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Modernización sin desarrollo: la propuesta para los que vienen Opinión

Modernización sin desarrollo: la propuesta para los que vienen

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Santiago Pimentel
Por : Santiago Pimentel Presidente FEUAH y vocero CONFECh Estudiante de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.
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De poco sirve incorporar la IA para incrementar la productividad si ello no se traduce en empleos dignos y oportunidades reales de desarrollo.


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La imagen de la ministra Ximena Lincolao afirmando desde Nueva York que la IA representa una gran oportunidad para el desarrollo económico contrasta con el paisaje laboral que enfrentan miles de jóvenes en Chile.

Mientras se proyectan los beneficios de estas tecnologías, el desempleo juvenil continúa superando al promedio nacional y el subempleo profesional se ha vuelto cada vez más común entre egresados.

Esta brecha entre formación y oportunidades laborales no solo refleja dificultades del sistema educativo, sino también las limitaciones de un modelo productivo incapaz de absorber y aprovechar el capital humano que el propio país forma. Por ello, preocupa la falta de claridad del gobierno respecto de la relación entre educación superior y desarrollo.

Las señales entregadas durante los últimos meses parecen preocupantes. Primero fue la indicación de recortar programas de educación superior y de investigación universitaria. Más allá de las razones presupuestarias, esto entregó un mensaje claro: la formación avanzada y la generación de conocimiento han dejado de ocupar un lugar prioritario dentro de la estrategia de desarrollo nacional.

Posteriormente, en la única reunión sostenida entre la CONFECh y la Subsecretaría de Educación Superior, esta planteó como prioridades gubernamentales fortalecer la educación técnica como instrumento de reconversión laboral e incorporar la IA en las mallas curriculares. Ambas pueden ser necesarias, pero pierden sentido si no están vinculadas a una estrategia explícita de transformación productiva.

La preocupación aumentó con los dichos de la ministra Lincolao sobre la posibilidad de orientar la reconversión laboral de docentes a servicios de venta comercial. El problema no radica en la educación técnica ni en la incorporación de nuevas tecnologías. Por el contrario, ambas son herramientas fundamentales para el desarrollo del país. La pregunta es otra: ¿Para qué modelo productivo se están impulsando estos cambios? ¿Estamos formando capacidades para transformar la economía o simplemente para adaptarnos a sus limitaciones?

La modernización tecnológica no puede entenderse únicamente como un mecanismo para reemplazar tareas y reducir costos. Debe ser una oportunidad para impulsar innovación, investigación y nuevas capacidades productivas. Del mismo modo, la reconversión laboral no puede limitarse a la adaptación de los trabajadores a un mercado incapaz de generar empleos estables y con proyección.

Sin embargo, las políticas que hoy se presentan parecen avanzar en una dirección distinta. Seguir desvinculando la educación superior de un proyecto de desarrollo nacional, mientras se la utiliza para profundizar la actual matriz productiva mediante nuevas tecnologías, solo contribuirá a reproducir problemas estructurales.

De poco sirve incorporar la IA para incrementar la productividad si ello no se traduce en empleos dignos y oportunidades reales de desarrollo. La respuesta no puede consistir en adaptar indefinidamente a las personas a las restricciones de nuestra economía, sino en construir una estrategia capaz de aprovechar el conocimiento, la innovación y el talento que Chile genera a través de su sistema educativo. 

De ello depende que la modernización sea una herramienta de progreso y movilidad social, y no la antesala de la frustración para toda una generación.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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