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Elecciones de medio término y la polarización multidimensional en los Estados Unidos Opinión

Elecciones de medio término y la polarización multidimensional en los Estados Unidos

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Catherine Reyes-Housholder
Por : Catherine Reyes-Housholder Catherine Reyes-Housholder, profesora asociada del Instituto de Ciencia Política PUC, autora de How Women Win Presidential Elections in Latin America.
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La elección de medio término en EE.UU. estará marcada por el descontento con Trump, pero la fuerte polarización política limita la posibilidad de que los republicanos paguen un costo electoral por la gestión presidencial.


Este martes 3 de noviembre en las elecciones de medio término en Estados Unidos se decidirá toda la Cámara de Representantes, aproximadamente un tercio del Senado, 39 cargos de gobernadores y otras elecciones estatales y locales.

Hay indicadores de un descontento inédito en la ciudadanía. La aprobación de Trump se acerca al 36%, el nivel más bajo de sus presidencias y mucho menor que el de otros presidentes. El costo de vida está alto debido al alza de los aranceles y a la guerra en Irán impulsada por Trump. Periodistas y académicos han documentado niveles extraordinarios de corrupción durante su presidencia. La corrupción, que no suele ser una preocupación prioritaria, se encuentra ahora entre los temas más relevantes. Cerca del 70% piensa que el país va por el camino equivocado.

Las posibilidades de que esta elección de medio término funcione como un referéndum sobre los republicanos –y específicamente sobre el presidente Trump– están restringidas por la polarización en los Estados Unidos.

No todo tipo de polarización perjudica a la democracia. La polarización ideológica se refiere a desacuerdos en torno a valores y preferencias políticas. Desde la década de 1970, se observa que cada vez menos congresistas demócratas votan junto a los republicanos, y viceversa. Esta forma de polarización ideológica tampoco es necesariamente mala, pero podría dar lugar a bloqueos legislativos y a una menor capacidad para ejercer control sobre el Poder Ejecutivo.

La polarización a nivel masivo suele manifestarse como un ideological sorting: cada vez más demócratas mantienen posturas únicamente progresistas, y cada vez más republicanos sostienen posturas únicamente conservadoras. Esto puede ser esperable, porque refleja la realidad de que siempre habrá desacuerdos en una democracia. Son las instituciones electorales las que sirven para resolver estos desacuerdos sin violencia.

Hay otros dos tipos de polarización que son más preocupantes. La polarización afectiva se basa en las emociones y la identidad social. La política se percibe cada vez más a través de una óptica tribal de “nosotros frente a ellos”, en la que al partido rival se le atribuyen estereotipos negativos: se le considera egoísta, de mentalidad cerrada o, incluso, una amenaza existencial.

Finalmente, la ciudadanía está dividida en cuanto a sus percepciones sobre los hechos de la realidad. Hay diferencias partidistas en cuanto a las creencias sobre hechos relacionados con temas como la causa del cambio climático, el tamaño de la población inmigrante o el nivel de desigualdad de ingresos.

Pew Research Center muestra que cerca de tres cuartas partes de los estadounidenses consideran que los votantes republicanos y demócratas no solo discrepan sobre sus preferencias políticas, sino también sobre “hechos básicos”. Algunos politólogos utilizan el término “polarización de las creencias fácticas” para referirse a este fenómeno.

La democracia funciona solamente cuando los candidatos que pierden y sus seguidores aceptan su derrota, algo que Trump nunca ha hecho con respecto a las elecciones de 2020. Esto contribuye a otro indicador de la polarización en un hecho clave: cerca de la mitad de los republicanos piensa erróneamente que esas elecciones estuvieron amañadas.

Los estados llevan a cabo todas las elecciones, y el fraude masivo es casi imposible en el sistema estadounidense. Trump seguirá sembrando dudas sobre la integridad electoral. Decisiones de la Corte Suprema le otorgan protección frente a acusaciones relacionadas con sus intentos de anular resultados democráticos y sus actos ampliamente documentados de corrupción.

Esta polarización multidimensional significa que, por muy mal que estén la economía o la corrupción presidencial, los votantes del partido en el poder pueden optar por no votar, pero casi nunca votarán por la oposición.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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