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China e India: el pacto de dos gigantes que remece el escenario estratégico

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La posibilidad de que se materialice entre Beijing y Nueva Delhi algún tipo de asociación estratégica sustentable, dependerá en gran parte de la posición de los Estados Unidos respecto a un tema hacia el cual la política exterior de Washington, hasta el momento, ejerce un inequívoco rechazo.


Las claves políticas que afectan el extenso territorio comprendido desde la punta más oriental de China a la frontera más occidental de Pakistán, incorporando el segmento del Asia central, comienzan a ejercer una fuerte gravitación a nivel global. Impensada hace dos décadas, el desplome del polo de poder soviético ha acelerado la configuración de esta visión, lo que ha hecho que en prácticamente todo el resto del mundo se piense en el Asia.



Sin embargo, la utilización de todo el potencial existente en esta vasta zona, que sin duda tiene implicancias de carácter global -debido a múltiples variables: peso demográfico, territorio, mercado, recursos humanos y naturales, energía-, dependerá de la formación de la alianza estratégica bien cimentada entre dos países claves: China e India.



Se ha especulado mucho respecto a una creciente asociación de intereses entre China y la India, y hasta de una posible alianza con la secreta esperanza de parte de algunos de que allí pueda existir el germen de un nuevo polo de poder. Esta sensación es estimulada por los recientes acuerdos de cooperación entre estas dos naciones. También se ha insistido en la importancia de los acercamientos entre China y Pakistán para solucionar el problema de Cachemira.



No obstante el peso específico de estas nuevas negociaciones, la posibilidad de que se materialice entre China e India algún tipo de asociación estratégica sustentable, dependerá en gran parte de la posición de los Estados Unidos respecto a un tema hacia el cual la política exterior de Washington, hasta el momento, ejerce un inequívoco rechazo: que India y China formen un bloque de poder independiente (de los Estados Unidos se entiende) para asumir un papel hegemónico dentro de Asia. También hay otros obstáculos. Hay una convergencia de intereses en la extensa zona donde Rusia difícilmente se convierta en un actor menor.



Triangulaciones perversas



Pero no sólo los EEUU es un obstáculo para esta alianza indo-china: están también Pakistán y la propia China con su agenda de protección territorial, que para otros se lee como expansión.
Pakistán, que pudiera aparecer como un actor menor en el puzzle del Asia, constituye un agente clave en la intersección de problemas históricos y presentes de gran magnitud entre China e India. China ha sido el aliado central de Pakistán en la región, contribuyendo al desarrollo de su capacidad bélica nuclear. El que Pakistán posea arsenal balístico nuclear apuntando a India principalmente, se debe sustancialmente al apoyo de China, ante lo cual Nueva Delhi manifestó una "impotencia frustrante e histórica", según un buen número de analistas indios.



En este sentido, los EEUU, un aliado clave de Pakistán, actuaron en connivencia para el desarrollo de esta capacidad nuclear, y ahora se lamentan por el tema de la proliferación de armas nucleares para estados y organizaciones sin fiscalización. Pakistán, a través del mítico Dr. Khan (el padre de la bomba atómica pakistaní), ha sido el centro de propagación del know-how necesario para desarrollar capacidad nuclear propia.



Hay que tener presente que en buena parte del período de la confrontación bipolar entre la ex URSS y los EEUU, India ha debido lidiar permanentemente con dos poderes regionales – Pakistán y China-, ambos con capacidad bélica nuclear y teniendo con los dos países disputas territoriales importantes. A partir de la derrota en la disputa fronteriza con China en 1962, y de su apoyo a la secesión de Pakistán Oriental que dio paso a la creación de Bangladesh, India ha sido un actor importante en el Asia, pero también ha recibido los embates propios del protagonismo.



Armados hasta los dientes



Durante todo el período de la guerra fría clásica, India mantuvo una equidistancia funcional con los EEUU, pero claramente se alineó en cuestiones estratégicas esenciales con la ex URSS. Sin embargo, según el analista indio Amit Gupta, en una monografía preparada para el Strategic Studies Institute de Washington, India estaría preparada para formar una cooperación más estrecha con los EEUU para asegurar la paz en el Asia y establecer un clima de contención hacia la latente expansión china.



