Publicidad
Carlos Cabezas sobre el Festival MUDA: “La música y los derechos humanos tienen harto en común” CULTURA Cedida

Carlos Cabezas sobre el Festival MUDA: “La música y los derechos humanos tienen harto en común”

Publicidad
Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
Ver Más

La banda Electrodoméstico se presentará en MUDA, el Festival de la Memoria que se realizará el próximo 2 y 4 de octubre en el Parque Estadio Nacional.


El Mostrador Fuente Preferida

Hace 40 años, la escena musical chilena experimentó una transformación radical con el lanzamiento del cassette ¡Viva Chile!, la primera producción discográfica de la banda Electrodomésticos. Aunque en esa época no tuvo una recepción mediática masiva, el álbum marcó la historia de la música electrónica y experimental en el país. El disco, compuesto por Carlos Cabezas, nació de un proceso creativo que, según recuerda el músico, estuvo marcado por el juego, la experimentación y una particular forma de observar el entorno.

¿El futuro de Chile dónde está? ¿El futuro de Chile dónde está? ¿El futuro de Chile dónde está?, se escucha en la primera canción. En plena dictadura, Carlos Cabezas, Silvio Paredes y Ernesto Medina fueron parte de la resistencia cultural y desde esos espacios crearon un disco que dejó una huella fundamental para los discursos disidentes.

“Cuando partimos con los Electrodomésticos era así el ejercicio que hacíamos un poco, porque al principio todos éramos cabros que estábamos jugando, ninguno estudiamos música ni nada”, recuerda Cabezas.

Los primeros años de la banda estuvieron atravesados por una sensación de distancia respecto del mundo adulto y por la necesidad de expresar aquello que estaban viviendo. Para Cabezas, esa experiencia fue determinante para encontrar una manera propia de crear.

“Todo lo que nos habían inculcado en la enseñanza en términos de valores y éticas y todo eso, sociales, nos estaba sucediendo exactamente lo contrario de todo lo que nos habían predicado los adultos, entonces queríamos distanciarnos de eso”, explica en conversación con El Mostrador. 

Así, Electrodomésticos comenzó a trabajar con elementos que formaban parte de la vida cotidiana. La televisión, la radio y los discursos que circulaban en esos medios se convirtieron en materiales para experimentar y construir nuevas sonoridades.

“Una manera de demostrar eso era desde una especie de ironía que se daba a los típicos grupos de amigos, un concepto que se genera un cierto humor interno, una cierta manera de referirse a las cosas, es típico que se dan las pandillas con tus amigos, y una manera de regresar esto era mostrando la banda sonora, por decirlo, de tu vida normal, lo que está en la tele, lo que está en la radio, y cambiarlo de contexto y ponerlo sobre una base electrónica”, agrega Cabezas.

El disco, compuesto por Carlos Cabezas, nació de un proceso creativo que, según recuerda el músico, estuvo marcado por el juego, la experimentación y una particular forma de observar el entorno.

MUDA

Aunque durante estos 40 años la banda ya no está conformada por sus integrantes originales, Carlos Cabezas sigue liderando el proyecto. La banda estará en el próximo Festival MUDA, que se realizará el sábado 3 y domingo 4 de octubre en el Parque Estadio Nacional y reunirá a cerca de 40 artistas nacionales e internacionales de distintas generaciones y estilos.

Para Cabezas, la música, los derechos humanos y espacios como el festival MUDA son ámbitos que permiten generar una confianza básica entre las personas y reconocer que las diferencias no deberían conducir a la violencia ni a la deshumanización.

“La música y los derechos humanos que tienen harto en común, en el sentido de que la música es un espacio, donde nos conectamos desde una cosa como una humanidad bien básica, medio ancestral, sin enjuiciamiento sociales o políticos, étnicos, sin descalificarnos. Es como un espacio que nos conecta a todos, desde aspectos mucho más fundamentales de la humanidad, de lo que significa ser humano”, señala.

“Los derechos humanos también es como un espacio colectivo, comunitario, que también es un espacio universal, y que genera una confianza, básica en nuestra sociedad, en sentir que las diferencias, que tengamos como sociedad no implican violencia, no implican una deshumanización”, agrega.

El Estadio Nacional también aparece, en su reflexión, como un espacio capaz de reunir a personas provenientes de distintos lugares, creencias e ideologías. En ese sentido, Cabezas vincula el encuentro musical con la posibilidad de compartir desde aquello que las personas tienen en común.

“Los estadios también son espacios universales, donde también la actividad deportiva también nos conecta de una manera similar, de gente de distintos lugares, de distintos territorios, de distintas creencias, ideologías, religiones, pueden practicar actividades deportivas sin, dentro de esta confianza básica que hablábamos de conexión entre los seres humanos”, agrega.

La importancia de hacer memoria

Para Cabezas, el ejercicio de recordar no es algo que ocurra automáticamente. Por el contrario, considera que la memoria requiere una preocupación activa, especialmente frente a la dificultad de la humanidad para aprender de sus propias experiencias.

“Muchas de las cosas que están pasando ahora nos dicen que hay que ocuparse de la memoria”, plantea durante la conversación.

Su preocupación se relaciona con lo que percibe como una dificultad para convertir las experiencias históricas en aprendizajes permanentes.

“Como que tropezamos con la misma piedra muchas veces, como que los avances, los aprendizajes, no sé, los avances como no son lineales, como que avanzamos y al rato tropezamos de nuevo con algo que ya suponíamos que habíamos aprendido”, sostiene.

Por eso, considera que hacer memoria tiene una importancia cada vez mayor: “Hacer memoria, como que parece cada día más esencial para construir un buen futuro”.

