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“Chile está de vuelta”… bienvenidos al patio trasero Opinión

“Chile está de vuelta”… bienvenidos al patio trasero

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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El club de 15 países latinoamericanos con gobiernos de derecha -no está la principal potencia del continente, Brasil- y pro-Trump, se compromete a intercambiar información de bandas transnacionales, coordinación fronteriza, entre otras obligaciones.


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Hacía muchos años que la participación de un presidente chileno en la Asamblea General de Naciones Unidas no generaba tanta polémica. Agreguemos, además, que el encuentro se convirtió en una especie de espectáculo circense en momentos que el mundo enfrenta dos guerras feroces, que miles de niños y adultos mueren en Gaza de hambruna, y que la IA amenaza con destruir empleos y la confianza de las personas. De eso, nadie habló. Por el contrario, varios jefes de Estado aprovecharon el podio para criticar duramente a la ONU, acusándola de no servir para nada. Es decir, el relato de Trump, que fue replicado con distintos grados de entusiasmo. Partiendo por un Javier Milei que cada día deja más dudas de su estado de salud mental.

Desconozco -aunque sospecho- quien le elaboró el discurso al Presidente José Antonio Kast, pero la verdad es que se pareció más a una intervención en un mitin político de sus partidarios incondicionales que a un discurso de la altura que imponía el salón central de las Naciones Unidas. No cabe duda de que el equipo de asesores en los que confía el Mandatario sabe muy poco de política exterior y siguen anclados con usar el formato de relato de campaña, como si no asumieran que ya van para los siete meses en el poder.

Un discurso con tintes de cuenta pública, rupturista con el pasado político del país -como que ningún presidente hubiera aportado nada antes de su llegada a La Moneda- y cargado de afirmaciones totalmente disonantes con la realidad que ven los chilenos en el día a día. Habló de que con su Gobierno estaba volviendo el crecimiento (vamos a alcanzar entre 0.5% y 0.7% en 2026, pese a la promesa de campaña del 4% y que Boric terminó con 2.4%), y que los chilenos estamos teniendo una mejor vida (el desempleo se alzó al 9.5% muy parecido a la pandemia vs. el 8.3% con que terminó su antecesor).

Me imagino también que la frase “Chile está de vuelta” representó una hipérbole -¿o metáfora?- porque la verdad, no sólo se puede leer como un exceso de auto referencia y confianza, sino que, además, representa un relato refundacional, ese que terminó por agotar a los chilenos en los dos plebiscitos fallidos. ¿No hay forma que nuestros políticos -de todos los colores- entiendan que Chile no empezó con ellos? Y aunque el Gobierno trató de explicar la poco afortunada frase argumentando que apuntaba a los inversionistas, en el ambiente quedó la imagen que Kast quiso hacer un punto de inflexión.

Y en términos de anécdota, las redes sociales fueron muy poco benevolentes con el nivel de inglés mostrado por el mandatario, más aún, comparándolo con Piñera, Bachelet y Boric. Una recomendación para el Presidente y sus asesores. No es un pecado no hablar otro idioma, siempre es más digno conversar con traductor y hacer un discurso en el idioma nativo.
Pero más allá del discurso en la ONU -que tiene muy poca relevancia para ser franco- el mandatario y la delegación chilena aprovechó el viaje para confirmar su participación en el Escudo de las Américas (EDLA), dejando más dudas que certezas respecto del alcance que tendrá para nuestro país.

Partamos porque la participación de Chile en esta especie de coalición política y de seguridad -no es un tratado, no es un acuerdo, no es una alianza militar según la Cancillería, por lo que no requerirá de la validación del Congreso- impulsada y liderada por Donald Trump, ha sido polémica desde su inicio. En primer lugar, Kast estuvo en su constitución en Miami antes de asumir como presidente, de ahí que varios meses después, los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores tuvieran que dar confusas explicaciones acerca de porque firmaron sin ser autoridades formales. Según el gobierno chileno, hasta la semana anterior, Chile era un país “observador”, y ahora pasó a integrarlo en pleno. Una diferencia muy curiosa -por decir lo menos- luego que La Moneda señalara que representaba un marco de acuerdo “voluntario de cooperación” y que Escudo de las Américas no implicaba “obligaciones legales”. ¿Entonces que objetivo tuvo el cambio de status de Chile?

El club de 15 países latinoamericanos con gobiernos de derecha -no está la principal potencia del continente, Brasil- y pro-Trump, se compromete a intercambiar información de bandas transnacionales, coordinación fronteriza, capacitación a sus policías -como fue la Escuela de las Américas durante las dictaduras de los 70 y 80 con la FFAA-, realizar ejercicios militares conjuntos, entre otras obligaciones. Una versión moderna de la doctrina Monroe, que Trump rebautizó como Donroe…

Pero eso no es todo. El Gobierno chileno no incluyó en la comunicación oficial del ingreso a este club de Trump, que implica también “proteger las cadenas de suministro de minerales críticos”, además de “promover proveedores de confianza” en infraestructura digital. Por cierto, eso significa en términos simples para EEUU proteger su cadena de suministros…y que sus empresas “confiables” les vendan tecnología a los otros 14 países. En otras palabras, esto busca un objetivo evidente: controlar la expansión de China en el continente.

De ahí la extrema ingenuidad con que el Gobierno chileno salió a decir que el ingreso al Escudo de las Américas no influiría en la relación que tenemos con China, nuestro principal socio comercial. EEUU ya ha demostrado que exige tomar partido por una de las dos potencias, lo que podría afectar las exportaciones chilenas de cobre, frutas, vinos, maderas, hierro, entre otros, que solo en 2025 significó US$ 40.647 millones -contra los US$ 17.741 millones de exportaciones a EEUU-. Otro desafió para el canciller Pérez Mackenna, que está semana será interpelado por el manejo con Argentina, será explicar si el Escudo de las Américas implicará hacer concesiones a EEUU, más aún considerando que el tema de los aranceles aún no se resuelve. En fuentes políticas de oficialismo circuló que la adhesión a EDLA había sido una imposición del gobierno del norte para volver a los aranceles de 10%.

Una primera mala señal del Escudo de las Américas ocurrió en los mismos días que Kast estaba aún en Nueva York, cuando Trump advirtió que, si EEUU tenía problemas en su cadena abastecimiento de diésel, simplemente restringiría las exportaciones, incluyendo a… Chile. Solo en 2025 Estados Unidos nos exportó 45.7 millones de barriles, constituyéndonos en el segundo destino de exportación de ese combustible en el mundo. Por cierto, el EDLA garantiza el suministro a Estados Unidos, no a los otros 14 países.

Así las cosas, la semana pasada volvimos -junto a casi toda Latinoamérica, con la excepción de Brasil, México, Uruguay, Venezuela, Guatemala, Nicaragua y Cuba- a convertirnos en el patio trasero de EEUU, claro que esta vez validado y firmado por 14 países, incluido Chile. Después de todo, el ministro de Defensa, Fernando Barros, tenía razón cuando dijo que nuestro país no era el patio trasero de nadie, claro que unos días después, fue el propio embajador norteamericano quien criticó duramente al exabogado de Pinochet, teniendo que bajar el tono de inmediato. A buen entendedor…

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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