Gupta enfatiza que los Estados Unidos e India comparten una visión del mundo, y que India es un sistema democrático más compatible con la necesidad de expandir modelos socioeconómicos en la región. China todavía esta prisionera del colectivismo, según este analista. Gupta no explica que el sistema de castas de la India es quizás tan represor como el colectivismo heredado de la época de Mao en China. Más aún, según muchos teóricos sociales Indios (Roy, Battarcharya, el propio A. Sen, en su época de 1980) la democracia en India, no es completa y es cooptada por condicionantes como la pobreza y el sistema de castas.



Por otra parte, China no permanece tranquila en la región. Está cercada por problemas en sus dos fronteras más preciadas; al norte por la tensión en la península de Corea y al este por la necesidad de recuperar Taiwán. India, por otro lado, ha adoptado una estrategia de diplomacia basada en la tolerancia hacia los excesos de China en la región. Por ejemplo, no ha insistido en recuperar los territorios perdidos en la guerra de 1962 y al mismo tiempo ha mostrado condescendencia respecto a que el Tíbet es parte de China. India, concomitante con esta política de diplomacia tranquila y realista respecto de China, también ha hecho un considerable esfuerzo para aumentar su poderío bélico. Ha elevado sus capacidades por aire, mar y tierra. India está en condiciones de operar desde los estrechos de Hormuz hasta los de Malacca. En los planes indios está la adquisición de cuatro nuevos submarinos nucleares.



Debido a la creciente presencia china en el océano Índico, particularmente el uso de Myanmar ( Burma) para monitoreo y control, India ha reacondicionado su estrategia de protección marítima. Al mismo tiempo el apoyo chino al desarrollo del puerto pakistaní de Gwadar es ilustrativo de cómo la armada china pretende montar un círculo alrededor de India. Amit Gupta explica la necesidad de India en desarrollar una capacidad militar de largo alcance. El objetivo es tener la capacidad bélica que pueda golpear el Sudeste asiático. "La misión obvia es detener incursiones hostiles de China dentro del Océano Indico". Agrega que no obstante este desarrollo militar indio para protegerse de un eventual ataque chino, la política india ha sido cautelosa y ha puesto el acento en evitar que China se sienta provocada con este crecimiento de su poder bélico.



India ha postergado los tests de cohetería (Agni III) que podrían penetrar territorio chino con gran profundidad. Al mismo tiempo se ha reducido la presencia militar en las zonas fronterizas con China. Con todo, en 1996 China e India firmaron acuerdos de paz y tranquilidad con el objetivo de reducir el nivel de tensión a lo largo de la frontera.



Bajo este clima dual de protección y expansión de influencias en ambos poderes regionales, el conflicto subyacente persiste acerca de cual país podrá ejercer con mayor legitimidad un rol de poder hegemónico en el Sudeste Asiático y en Asia en general. La posible asociación de China con India para formar un poderoso bloque de poder va a depender naturalmente de una serie de condicionantes centradas en la equidistancia de estos dos países con Rusia y Estados Unidos.



En todo este laberinto en busca de la hegemonía en el Asia , Japón es la gran carta de los Estados Unidos para constituir una suerte de poder subsidiario en la región. Japón es un agente clave en la hoja de ruta para el cambio de régimen en Corea del Norte y ha sido un importante aliado de los EEUU para el desarrollo de la capacidad bélica de Taiwán.



En el entendido de que China es el gran competidor estratégico de los Estados Unidos en el Asia y que al mismo tiempo China y Rusia han demostrado convergencia en su preocupación hacia la omnipresencia global de los EEUU, una alianza entre China e India para formar un bloque hegemónico en el Asia encontrará la enorme dificultad de enfrentar las propias ambiciones hegemónicas de Estados Unidos y de Japón.




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