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Pensiones: ¿Es conveniente cambiar los multifondos por los fondos generacionales? (Parte I)
Es preocupante, y lamentable, que la Superintendencia de Pensiones y el Ministerio de Trabajo y Previsión Social no hayan dedicado tiempo a hacer una mínima evaluación rigurosa, objetiva y libre de ideologías a esta política pública tan esencial.
Se ha reemplazado un ídolo por otro. A partir de abril 2027, los ahorros previsionales cambiarán su metodología de inversión, pasando de los conocidos Multifondos (A, B, C, D y E) a los Fondos Generacionales (10 fondos según tramos de edad).
Pero antes de encender incienso en el altar y dar ciega devoción al nuevo fetiche, conviene evaluar cuál fue el desempeño de los Multifondos y luego determinar lo que se quiere lograr con el sistema entrante.
Los Multifondos fueron creados para dar opciones para el afiliado y “aprovechar” de mejor manera lo que en finanzas se (mal) denomina el “apetito por riesgo”. De esta manera, el fondo A tendría más exposición a renta variable (más riesgo) y el fondo E, en el otro extremo, tendría más exposición a la renta fija (menos riesgo). Bajo el engañoso hechizo del retorno esperado, se asumió que, a plazos largos, el fondo acumulado A debería ser mayor al fondo acumulado E.
Evaluemos después de casi 24 años desde su creación. Para efectos didácticos, varias comparaciones se harán entre los fondos A vs E.
Evidencia 1: La rentabilidad real bruta promedio mensual 0,53% A vs 0,24% E. ¿Existe diferencia estadísticamente significativa entre ambos retornos? NO, con 99% de confiabilidad estadística. Si esto ocurre entre A y E, la concusión también es válida para cualquier comparación entre 2 multifondos.
Evidencia 2: La rentabilidad bruta BCU (Bonos del Banco Central): 0,22% TIR real mensual. ¿Existe diferencia estadísticamente significativa entre el retorno del fondo A vs la TIR de los BCU? NO, con 99% de confiabilidad estadística.
Un abogado del diablo señalará que, más que los retornos mensuales, lo que realmente importa es el fondo acumulado en cada opción. Es ahí donde se comprueba –probablemente dirá con vehemencia- que los fondos cumplen el rol para cual fueron diseñados en el largo plazo, logrando un fondo final acorde con su valor esperado. Veamos.
Evidencia 3: Suponiendo un aporte mensual de 1 UF desde el origen, ¡sin lagunas previsionales!, a julio 2026 el fondo acumulado en el fondo A es 529,16 UF y en el fondo E es 376,51 UF. Se dirá que la bondad del modelo radica en que cada opción excede considerablemente los aportes mensuales (suma lineal es 287 UF en nuestro ejemplo). Así, parte significativa del fondo acumulado es pura rentabilidad. Lo anterior, en línea gruesa, es cierto, pero hay que tener cuidado en la interpretación.
Si bien con el paso de los años, el fondo acumulado crece, también lo hace la varianza del retorno del fondo acumulado. Por lo tanto, en honor a la rigurosidad, se debe señalar que en la medida que aumenta el plazo, la probabilidad de pérdida en el fondo acumulado también aumenta. La pregunta es, ¿podría darse el caso que, en plazos largos, el fondo acumulado A sea menor que el fondo acumulado E? Sí. De hecho, ha ocurrido. Desde el origen de los Multifondos hasta julio 2026, en 59 ocasiones (un 20% de las veces), el valor acumulado del fondo E fue mayor que el valor acumulado del fondo A. Sí, leyó bien. El último evento ocurrió hace poco, en julio 2023.
Esto es relevante y se olvida o no se sabe: en plazos largos, es posible que el fondo acumulado E sea mayor (domine) que el fondo acumulado A. No es que el retorno esperado no sea válido; se trata del riesgo que se amplifica con el plazo.
Dada la evidencia, ¿se atrevería usted a apostar que, en los próximos 15 años, en caso de seguir, el fondo acumulado A siempre dominará al fondo acumulado E? Yo no.
Evidencia 4: Las comisiones sí importan. Cada mes, el afiliado aporta a su fondo de pensiones y, además, paga una comisión sobre su sueldo imponible… a cambio de obtener un monto acumulado al final. Desde la creación de los multifondos hasta julio 2026, la rentabilidad para el afiliado es la siguiente:

La rentabilidad del fondo A cae de 6,57% real anual bruto, a 3,90% real anual neto de comisiones. La del fondo E cae de 2,97% real anual bruto, a 1,25% real anual neto de comisiones. Las comisiones “se comen” entre un 41% y un 58% de la rentabilidad bruta. La Superintendencia de Pensiones insiste en informar solamente la rentabilidad bruta. La triste realidad es que el fondo A, como ejemplo de la máxima búsqueda de retorno, terminó siendo un producto caro para el afiliado.
Se podrá decir que han pasado solo 24 años, y que al sumarle 10 o 15 años más al análisis, el retorno neto de comisiones debería aumentar… volvemos a jugar con el retorno esperado y nos olvidamos del riesgo. Con to do, aún con riesgo controlado, la mejora en la rentabilidad neta de comisiones no sería sustantiva.
Conclusión: teniendo claro el desempeño de los Multifondos podemos entrar a conversar sobre su reemplazo. Es preocupante, y lamentable, que la Superintendencia de Pensiones y el Ministerio de Trabajo y Previsión Social no hayan dedicado tiempo a hacer una mínima evaluación rigurosa, objetiva y libre de ideologías a esta política pública tan esencial.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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