En esa misma línea, Cabezas vuelve sobre la aparición de discursos que establecen jerarquías entre seres humanos y plantea su desconcierto frente a esos retrocesos.

“Yo creo que hace unos años pensábamos que ya nunca íbamos a pensar así, que ya ningún ser humano iba a pensar que había una jerarquía de seres humanos y que había seres humanos que no merecían ese calificativo. O sea, entonces, no sé, no sé cuál puede ser la explicación para entender por qué la humanidad transita así como en estos vaivenes, esta cosa pendular”, afirma.

Una celebración que también puede ser memoria

Frente a la idea de que un festival musical podría entrar en tensión con un espacio de conmemoración y reflexión, Cabezas plantea que no existe necesariamente una contradicción entre celebrar, disfrutar del arte y recordar.

“El festival de música en este caso es una conmemoración. El hecho de que disfrutes de la música, o sea, el arte en general, lo que hace es registrar las experiencias humanas”, explica.

Para el vocalista de Electrodomésticos, la música puede contribuir a mantener presentes esas experiencias porque transmite emociones y no únicamente ideas racionales.

“La música, el arte transmiten emociones y las emociones que se van a transmitir, en este caso, en este evento especial que tiene este eje de la memoria y los derechos humanos, yo creo que en general nos va a traer de vuelta esas reflexiones, y la importancia que tienen esos temas, de la memoria y de los derechos humanos en nuestras vidas”.

Experimentar, equivocarse y volver a jugar

La experiencia de los primeros años de Electrodomésticos también marcó la manera en que Cabezas entiende la creación artística. Frente a un escenario actual que percibe como más especializado, reivindica la posibilidad de atreverse a hacer cosas sin dominar previamente un oficio.

“En esos tiempos todos fuimos muy, como que te atrevías a hacer cualquier cosa, todo el mundo se atrevía a hacer cosas, porque no había, o sea, no estaba todo especializado como ahora cada oficio tiene sus subdivisiones y ahí, entonces está todo muy, está en la especialización, y está la academia, y está en ese tiempo como que estaba todo muy abierto, antes había una carencia enorme, y desde esa carencia, como que todo el mundo se atrevía a hacer cosas”.

Esa carencia, recuerda, también favorecía una actitud de exploración: “Todos éramos muy chasquillas, nos metíamos en muchos lugares”, dice. Y ese aprendizaje permanece hasta hoy en su forma de relacionarse con la música.

“Creo que ese aprendizaje, el entrar en el trabajo, en la expresión artística desde esa carencia, como que te da una patudez y una fuerza que te meten en muy buenos problemas, y eso como que se ha mantenido hasta ahora, entonces ahora como que de adulto como que tengo esa manera muy amplia de meterte en distintos lados, en distintos espacios musicales, distintos lenguajes musicales, como que tienes una sensación mucho más amplia de lo que es la expresión artística”.

Para Cabezas, esa disposición a experimentar está ligada a algo esencial de la expresión artística, el juego.

“En el proceso creativo está cierto, todos estos impulsos básicos del ser humano que tenemos cuando cabros chicos, el juego, la sorpresa, la curiosidad, el asombro, la experimentación, el meterse en cosas que no entiendes, cómo funcionan, cierto, y divertirse con eso, jugar con eso, compartir con amigos ese juego”.

El problema, plantea, aparece cuando las personas dejan atrás esos impulsos para entrar en una lógica de especialización y rendimiento. “Todo eso después nos vamos poniendo serios y se pierde todo eso, cierto, y entramos al modelo negocio, y ahí tienes que estudiar un oficio y rendir en ese oficio”.

Frente a eso, defiende la expresión artística como una dimensión que debería acompañar a las personas durante toda su vida: “La expresión artística es una parte normal del ser humano y que no debería decaer jamás”.

La curiosidad, justamente, aparece para Cabezas como una fuerza difícil de perder. Su propia experiencia como músico autodidacta ha contribuido a mantenerla activa.

“Yo creo que es difícil que se acabe, o sea, la búsqueda, la sorpresa y todo eso, y el asombro, la música te mantiene eso súper activo todo el rato”, afirma.

En su caso, el aprendizaje autodidacta ha significado seguir aquello que despierta su interés, incluso cuando ese interés lo lleva hacia lugares diferentes. “Cuando eres autodidacta vas a lo que te interesa específicamente, que te llama la atención, y de repente es otra cosa, y vas para allá, y vas para el otro lado, y te metí en distintos, que es una de las cosas buenas que tiene el ser autodidacta”.

Cabezas reconoce, al mismo tiempo, el valor de la formación académica. “Yo admiro mucho a los músicos que tienen mucha academia, porque tienen una capacidad y unas herramientas que se valora mucho, trabajo con ellos, me gusta mucho trabajar con personas que tienen esta formación”.

“El autodidactismo también tiene estos beneficios, que aprendes dentro de un desorden que siempre te lleva a lugares distintos, y los procesos creativos, artísticos, te mantienen, todo esto que hablábamos de cabros chicos, y eso te da una vitalidad permanente, porque siempre te vas sorprendiendo, nunca sabes cómo va a terminar un tema”.

Esa sorpresa, para él, permanece hasta el final del proceso creativo: “Nunca sabes cómo va a terminar un tema, hasta que pasa por todos los lugares, por el trabajo de otras personas, de producción musical, el trabajo en el estudio, y encuentro que se valora mucho eso, de la sorpresa final con la que te encuentras con el trabajo creativo”.

Inscríbete en el Newsletter Cultívate de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para contarte lo más interesante del mundo de la cultura, ciencia y tecnología.

Publicidad