Uzbekistán: Otra grave derrota de la estrategia contra el terrorismo
La misión internacional de la ONU, rechazada por el gobierno uzbeko, iba a ser enviada cuando las violaciones a los derechos humanos ya eran una política de Estado y, lo que es peor, con un alto grado de connivencia de los dos países que lideraron la invasión a Irak, Estados Unidos y el Reino Unido.
En forma creciente, en el mundo islámico se comprueban los mismos errores de las administraciones republicanas de las décadas del setenta y ochenta, cuando, en función de la lucha contra el comunismo, se instalaban y protegían a dictaduras que violaban los derechos humanos.
En el caso de Uzbekistán, donde según organizaciones internacionales han muerto más de un centenar de civiles, la mayor parte de las víctimas pertenecían al Movimiento Islámico de Uzbekistán, la mayor fuerza opositora al presidente Islam Karimnov, que detenta el poder desde la desarticulación del sistema federado de repúblicas soviéticas.
El caso de violaciones a los derechos humanos en Uzbekistán desnuda las profundas fallas en la estrategia para combatir el terrorismo.
Al mismo tiempo, revela que la política exterior estadounidense y de la unión transatlántica no puede funcionar en el tejido fino, cuando los objetivos estratégicos de largo alcance aparecen como avasallantes e inmutables.
Alianza clave en Asia Central
El presidente Karimov, un ex comunista reformado, ha sido el hombre clave para Estados Unidos en la estrategia antiterrorista en la región de Asia Central.
Esta alianza es un hallazgo de última generación. Un punto importante es proteger un mega proyecto para la construcción de un gaseoducto desde el Asia Central, pasando por Afganistán, y que desemboque en el mar arábigo. Los contratos ya han sido adjudicados a firmas norteamericanas.
A partir de 2002 esta alianza se intensificó cuando la oposición al régimen se robustece, a la par con el aumento a las violaciones a los derechos humanos. Ese año Estados Unidos entregó US$500 millones en ayuda a Uzbekistán, incluyendo US$ 120 millones para ayuda militar y US$80 millones para seguridad.
Además, en Khanabad se abrió una base militar cuyo objetivo amplio es el control del Asia Central, pero que en lo específico también intenta proteger el área energética (petróleo y gas) que se expande desde Asia Central, pasando por el Cáucaso, hasta el Medio Oriente.
Un objetivo subsidiario en el corto plazo, pero estratégico, es continuar "minando" los contornos de Rusia en el Cáucaso y en el Asia Central.
Radicalismo islámico
El analista indio Amit Gupta, en un trabajo para el Instituto de Estudios Estratégicos de Washington, en el contexto de las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos e India, señala que para mantener la seguridad en Asia Central se debe contener el crecimiento del radicalismo islámico, abrir las economías de las ex repúblicas soviéticas, y hacerlas menos dependientes de Rusia.
Dentro de un plan estratégico mayor, en el que sólo faltaría Irán, Uzbekistán sería el núcleo para formar un gran corredor desde India hasta el mar arábigo, con el soporte de la región del Asia Central, donde hay ex repúblicas soviéticas todavía con estrechos lazos con Rusia.
Sin embargo, el plan no es sólo por la energía -gas y petróleo-, sino también el delineamiento de un nuevo "marco de contención" de los colosos Rusia y China, que no poseen sistemas políticos abiertos y que, por lo tanto, permanecerían al margen del grupo más cohesionado de seguridad global y negocios .
El ex embajador del Reino Unido en Uzbekistán Craig Murray apuntaba con dramatismo en el periódico The Guardian que "aún no se enfriaban los cuerpos de centenares de manifestantes pro democracia en Uzbekistán, y ya la Casa Blanca buscaba formas de descartarlos".
En tanto, el portavoz de la Casa Blanca, Scott Mc Clellan, hablaba que los muertos en la ciudad de Andijan incluían terroristas islámicos que ofrecieron resistencia armada. "Deben buscar un gobierno democrático pero no por la violencia, sino por medios pacíficos", afirmó, en un discurso similar al usado por las autoridades uzbekas.
