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Sobre la interpelación al Canciller Opinión

Sobre la interpelación al Canciller

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Richard Kouyoumdjian Inglis
Por : Richard Kouyoumdjian Inglis Vicepresidente ejecutivo de AthenaLab.
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El gran desafío de la cancillería es entender cuál es el interés nacional en materia de relaciones exteriores, algo que va más allá de las relaciones económicas o la seguridad pública.


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Claramente es poco habitual que se interpele a un canciller, pero claramente es un signo de los tiempos en que vivimos, tiempos en que las relaciones exteriores, la seguridad y defensa nacional han tomado importancia, algo que es muy propio del mundo actual, uno que esta administración esperaba estuviera concentrado en la búsqueda del crecimiento económico y una mejor seguridad pública.

Estoy seguro de que el Presidente habrá tenido muy buenas razones para pedirle a Pérez Mackenna liderar el ministerio de Relaciones Exteriores, como también lo hizo con Fernando Barros Tocornal en Defensa Nacional. Los ministros son de exclusiva confianza del Presidente, la única autoridad electa del ejecutivo, y en el caso particular de estos ministros todo indica que fue su amplia y distinguida carrera en el sector privado lo que los llevo a donde están en la administración pública. Algo vio en ellos el Presidente que lo motivó a pedirles que lo acompañaran en su gobierno por sobre personas que podrían haber venido de las áreas que se les ha pedido encabezar.

El canciller llegó con el mandato de apoyar desde el ministerio que dirige las prioridades del gobierno en materia de seguridad publica y crecimiento económico. Me parece que en esta sección no quedan dudas o reparos del desempeño del canciller y de la cancillería. Se han sacado los zapatos buscando atraer inversiones para Chile, algo que beneficia a todos los chilenos y no solo unos pocos. En seguridad publica la iniciativa principal que se logró implementar es el Acuerdo de Santiago del 28 de Mayo de 2026, uno que fue adscrito inicialmente por Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia, Chile, y posteriormente por Paraguay y Uruguay, y que tiene como objeto una respuesta regional unida frente al crimen organizado transnacional. Este acuerdo es critico para nuestra seguridad nacional y todo indica que será apoyado por parte de la iniciativa conocida como Escudo de las Américas de donde vendrán recursos en materia logística y de inteligencia. Nada sacamos con tener éxito contra el crimen más al norte sino nos aplicamos en el Cono Sur de Suramérica.

Como en todo orden de cosas, y particularmente en estos tiempos, uno se prepara para algo y termina jugando otro partido. Antes de partir ya teníamos el ruido del llamado “Cable Chino”, uno que podría haber ocurrido en cualquier gobierno anterior por la ausencia de mecanismos de screening de inversiones. También antes de asumir los Estados Unidos de América e Israel atacan a Irán, disparando el precio del petróleo. Obviamente estos eventos obligaron a tener que hacer rectificaciones antes de arrancar, pero que sostenidos en los equipos profesionales de la Cancillería, no se transformaron en eventos mayores, pero sí le dieron un golpe de realidad al gobierno sobre el mundo en que se asomaban, uno en que hay una clara disputa por la hegemonía global, uno que particularmente nos pega fuerte a Chile por nuestra histórica relación estratégica con los estadounidenses y una fundamental en lo económico con China.

A algunos les puede molestar que el gobierno de Chile se haya incorporado al Escudo de las Américas, que no es más que un acuerdo en materias de seguridad, economía y en materias de coordinación general. Es un acuerdo y no un tratado, y uno que la mayoría de la opinión publica apoya. No obliga más allá que hacer los mejores esfuerzos. Claramente es un acuerdo político solo firmado por 15 de los países de la región. No se entrega soberanía y apostaría que permitirá tener acceso a recursos de inteligencia y en materia logística que nos permitirán mejores y más efectivos esfuerzos contra el crimen organizado transnacional. Dicho eso, sugeriría mejorar la calidad de las comunicaciones en la materia, ya que a veces por no ser claros y transparentes se puede generar la sensación de que se busca otra cosa.

Asumo que la interpelación no es una pasada de cuentas por el no apoyo a la candidatura de Michelle Bachelet, algo sobre lo cual muchos desde un comienzo no le vieron posibilidades debido a la falta de apoyo que su nombre tenía en China y los Estados Unidos. El tiempo dirá si fue una equivocación, pero por ahora está claro que ella hará saber su presencia en Chile, pudiendo algunos desear que estuviera sentada en la secretaria general de la ONU en Nueva York y no ejerciendo un liderazgo en el mundo de la izquierda.

Asumo que la interpelación no es una pasada de cuentas por la forma en que reaccionó el gobierno a las desafortunadas declaraciones de autoridades argentinas, las que tienen mucho de desorden interno de ese país, de su ADN y de que ya están en campaña para las elecciones de octubre de 2027, unas en donde arroparse con la bandera argentina y la causa de las Malvinas es algo que paga y une a la Argentina. Chile reaccionó bien, en forma prudente, con claridad de lo que es el interés nacional. Tener a la Argentina de vecino no es simple, es una relación que requiere claridad y firmeza, a la vez que prudencia y sentido de largo plazo. Seguirán siendo vecinos nuestros querámoslo o no y debemos transformar lo que nos separa en factores de unión. Debemos también evitar que nos arrastren a los conflictos que tienen con el Reino Unido por las Malvinas – Falklands, y de ser parte de eso, sólo porque nos puede ser de utilidad.

El gran desafío de la cancillería es entender cuál es el interés nacional en materia de relaciones exteriores, algo que va más allá de las relaciones económicas o la seguridad pública. Está en dar prioridad a las relaciones vecinales, está en entender que con los Estados Unidos de América hemos tenido una relación histórica en lo estratégico y que eso no va a cambiar, y que nuestra principal relación económica es y seguirá siendo por un buen tiempo China, una relación fundamental. Todo el resto lamentablemente es secundario y no prioritario, ayuda, pero jamás tendrán la importancia de las relaciones antes mencionadas. El gobierno así lo entiende, el presidente prontamente viajara a Bolivia y China entre otros destinos. Eso es consistencia. También es consistente con el interés nacional el haber asistido a la Asamblea General de la ONU, una organización que es útil a la política exterior chilena, pero que no un fin en sí misma. Lo multilateral nos sirve y permite darle más potencia a nuestra política exterior. Es una herramienta que permite apalancarnos.

Juzguen usted si el canciller Francisco Perez Mackenna lo ha hecho bien o mal. Todo indica que va bien a pesar del muy distinto partido que pensó le tocaría jugar, uno que dejó de ser económico y que pasó a ser principalmente político y de seguridad nacional.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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