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Data centers Chile-Argentina: el valor de la confianza Opinión Archivo

Data centers Chile-Argentina: el valor de la confianza

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Francisco Bascur Tapia
Por : Francisco Bascur Tapia Consultor Senior Socioambiental y de Asuntos Públicos. Director Ejecutivo de B. Consultoría
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La verdadera ventaja competitiva de Chile y Argentina no estará en ofrecer territorios sin preguntas, sino en demostrar que pueden recibir inversión con reglas claras, información confiable y relaciones de largo plazo genuinas.


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Este año Chile se ha ido posicionando dentro del mapa de los data centers, aunque apenas estamos dimensionando sus efectos. Hoy la discusión ya cruzó la cordillera, y Argentina igualmente ha ido tomando peso en este tipo de iniciativas. La infraestructura que sostiene la inteligencia artificial dejó de ser invisible y se convirtió en foco de controversia territorial, aunque con poca mediatización.

Sin duda, la oportunidad económica es real. Son infraestructura crítica y movilizan inversión. Pero su materialidad queda fuera del relato, porque necesita suelo, electricidad continua, enfriamiento, agua y nuevas redes. La Agencia Internacional de Energía proyecta que su consumo eléctrico global podría casi duplicarse entre 2025 y 2030.

Chile en tanto, busca consolidarse como hub digital mediante un plan que proyectó US$4.000 millones y 30 proyectos hacia 2028. Promover una industria descentralizada, renovable y de bajo impacto es correcto. El problema emerge cuando la velocidad de la inversión tensiona la evaluación ambiental, la información y la participación territorial.

Cerrillos, en la Región Metropolitana, es el caso más claro. Google obtuvo en 2020 la aprobación de un proyecto que contemplaba extraer hasta 169 litros de agua por segundo del acuífero Santiago Central. En 2024, el Segundo Tribunal Ambiental anuló parcialmente el permiso. La empresa renunció y en 2026 presentó un diseño con refrigeración por aire. Pero la controversia continuó: organizaciones sociales cuestionan que se tramite como nuevo y piden revisar generadores, refrigerantes, conexión eléctrica y humedales cercanos.

¿Cuál es el aprendizaje? que mejorar la tecnología no recompone automáticamente la confianza. Si una comunidad percibe que el procedimiento evita una evaluación integral o una conversación abierta, incluso una solución ambientalmente superior pierde legitimidad.

Argentina, por su parte, enfrenta una discusión semejante, pero de mayor escala. El Súper RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) prioriza dentro de su alcance proyectos de data centers. En las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut y Buenos Aires aparecen como destinos. Pampa Energía estudia un centro de hasta 500 MW en Neuquén; Green Capital proyecta iniciar con 300 MW en Chubut y OpenAI y Sur Energy anunciaron una iniciativa de hasta 500 MW. Son proyectos tempranos, pero coinciden con emergencias hídricas, economías sensibles y reivindicaciones mapuche.

La señal internacional tampoco admite indiferencia. En el primer trimestre de 2026, al menos 75 proyectos por unos US$130.000 millones fueron bloqueados o retrasados en Estados Unidos por oposición local. Nueva York decretó una pausa de un año para preparar reglas sobre energía, agua, calidad del aire, tarifas y beneficios comunitarios.

Chile cuenta con el Plan Nacional de Data Centers y con compromisos de acceso a la información y participación ambiental. Argentina posee recursos estratégicos, capacidades científicas y una discusión abierta sobre régimen de inversiones. Ambos países tienen la posibilidad de complementarse como plataforma digital regional. Pero esa aspiración solo será sostenible si la competencia por atraer capital no se convierte en una cerrera por reducir controles o invisibilizar impactos.

Desde una mirada binacional, Chile y Argentina aún pueden evitar que la infraestructura digital repita errores conocidos: anunciar primero, evaluar después y conversar al final.

Se requiere entonces mejor planificación; evaluación integrada de agua, energía e infraestructura; transparencia sobre consumos e impactos; diálogo intercultural; y beneficios locales medibles. Los desarrolladores deben asumir los costos que imponen a las redes, sin trasladarlos a hogares y pequeñas empresas.

Los data centers no son por definición una amenaza ni una promesa de desarrollo. Su aporte dependerá de cómo se localicen, regulen y relacionen con su entorno. La verdadera ventaja competitiva de Chile y Argentina no estará en ofrecer territorios sin preguntas, sino en demostrar que pueden recibir inversión con reglas claras, información confiable y relaciones de largo plazo genuinas. La tecnología puede cambiar el sistema de enfriamiento; lo que no puede automatizar es la confianza. Y la confianza se construye dese el origen.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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