DDHH negociables
El desencadenamiento de los hechos en Uzbekistán dieron paso a una situación ya conocida: los paladines de turno de los derechos humanos reaccionaron sólo con la velocidad que les permite el marco de negociación existente que, para los miembros de la oposición uzbeka, fue demasiado amplio.
Al respecto, la reciente masacre refleja un ejemplo crítico cuando los derechos humanos son negociables, y en el que su ejercicio cruza con la guerra contra el terrorismo y otros intereses estratégicos.
De hecho, la misión internacional de inspección -que fue rechazada por Karimov- iba a ser enviada cuando el patrón de violaciones a los derechos humanos se había establecido como política de Estado en la lucha contra el terrorismo. Lo que es peor, con un alto grado de connivencia por parte de los mismos países que lideraron la invasión a Irak, Estados Unidos y el Reino Unido.
El informe del académico Theo van Boven, enviado especial sobre la tortura de la ONU, señaló que los tormentos eran un "método generalizado y sistémico", y recordó que el 7 de diciembre del año pasado "una manifestación pacífica de opositores al gobierno de Islam Karimov frente a la embajada británica fue repelida con violencia, donde había mujeres y niños".
En tanto, Murray sostiene que la tortura busca que los opositores al régimen declaran que el Movimiento Islámico de Uzbekistán está vinculado a redes terroristas internacionales, como Al Qaeda, y que sus esfuerzos impidieron que el M16, el servicio de inteligencia británico, no usara esa información, porque era falsa, aunque también le costaron su salida del servicio exterior.
"No se registran palabras de aliento para la oposición en los miembros del Departamento de Estado que han visitado Uzbekistán en los últimos meses, ni menos de que existan elecciones libres… Fui testigo cuando Jon Purnell (embajador de EEUU) interrumpió a un participante que denunciaba la represión, diciéndole que la reunión no era para temas políticos. Todo ocurrió en un debate cuando se inauguraba un centro para los derechos en Fargana", recuerda.
En ese sentido, mientras el sistema macro de acción para el combate al terrorismo no sea claro y no deje dudas respecto a los límites operativos, se continuarán observando aberraciones como las reveladas en Uzbekistán.
La vacilación inicial de la Casa Blanca para condenar los sucesos en Uzbekistán confirma de que los derechos humanos continúan condicionados, al menos el acto político de su protección, a consideraciones o demandas estratégicas de más largo alcance. Además, hacen recordar los bombardeos a civiles en Fallujah, Najaf, Kerbala y la cadena de abusos en Irak.
Reduccionismo
Todo esto con el telón de fondo de un Derecho Internacional que, más que en gestación, permanece abortado por una "comunidad" internacional que todavía no se recupera del shock de Irak, y que no tiene el carácter para enfrentar el desorden de un mundo supuestamente en paz, decretada unilateralmente con el fin de la confrontación entre la ex URSS y Estados Unidos.
El excesivo desequilibrio en el cuadro global del poder impulsa a Washington imprimir una política exterior que contagia a las otras naciones. Así como la Guerra Fría y la bipolaridad reducían el equilibrio de poderes, la situación actual hace que funcione con el mismo reduccionismo, pero ahora basado en necesidades unilaterales.
Europa se ha acoplado a este clima y, por la trayectoria del Gobierno en Uzbekistán, se comprueba que la estrategia contra el terrorismo, tiene bases ideológicas demasiado débiles en comparación con la guerra ideológica contra el comunismo.
Como es habitual, se ha homogeneizado el mensaje mediático atribuyéndole al movimiento islámico en Uzbekistán el carácter de integrista.
Cada vez más, se ha hecho difícil -para políticos y medios occidentales- hacer distinciones dentro de la gran familia islámica. De esto emerge que, con un criterio arbitrario, las únicas religiones con variaciones y tonalidades y menos expuestas al integrismo serían las judeocristianas. Últimamente se les ha sumado la hindú.
El islamismo radical, trivialmente asociado al concepto de integrismo religioso, es una banalidad si no se debate en profundidad. Como este debate no se estimula, ante el desconocimiento, la tentación práctica es reducir el análisis al terrorismo.
El antinorteamericanismo al que se está viendo afectada la política exterior de Estados Unidos, es más contundente en los que no portan armas, que en los que cometen los actos terroristas.
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