Opinión
Kast: una ONU barata y envilecida
Kast dijo que sus comentarios sobre la ONU iban a ser la parte “más incómoda” de su discurso. Era cierto, fue terriblemente incómoda.
La visita del presidente Kast a Naciones Unidas ha suscitado muchos inconvenientes que pudieron haberse evitado con una preparación más cuidadosa y experimentada. En particular, ha sido polémica la adhesión del país al pacto de seguridad de la ultraderecha continental, hegemonizado por Estados Unidos, sobre cuyas ventajas y desventajas nadie puede explicar con detalles suficientes. Incluyendo, entre quienes no han podido explicar, sorprendentemente, al canciller y al ministro de defensa.
Tampoco su discurso en la asamblea general puede considerarse un acto feliz. Fue como un sermón sentencioso dividido en tres partes.
La primera parte fue un auto-ensalzamiento como refundador de Chile tras un periodo de anarquía y mala gestión de lo que han sido culpables todos quienes lo precedieron en La Moneda. El mismo balance que siempre hace con argumentos cada vez más endebles, donde no logró ser original ni en el leitmotiv: “Chile está de vuelta”, un remedo del “América is Back” de la jerga trumpista.
El último tramo de la alocución estuvo dirigida a algunas generalidades sobre temas de actualidad como las guerras que a nadie convienen y la inteligencia artificial que merece ser supervisada. Nada significativo.
Y luego, en el centro de la homilía, Kast se dedicó a criticar a las Naciones Unidas y a explicar su mejor versión. Dijo que era la parte más incómoda del discurso. Y creo que tuvo razón. Aunque no por la misma razón que Kast lo supuso.
Es a esta aproximación de Kast a la ONU a lo que quiero referirme, pues la visión expresada por Kast nos permite entender como la ultraderecha local asume la política internacional, el rol de los organismos internacionales y al propio sistema mundial. Debo hacer notar que aún cuando Kast habló en tono pausado, diferente -a su favor- de la procaz algarabía de su correligionario Milei, dijo, sin embargo, lo mismo que éste. Es un solo guion con énfasis diferentes.
El diagnóstico de Kast se apoya en dos consideraciones que todos entendemos. Por un lado, el consejo de seguridad de la ONU se rige por normas establecidas en 1945, a pesar de que el mundo ya es otro, por lo que resulta desfasado. Por otro, la burocracia ha ido creciendo y la organización se ha hecho más costosa, lo cual no es una virtud en ninguna circunstancia.
Kast no ofreció ninguna solución al primer problema, a pesar de que es un asunto que ha sido discutido muchas veces y existe un cúmulo de propuestas de cambios respaldadas internacionalmente. El propio Chile ha sido históricamente activo en el apoyo a la ampliación del consejo y a la introducción de contenciones éticas al veto. Pero entendamos: dar continuidad a las posturas de Bachelet, Piñera y Boric, no va muy a tono con su devoción refundacional, y hubiera significado oponerse a la reticencia norteamericana a producir cualquier cambio en lo relacionado con el poder de veto. Hubiera sido gratificante una revalidación altruista de los principios de equidad en las relaciones internacionales, pero ello no ocurrió. La gestión de Kast nunca se ha permitido sacrificar conveniencias por principios.
Con respecto a lo segundo, fue más explícito, proponiendo para la ONU, es decir para la gestión del sistema mundial, los mismos remedios neoliberales que propone para la administración, por ejemplo, de la ANID: suprimir costos, reduciendo la plantilla funcionarial y eliminando programas. Para Kast la solución pasa por devolver a la ONU a sus escuetos principios fundacionales en 1945: “…mantener la paz, proteger la vida y defender la libertad”. Es decir, abaratar la ONU. Nuevamente un solo y parco guion.
En este punto vale la pena recordar que aunque el crecimiento de la burocracia de la ONU no es exactamente una virtud, ello ha estado ligado a la expansión de sus programas, al establecimiento de metas y a la ejecución de acciones que han ayudado a hacer mejor la vida en el planeta y vislumbrar futuros posibles. Esto ha implicado la protección de los derechos humanos, un planteamiento renovado de la relación entre desarrollo y medioambiente, la atención a los flujos migratorios y la erradicación y/o contención de enfermedades mortíferas que regresaron a nosotros de la mano del empobrecimiento de los servicios de salud nacionales al calor de los shocks neoliberales. Y lo que resulta de gran importancia, la atención a la educación y la cultura como derechos de todos y todas. Agencias como la OMS, la UNICEF, la UNESCO, la OIM, el PNUD, entre otras, han llenado vacíos importantes en sus campos y realizado coordinaciones globales que nadie mas podía hacer.
Hubiera sido oportuno que Kast hubiera abierto puertas para discutir vías para hacer más eficiente el gasto incrementado, para construir un sistema de gestión más eficiente de la ONU. Pero lo que propone es el envilecimiento del sistema mediante el cercenamiento de sus logros emblemáticos de los últimos 50 años, que denomina, con un simplismo que el país nunca debe permitirse, “…una proliferación de agendas”. Es triste ver a una nación como Chile, con una respetable tradición diplomática y de proyección internacional, descender a estas vulgaridades ideológicas.
Kast dijo que sus comentarios sobre la ONU iban a ser la parte “más incómoda” de su discurso. Era cierto, fue terriblemente incómoda. Pero no sorprendente en un gobierno que, en solo seis meses de gestión, acumula un inventario sin precedentes de lo que alguien ha llamado eufemísticamente “déficits políticos”, reñidos con la historia y con la dignidad nacionales.
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