistema integrado, que se conciba como plataformas capaces de controlar grupos de combate autónomos dispersos, al mismo tiempo que mantener sus capacidades propias de combate.

Para ello será necesario considerar lo expuesto por el General Steve Whitney de la USAF: “disponer del mejor talento humano es esencialmente clave de cara a futuros conflictos… pues saber cómo se luchará y como se hará de la forma más efectiva será todo un reto para definir las nuevas estructuras que soportarán las capacidades que se requerirán…”, lo que deberá traducirse en un juicio humano rápido para determinar si un contacto es realmente hostil y decidir cuándo se debe autorizar el uso de la fuerza letal , lo que demandará un entrenamiento integral que mantenga sus competencias.

La presencia de futuros buques y aviones de combate autónomos y colaborativos se materializará como una fuerza de combate integrada con sistemas tripulados dispersos en múltiples ubicaciones para reducir su vulnerabilidad, lo que permitirá aumentar sus capacidades sin incrementar los costos asociados. Los vehículos no tripulados serán más económicos, permitirán operaciones durante periodos prolongados, reducirán los riesgos para las tripulaciones y ayudarán a resolver la falta de personal.

El futuro es posible

Nuestro continente sudamericano sigue sufriendo los efectos de las incursiones del Imperio Americano en diversos conflictos, como ahora que pretende eliminar el narcotráfico militarmente, involucrándonos en que: “No hay razón para que ningún país, especialmente aquellos que enfrentan amenazas narcoterroristas, gasten tan poco en defensa”, que nuestro Ministerio de Defensa ha rechazado tajantemente, aclarando que: “…el gasto de defensa, las capacidades y los recursos destinados a la defensa son una decisión soberana de cada país”.

En este escenario, las recientes compras de nuestro vecino Perú han seguido las directrices políticas norteamericanas desatendiendo las evoluciones tecnológicas de los sistemas de armas y adquiriendo 24 aviones F16-block 70 que incluyen restricciones para acceder a los códigos de acceso que permitan operar sus armas, como también negociando tanques coreanos K-2 Black Panther, ejemplos obsoletos que debieran servir para convocar a nuestras autoridades políticas y militares a una profunda reflexión, postergando sus evaluaciones hasta lograr definiciones de conjunto sobre los efectos de las tecnologías emergentes.

Particularmente nos preocupa repetir estos errores en el tan anunciado proyecto de construcción de nuevas fragatas para la Armada de Chile, considerando que la parte más fácil será la construcción de los cascos que se pretende desarrollar en Chile y olvidando la evolución de los nuevos sistemas de combate, por ejemplo, el desarrollo de fragatas nodrizas en Países Bajos, que incorporarán vehículos de superficie no tripulados (USV) que dispondrán de un sonar de profundidad variable que le facilitará la caza remota de los submarinos adversarios, reduciendo el riesgo para la tripulación que los controla.

En esta columna de opinión hemos pretendido demostrar que los desafíos para la renovación de nuestras capacidades estratégicas de la defensa no son solo un problema de más financiamiento, sino que principalmente son un cambio cultural y tecnológico para su asignación de forma más eficiente, para lo cual debiera considerarse en la próxima actualización de nuestra Política de Defensa, programada para noviembre 2026, incorporar los objetivos de una Fuerza Híbrida Conjunta, tripulada y no tripulada, evolutiva y financiable con un personal cada vez menos disponible.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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