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Chile le dice No

por 4 diciembre, 2006

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El ambiente al interior del gobierno se hacía cada vez más tenso cuando se veía en el calendario que el año terminal, 1988, se acercaba, pues según las disposiciones transitorias de la Carta Fundamental, en esa fecha se llamaría a plebiscito para decidir la continuidad del régimen.



La Junta en pleno designa a Augusto Pinochet como su candidato para dicho referéndum. Pero los sectores opositores aglutinados tras el fin del estado de emergencia que regía desde 1973, vertieron todas sus energías para aprovechar los escasos minutos con los que contaron durante la franja televisiva.



Durante el conteo el nervioso Alberto Cardemil, a la sazón subsecretario del Interior, leía los resultados. Ese 5 de octubre ya bien tarde, circulaba la idea de que el general Pinochet no aceptaría la derrota que se vislumbraba. ¿Otro golpe de Estado en ciernes?, ¿pero esta vez contra quién?. Había enfrente demasiados enemigos, incluyendo antiguos aliados como Estados Unidos, y ya no había excusas.



Al reunirse con su gabinete y tras asumir su derrota, apremiado asimismo por Fernando Matthei, que reconoció el revés antes de entrar a una reunión en La Moneda, un Pinochet apesadumbrado agradeció la lealtad de sus funcionarios. Y al salir del despacho, como recuerdan los que estaban junto a él, el general vencido dijo: 'Ya veremos, las cosas tienen que seguir igual, hay que continuar gobernando'.



En la noche misma de las elecciones, una celebración mayoritaria pero silenciosa del país festejó el triunfo de la opción no en las urnas, con el que se vislumbraba por primera vez el fin del gobierno militar. Luego de 15 años de un gobierno de facto, se llamaba a votaciones democráticas para elegir a un Presidente constitucionalmente electo. Al otro día, un desaparecido matutino, el "Fortín Mapocho" tituló de manera legendaria: "Corrió solo, y salió segundo".



El 11 de Marzo de 1990 el aire se podía cortar con un sable ese mañana en el Congreso, donde Pinochet entregó la banda presidencial al electo presidente Patricio Aylwin, de la Concertación de Partidos por la Democracia. Fiel a su tenida de uniforme, el general dejaba su alta investidura ante un atestado marco de público. El mundo observaba atónito al primer dictador que entregaba el poder democráticamente.



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