Opinión
Chile y el fantasma de la estanflación
Chile todavía no está necesariamente en estanflación. Pero está transitando por una zona en que inflación resistente y bajo crecimiento comienzan a coexistir peligrosamente.
La palabra estanflación asoma cuando una economía enfrenta una combinación especialmente incómoda: inflación elevada o persistente, bajo crecimiento económico y deterioro del empleo. Es un escenario complejo porque las políticas destinadas a contener los precios pueden profundizar la debilidad de la actividad. ¿Estamos hoy en esa situación en Chile?…
Hay argumentos importantes para sostener que nos estamos acercando. La economía se ha debilitado significativamente durante 2026 y el Banco Central acaba de reducir su proyección de crecimiento para este año a apenas 0,25%-0,75%, desde el 1%-1,75% estimado en junio. A ello se suma un segundo trimestre con PIB negativo y una menor producción minera, junto con una demanda interna que perdió dinamismo.
El mercado laboral refuerza la preocupación. La tasa de desocupación alcanzó 9,5% en mayo-julio, 0,8 puntos porcentuales más que un año atrás, mientras el número de ocupados disminuyó 0,2% y las horas efectivamente trabajadas cayeron 1,8%. La informalidad, además, se ubicó en 26,5%.
Al mismo tiempo, la inflación no termina de converger a la meta. El IPC de agosto aumentó 0,6%, acumulando 4,1% en doce meses. Alimentos y transporte explicaron buena parte del incremento, reflejando factores de oferta y costos que escapan parcialmente al control de la política monetaria.
Sin embargo, todavía existen razones para afirmar que Chile no está en una estanflación propiamente tal (aún). La inflación subyacente se mantiene bastante más contenida, entre 3,2% y 3,4%, y las expectativas de inflación continúan ancladas en torno al 3%. El Banco Central, además, proyecta que la inflación convergerá a la meta durante el segundo trimestre de 2027.
Por tanto, más que hablar de una estanflación consolidada, parece más apropiado hablar de un escenario de riesgo estanflacionario. La economía está prácticamente estancada, el mercado laboral se ha deteriorado y la inflación permanece sobre la meta, mientras shocks externos —como el aumento de los combustibles— y factores internos, entre ellos condiciones climáticas adversas y menor producción minera, agregan presión.
La principal lección es evitar respuestas simplistas. La inflación actual no se explica únicamente por un exceso de demanda, por lo que la política monetaria tiene límites para resolverla. Pero tampoco puede ignorarse el riesgo de que shocks transitorios de costos terminen contaminando la inflación subyacente y las expectativas.
El desafío, entonces, es doble: evitar que la inflación se vuelva persistente sin profundizar innecesariamente el debilitamiento de la actividad y el empleo. La política económica debe complementar la acción monetaria con medidas que fortalezcan la inversión, la productividad, la infraestructura y la resiliencia frente a shocks de oferta.
Chile todavía no está necesariamente en estanflación. Pero está transitando por una zona en que inflación resistente y bajo crecimiento comienzan a coexistir peligrosamente.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.