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Termostato IA del Anticristo: elecciones presidenciales en Brasil Opinión

Termostato IA del Anticristo: elecciones presidenciales en Brasil

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Samuel Toro Contreras
Por : Samuel Toro Contreras Licenciado en Arte. Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.
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Quien regula la temperatura de un espacio puede terminar decidiendo qué podría ser el frío. Pero este asunto no es solo quién maneja la temperatura, sino quién dispone de los medios para hacerlo y sobre quién recaen sus efectos.


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Inicio esta columna con la hipótesis sobre la derrota de Flávio Bolsonaro ante Lula da Silva, por 51,7% contra 48,2%, lo que nos mostraría una de las pocas excepciones de un experimento, pero sin eliminarlo. Me refiero al hecho de convertir la voluntad electoral en una variable de control cibernético. El hecho de que el experimento continúa (y continuará) no cabe duda. En agosto fue detenido en Bolivia, por una causa penal distinta, el consultor argentino Fernando Cerimedo, apodado “el rey de los trolls”, asesor de campañas de Milei, Bolsonaro y Rodrigo Paz, quien reconoció su intervención a favor del Rechazo en el plebiscito chileno de 2022. Se le atribuye una “minigranja” capaz de operar 50 mil cuentas falsas con herramientas de IA. En Chile, el Congreso y la Fiscalía investigan sus redes, y Kast admite conocerlo pero niega haber trabajado con él. Por el momento, son hechos en indagación. Si esa maquinaria sirvió también a la campaña que lo llevó a La Moneda no está probado, pero tampoco descartado, pero si sabemos la cantidad exponencial de información robotizada que se hizo en contra de Evelyn Matthei. Lo que sí sabemos, con certeza sobre lo que escribí en este medio en 2022, sobre una “tecnosemántica de segunda” ahora se nos presenta, cada vez, más explícita. “LatamChequea” registró un aumento significativo de desinformación con IA en las elecciones de Bolivia, Chile y Honduras de fines de 2025, “Bolivia Verifica” desmintió 16 contenidos sintéticos en las presidenciales de 2025 y 26 en las subnacionales de 2026 y en Brasil, “VigIA” calculó 920 informaciones con IA en seis semanas.

¿Alcanza eso para mover, o cambiar, voluntades? Los experimentos de Coppock, Hill y Vavreck midieron efectos de unas siete décimas de punto por anuncio. Pero las elecciones de Colombia se resolvieron, en junio, por menos de un punto. Un efecto así de mínimo, multiplicado por un continente de márgenes estrechos, deja de ser mínimo, y, obviamente esto es aritmética conjetural.

Es en este punto donde podemos entrar en la cibernética, recordando la mitad del siglo XX, cuando Wiener la planteó como ciencia del control y la comunicación, donde un sistema regula a otro. Posteriormente Von Foerster, en una cibernética de segundo orden, incorporó al observador dentro del sistema observado. Propongo, actualmente, un tercer orden, donde el sistema ya no regula al observado ni lo acepta como observador, sino que diseña las condiciones bajo las cuales cada uno se observa a sí mismo, y así modula el bucle donde una voluntad se forma.

Con respecto a la teología, en 2009 Peter Thiel mencionó que la libertad y la democracia no son compatibles, y explicitó su postura afín en el ciberespacio. En 2025 dictó, en San Francisco, cuatro conferencias sobre el Anticristo, el cual, para él, no sería una bestia, sino un régimen mundial que promete paz y seguridad frente a los riesgos existenciales, y ante el cual frenar o regular el progreso técnico equivaldría a apresurar su llegada, y Greta Thunberg y Eliezer Yudkowsky fueron presentados como sus legionarios. Creo importante mencionar que, en su doctrina no todo rechazo a la IA es Anticristo, sino el “gobierno global” nacido del miedo. Parte de mi reflexión es que esa teología confiere un halo escatológico a cualquier regulador, incluido el que exige informes a X y a Meta sobre cómo se comportan sus modelos en campaña. No afirmo que Thiel dirija bots, sino que su doctrina permite el permiso moral para que no sea detenida.

En abril de 2026, Thiel participó del grupo secreto “Bilderberg”, el cual fue en Washington y, obviamente, sesiona a puertas cerradas, aunque, en esas puertas cerradas dicen fomentar el diálogo entre Europa y Norteamérica (casi, sin duda, de sacar la competencia de la IA oriental). No existe evidencia pública de operaciones electorales, aunque, posiblemente, no las necesita, pues basta una convergencia de horizonte, la cual es la libertad de mercado como único orden tolerable y la homeostasis de las conductas como método. Aquí podemos ver una paradoja central, entre muchas. Para evitar un gobierno mundial se levanta un aparato de retroalimentación de escala mundial, en manos privadas. En ese escenario puede verse, en términos simples según esa lógica, que el anticristo prometía paz y seguridad y el algoritmo promete comodidad y personalización. Pero, una voluntad fabricada no es libertad, ni siquiera según el criterio de Thiel, para quien la libertad humana auténtica es una especie de condición del bien. Entonces, la primera caída teórica del proyecto sería su propio ideal.

Brasil, por ello, podría mostrarnos menos sobre una supuesta fuerza autónoma del algoritmo que sobre las condiciones políticas y económicas en que opera. Lula también recurrió a bots, pero ese dato no debe ocultar la asimetría entre ambas partes, pues los principales respaldos económicos y políticos de la ultraderecha se alinearon con Bolsonaro, particularmente desde Estados Unidos. La disputa tecnológica se desarrolló, por tanto, dentro de una correlación de fuerzas que no era equivalente. A ello, podemos agregar la variable de los aranceles impuestos por Trump, que, según Oliver Stuenkel, terminaron favoreciendo a Lula y cambiaron el “escenario” que la ultraderecha esperaba dominar. Ambos bandos utilizaron inteligencia artificial, pero ni sus apoyos ni sus recursos eran los mismos, y ninguno pudo controlar por completo sus efectos. Lo que se vendría (también por una obviedad del control) es que Flávio Bolsonaro haga noticia por un tiempo indeterminado para la anulación de la elección, con lo que la disputa podría desplazarse hacia la legitimidad del conteo, siendo esto, quizá, el comienzo de la fase más seria del conflicto.

Quien regula la temperatura de un espacio puede terminar decidiendo qué podría ser el frío. Pero este asunto no es solo quién maneja la temperatura, sino quién dispone de los medios para hacerlo y sobre quién recaen sus efectos. En una elección, todavía debemos distinguir entre la capacidad de intervenir en la formación de una voluntad y la posibilidad efectiva de determinarla, y es esa diferencia, lo que Brasil nos puede hacer pensar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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